Juan Paz y Miño: Revisionismo histórico

junio 6, 2009

pazyminoEl Bicentenario del inicio del proceso independentista del Ecuador, que arrancó con la Revolución del 10 de Agosto de 1809, ha despertado entusiasmo en el país y enorme interés entre los países latinoamericanos que también conmemoran sus bicentenarios entre 2009 y 2011.

En todos los países del “Grupo Bicentenario”, se han realizado reuniones no solo de las Comisiones nacionales, sino de académicos que dictan conferencias o mantienen encuentros para discutir sobre la independencia latinoamericana, tan compleja en expresiones históricas. La literatura que se produce en cada país es abundante. En Ecuador, obras como las que ha publicado el Ministerio de Cultura, el BCE, el FONSAL, la Academia Nacional de Historia, varias universidades y hasta historiadores individuales por sus propios méritos, continúan enriqueciendo los conocimientos sobre el tema.

En medio de esa significativa producción internacional, también ha surgido una corriente revisionista, que reinterpreta los procesos históricos sobre la base de la manipulación selectiva de los hechos y el uso de documentación fragmentada. Cualquier científico social sabe que cuando se obra con esa metodología, se puede probar lo que sea.

En el Ecuador, el revisionismo histórico se ha instalado entre un puñado de escritores aficionados. De acuerdo con su versión, el 10 de Agosto en Quito es un “mito”. Su gran “prueba” es que el Acta quiteña no menciona la palabra “independencia”, pero sí una expresa declaración de fidelidad al Rey Fernando VII. Olvidan que algo parecido ocurrió en otros países. Concluyen que solo la del 9 de Octubre de 1820 es la “única” y “verdadera” revolución de Independencia. Y otras cosas más: Guayaquil liberó al Ecuador y a Latinoamérica, Bolívar “usurpador” acabó con la independencia guayaquileña, etc. Así, procesos significativos de la historia toman un giro distinto y se tergiversan.

El revisionismo, que además asume una abierta posición regionalista, usa el “guayaquileñismo” con fines políticos, pues aquí la “investigación” se concentra en la historia de los patricios y elites dominantes de la ciudad, para justificar sus reivindicaciones actuales de autonomismo, separatismo e independencia. Sobre la base de esas ideas, ha sido fácil a la derecha política cambiar el nombre del aeropuerto o proponer un nuevo nombre para el malecón, renegando de la historia latinoamericana. Sale Simón Bolívar y entra el nombre del ex presidente y alcalde León Febres Cordero, a quien el Congreso Nacional solicitó su renuncia en 1987 por las violaciones sistemática a la Constitución y a los derechos humanos. ¡Qué ironías de la historia!

Pero más allá de la política, el revisionismo tiene la oportunidad de oro para discutir sus tesis en los dos congresos de historia que se han organizado en Quito con motivo del Bicentenario: el uno, mundial sobre las luchas anticoloniales; el otro, de las Academias de Historia. Tienen el espacio ideal para confrontar sus argumentos con los historiadores serios del mundo. ¿Será que alguien más, ajeno a su círculo, les creerá?


Sara Serrano Albuja: COMENTARIOS a una “Historia de Guayaquil”

abril 29, 2009

saraserranoRealmente bochornoso e insultante para los quiteños, el país y las personas medianamente informadas de nuestra historia es la interpretación antojadiza de la Historia de Guayaquil escrita con claro interés separatista y odio contra Quito. El problema es alarmante para la seguridad nacional si se piensa que fue escrita con intención de ser repartida  a todos los escolares lo cual la convierte en un instrumento de manipulación de lamentables secuelas. El pueblo de Quito no tiene una, sino decenas de gestas luminosas para mostrar al mundo y, la de estatura continental, es el 10 de Agosto de 1809: Primer Grito de la Independencia o toma pacífica del Palacio de Carondelet que destituyó al Conde Ruiz de Castilla, una toma inteligente y planificada. El propio Juan León Mera lo dijo: “Los primeros, los hijos del suelo que soberbio el Pichincha decora”  Quito decora al Pichincha y  tiene referentes individuales y colectivos que a ningún intelectual responsable de cualquier latitud se le ocurriría negar. ¿Es que ahora hay mecenazgos que a pedido  y con complejos de superioridad distorsionan la historia sin ningún aval científico o ético?  ¿Qué diría Fray Jodoco Ricke, el que vino a la ciudad de Quito y nos enseñó los secretos de la fermentación de la cebada si ya le quitaron a su patrón, San Francisco, y se lo reemplazaron por Santiago? Hay muchos vestigios y asentamientos de los Quitus que poblaron nuestra urbe antes de la llegada de los incas  y de los españoles y ningún arqueólogo ni historiador serio puede negarlos. A propósito, los recientes descubrimientos justamente están  en la zona de Rumipamba a la altura de la Mariana de Jesús y solo son una de las tantas muestras de la existencia de nuestra ciudad más allá de la fundación española… Parece que el separatismo quisiera borrar de la histora del país y el mundo la existencia pre-inca y prehispánica de nuestra ciudad, mimetizarla con el territorio más grande que fue La Real Audiencia y por último, desconocer sus gestas libertarias, muchas de las cuales preceden al 10 de agosto. Nadie niega el 9 de octubre, nadie que ame la Patria, nadie que ame la bella generación guayaquileña de escritores realistas del 30 o la bella poesía del guayaquileño Medardo Angel Silva, pero indignan esas versiones antipatriotas que se permiten negar y menospreciar todo lo que Quito forjó y lo que los movimientos populares indígenas y montuvios hicieron en otras ciudades a lo largo y ancho de nuestra Geografìa. Poner un velo de distorsión infamante sobre todo el ideario y acciones de lucha que costaron la vida a quiteños y a otros compatriotas es caer en las distorsiones al triste estilo fascista que llegó a negar el holocausto terrible. Es la ética y la verdad la que está en juego, es la historia. Por favor quiteños, respondamos con la verdad, recuperemos la historia, no permitamos este atropello. El Bicenterario es una ocasión fabulosa para la luz. Que refresquen nuestra sencilla memoria Montúfar, Rosa Zárate, Eugenio Espejo y su hermana Manuela Espejo, los precursores; José Mejía Lequerica, el pueblo quiteño que murió masacrado en las calles el 2 de agosto enfrentándose contra las tropas que vinieron desde el Virreinato de Lima a unirse a los represores de aquí, comandados por Arredondo. Que vuelva la memoria de Riofrío, las mujeres y niños masacrados por quienes el Obispo Cuero y Caicedo pidió el cese de la sangre en Quito que años más tarde fuera recordada con respeto por Bolívar.  Que vivan los hombres y mujeres de altos ideales que dieron su vida independientemente de su extracción social y la gente que valerosamente forjó la historia en colectivas luchas con sacrificio y amor e hizo de Quito un fortín. Parece que a algún sector le duele mucho la historia brillante de nuestro Quito que nos honra y compromete, a la vez, historia que ha dado mucho a la nacionalidad de este país. Fue Chile quien nos calificó como Quito, luz de América. Fuera del país nos reconocen lo que otros, mezquinamente, aquí nos niegan.


Juan Paz y Miño: ¿Cuál es la Fecha Nacional?

marzo 23, 2009

pazyminoEste 2009 es el “Año del Bicentenario”. Se recuerda a la Revolución del 10 de Agosto de 1809 ocurrida en Quito, liderada inicialmente por una elite criolla, que desconoció al presidente de la Audiencia, Conde Ruiz de Castilla y que instaló una Junta de gobierno, todavía revestida de fidelidad al Rey. Se trató de un verdadero golpe de Estado, que inició el proceso de la independencia del actual Ecuador, que solo se alcanzó definitivamente 13 años más tarde.

La Revolución de Quito a su vez se extendió entre 1809 y 1812. Tras la primera Junta, tuvo dos momentos impactantes: el primero, la matanza de los próceres el 2 de agosto de 1810 y, el segundo, a partir de una nueva Junta, la reunión del Congreso de los Diputados, que estableció el Estado de Quito, creó sus funciones y aparatos y dictó la primera Constitución el 15 de febrero de 1812.

La Revolución de Quito no confrontó a unas autoridades con otras, como ocurrió en Bolivia, con las revoluciones pioneras de Chuquisaca y La Paz, anteriores a la quiteña. Bolivia celebrará, en mayo y julio, su Bicentenario. En Quito, en cambio, se suplantó la autoridad española por la de los criollos locales que la desconocieron y formaron un gobierno propio. El asesinato de los próceres fue un escándalo continental, que repercutió para que la Revolución de 1809 se convirtiera en un referente de la época. En Chile nació el nombre de “Quito, Luz de América”. Simón Bolívar se refirió a los sucesos quiteños y particularmente a la muerte de los próceres de agosto, como un hecho que había marcado la “guerra a muerte” contra los españoles. Y en el año 1810 se sucedieron revoluciones en México, Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires. Excepto en México, se instalaron en las otras ciudades Juntas similares a la de Quito.

Casi todas las Constituciones del Ecuador recogieron como fecha magna la del 10 de agosto. Era la fecha nacional. Fue la fecha que arrancó las luchas libertarias del pueblo ecuatoriano, que continuarían incluso después de la Independencia, a lo largo de los siglos XIX y XX y que persisten en nuestros días. El Bicentenario es una ocasión para revivir, aquilatar, pensar y afianzar la necesidad de que la revolución continúe, sobre la base de sus conceptos originarios: soberanía, libertad, representación, constitucionalismo.

Pero el Bicentenario también debe ser un motivo para afirmar que la fecha patria por excelencia es el 10 de agosto de 1809. Es necesario decirlo claramente. Porque son ciertas posturas regionalistas, las confrontaciones políticas y la falta de comprensión (y conocimientos) sobre la historia nacional y latinoamericana, los factores centrales que han conducido a que se adopten posiciones ambiguas, dudosas y hasta negadoras de la Revolución de Quito, que no lleva solo el nombre de la ciudad en la que se originó, sino el del país que entonces existía, que se llamaba Real Audiencia de Quito. Nombre que también, por cuestiones políticas y regionalistas, no se mantuvo al momento en que se fundó la República del Ecuador, el 13 de mayo de 1830.


Juan Paz y Miño: Bicentenario y política

febrero 9, 2009

pazyminoNo hay duda que la vida política y la situación de la economía son los dos grandes ejes que llenan las informaciones y el ambiente nacional. Ahora, con la inscripción de todas las candidaturas, los políticos “revivirán” como figuras centrales de los noticieros, para bien o para mal del país. Y me inclino a pensar que para mal. Porque el discurso de los políticos ecuatorianos (mas todavía conociendo a algunitos…), será nuevamente el tradicional: ofrecimientos de cambio, ataques interpersonales, halagos para el pueblo, autoproclama de ser los “verdaderos” representantes de los intereses nacionales, etc. y, sobre todo, ataques al gobierno, porque sin esa condición, corren el riesgo de ser acusados como “gobiernistas” o por lo menos “continuistas”.

Esa “cultura política” del Ecuador es una herencia del pasado y no será fácil revertirla. Debieran cambiar una serie de estructuras del país, para que los políticos adquieran racionalidad analítica, sustento argumental, proposiciones objetivas y, ante todo, fundamentos basados en un mínimo conocimiento histórico. El lenguaje y los métodos populistas, por ejemplo, no cambiarán mientras la pobreza, la miseria, el subempleo y el desempleo continúen como realidades condicionantes para el discurso “ofertista” de los candidatos.

Siendo este el Año del Bicentenario del 10 de Agosto de 1809, ¿qué valor le dan los políticos? Hace cien años, Eloy Alfaro tomó con seriedad la fecha. La celebró como elemento base de la identidad nacional. Dejó en claro que era la fecha magna de la patria. El monumento a la Independencia, en la Plaza Grande de Quito, quedó como homenaje simbólico, junto a otros monumentos y programas. En 1900, el Himno, la Bandera y el Escudo que tiene el Ecuador fueron consagrados, en forma definitiva, por Alfaro.

Los conceptos de soberanía popular, representación de los pueblos, autonomía, e independencia, el pensamiento ilustrado, la edificación del primer Estado con ejecutivo, legislativo, judicial y ejército propios, la primera Constitución, una amplia movilización popular, el ejemplo en Hispanoamérica, la lucha por la libertad, el sentido de identidad nacional y hasta la dolorosa muerte de los grandes próceres, constituyen los hitos históricos del proceso revolucionario entre 1809-1812. No se puede explicar la Independencia del Ecuador, concluida trece años más tarde, sin la Revolución del 10 de Agosto de 1809. Las revoluciones de Guayaquil y Cuenca solo se produjeron una década más tarde (1820), porque cuando se levantó Quito, ambas ciudades armaron tropas para someterla, defender al Rey y a la autoridad española.

Las luchas políticas del presente siguen movilizando conceptos, valores y esperanzas iniciados en 1809. El Bicentenario es una fiesta nacional. Y política, también. ¿Cómo la celebrarán los candidatos y políticos? Lo peor sería que hagan caso a ciertos escritores regionalistas que niegan la Revolución del 10 de Agosto de 1809, que reniegan de Bolívar y que han tenido algún éxito en convencer que la “única” revolución exitosa nació en 1820.