El “lindo canal” y las utopías: ¿La prensa privada en peligro de extinción?

junio 22, 2009

¿Está la prensa privada en peligro de extinción?

Por Luis Alberto Mendieta

Al parecer, el caso Teleamazonas ha dividido a la opinión pública de todo el país, y en especial a quienes de un modo u otro participan en el accionar político y social de Quito. En Guayaquil, fortín de la derecha, se nota un apoyo mayor hacia este medio de comunicación, por varias razones, en especial políticas, además de los intereses de grupo.

Por debajo, subyace notoriamente el guión de los adversarios del gobierno, que en líneas generales consiste en capitalizar situaciones como esta con estrepitosas campañas noticiosas [1] realizadas en los medios de comunicación propiedad de sus amigos y/o socios comerciales, que manejan precisamente los medios de mayor audiencia del país. En esta vez, le tocó el turno a la “libertad de prensa”, uno de los tantos leit motiv que la CIA tiene en su guión de maniobras políticas para hacer su voluntad a ultranza, y que por alguna extraña razón, la derecha reproduce al pie de la letra, como si la sacara de un manual o recibiera instrucciones precisas de alguien.

Debo hacer varias reflexiones respecto a los antecedentes, experiencias personales, hechos incontrastables y mi visión personal de la prensa ecuatoriana (y sin duda universal) de cara al futuro. Utilizaré el caso Teleamazonas porque es un excelente ejemplo de lo que ocurre en los medios de comunicación de un modo u otro, pero siempre bajo la misma visión, misión y manipulación de los valores morales, puestos al servicio de la Empresa Privada. No concluiré el presente artículo sin dejar constancia de mi preocupación por el cariz que tomaría el escenario nacional, sin una prensa de oposición a la que puedan acudir  intelectuales, políticos y quien tenga acceso a ella[2], en caso de ser necesario.

Breves antecedentes históricos.

Teleamazonas.

Salió al aire un 22 de febrero de 1974, como el primer canal que transmitía imágenes a color en nuestro país. En aquella época, las únicas alternativas de información eran la radio y la prensa escrita, y los tres medios eran (y siguen siendo) DE UNA SOLA VÍA, es decir, no existe manera de que los usuarios del servicio puedan replicar en tiempo real a la información que el medio transmite. El detalle interesante es que, al contrario, es decir desde el punto de vista del medio de información, este llega a miles, cientos de miles y hasta millones de usuarios, a los que puede informar (y exponer de manera privilegiada su opinión personal) a diario, o con la frecuencia que crea conveniente. Es más delicado aún el caso, cuando se confabulan los intereses de una entidad bancaria con los medios de comunicación, porque aunque inicialmente este canal perteneció al empresario Antonio Granda Centeno, debido a una deuda con el Banco del Pichincha, el canal pasó a manos del banquero Fidel Egas Grijalva, presidente del referido banco [3].

***

La prensa escrita.

Esta particularidad de la prensa escrita como medio de una sola vía fue entendida ya en el siglo 18 en varios sitios del planeta como un excelente recurso para influir sobre la opinión pública, sin ningún compromiso para recoger, a cambio, el criterio tanto de sus lectores como el de las personas de las que se hablaba en el medio de comunicación, de modo que su editor tenía, como suele decirse, “la sartén por el mango”, y en su mano estaba el publicar lo que a su juicio, o el de los intereses que representaba, era más conveniente. Fue así como los políticos empezaron a influenciar la opinión de los periódicos, merced a su amistad con los propietarios de estos, que inicialmente fueron pequeños empresarios en su mayoría, y que acogieron complacidos (no en todos los casos, debido a la tendencia política del dueño del periódico y/o sus intereses particulares) un mayor acercamiento al poder y todos los beneficios que tal hecho conlleva.

Más tarde, ya entrado el siglo 20, los grandes empresarios y las corporaciones entendieron que los medios de comunicación tenían un enorme potencial económico que, unido a la influencia política subyacente, podían crear un poder tan grande, que los mismos poderes constituidos podrían tambalearse y hasta caer, por su sola influencia. Fue en esas circunstancias en que apareció la radio y años más tarde la televisión, como medios de comunicación que pasaron a reforzar aquello que pasó a denominarse “Cuarto Poder”, en referencia (y no muy sutil advertencia) a los tres poderes que los sistemas políticos de las naciones suelen tener (ejecutivo, legislativo y judicial). [4]

Es entonces crucial entender que desde su inicio, los medios de comunicación han sido:

  1. Una tribuna desde la cual sus propietarios y/o sus allegados han difundido la información que convenía a sus intereses, soslayando lo inconveniente y publicando únicamente la opinión de sus aduladores, creando incluso enfoques difusos de moral y ética, según conveniencia, pudiendo llegar a convertir la verdad en mentira y viceversa, usando falacias maquilladas y verdades a medias.
  1. Un canal de comunicación de UNA SOLA VÍA, que facilita la difusión masiva de la opinión de UNA SOLA PERSONA, o la de los intereses que representa, en detrimento de la opinión generalizada, invisibilizándola a tal punto, que acaba desapareciendo a favor de la opinión del comunicador. Uno de los casos más deleznables, pero útil como ejemplo del poder de la prensa es el de la “campaña de demonización o desprestigio”.
  1. Un negocio rentable y como tal, instrumento que debe responder a los intereses de sus dueños, que por ninguna razón arriesgarían poder y posicionamiento social por causa cualquiera, por noble que sea. Toda empresa privada se constituye con fines de lucro: por algo es un negocio, y los negocios se instalan para ganar el mayor dinero posible.

Experiencias personales.

En los difíciles días que siguieron a la caída del coronel Lucio Gutiérrez, Quito se politizó de manera impresionante. No importaba el sitio por donde uno anduviera: en todos lados se comentaba acerca del “siguiente paso”, o las reacciones de quienes nunca estuvieron a favor de la caída del presidente derrocado.

Uno de los foros de debate más populares sobre los destinos del país fue el de las Asambleas Territoriales, que viene a ser la facción menos influyente, en términos políticos, de los denominados “forajidos”. Los más espabilados y con mayor influencia social, se convirtieron más tarde en miembros del gobierno del presidente Correa, que también fue parte de la sublevación, pero a su modo. El partido político Izquierda Democrática, desde la penumbra, influyó mucho en la consumación de los distintos hechos políticos antes y después del 20 de abril de 2005.

En esas circunstancias, fueron notorios dos hechos que conviene recordar:

  1. Los medios de comunicación se negaron a hacer entrevistas a personas concretas, publicar opiniones de cabezas visibles de la rebelión o tomar la protesta ciudadana como un hecho político e histórico, prefiriendo calificarlo como una simple revuelta popular. La cantidad de personas que acudían a las marchas era enorme y era EVIDENTE el despertar de un pueblo harto del sistema. De hecho, trataron de invisibilizar cualquier liderazgo, precisamente con el ánimo de echar tierra sobre el asunto y bajar los ánimos de la población para mantener el statu quo, que tantas ventajas les reportaba hasta entonces. Solo entrevistaron a personajes de la derecha, y siempre tratando de desvirtuar la opinión ciudadana, diluyéndola con editoriales que llamaban al orden y hablaban de democracia y “estado de derecho”. Tan vergonzoso fue el accionar de los medios de comunicación privados (en especial canales de televisión), que sólo cuando las marchas populares fueron multitudinarias empezaron a publicar imágenes de los hechos.
  1. La actitud de varios medios de comunicación ha sido y es de permanente alineación con los intereses de la derecha, lo cual es comprensible, puesto que son parte de ella y de la denominada “clase empresarial”. Pero adicionalmente, toda esta clase se ha plegado a los intereses de la extrema derecha norteamericana, (neocons o neo conservadores) famosa por sus ideas radicales, racistas y totalitarias. Es evidente que hay un diálogo permanente con los medios de comunicación mainstream mundiales que por cierto están controlados por corporaciones cuyos accionistas más influyentes son familias conservadoras de Estados Unidos, de larga raigambre fanática. La impresión que causa la actitud de algunos medios televisivos es de total entrega a un Imperio ajeno, cuyo objetivo único es el Capital, y sus respectivos intereses, naturalmente… Además está la grotesca manipulación de los medios, que apelan (como en el caso de Teleamazonas, que raya en el descaro) a la sensibilidad del televidente con canciones cuidadosamente estudiadas para provocar en él sentimientos de apoyo y solidaridad a su causa, ¡es decir, a la causa de una empresa privada, una organización con fines de lucro!

De seguro habrá quienes afirmen que la prensa es pluralista, pero yo puedo dar testimonio de lo contrario, porque en algún momento formé parte de la Comisión de Comunicación de la Red de Asambleas Territoriales y una de las resoluciones que esta tomó inicialmente, es hacer públicos varios manifiestos y propuestas sobre el sistema democrático, entre otras cosas. Fue obligación nuestra visitar los principales medios de comunicación de Quito y fue allí donde constaté que todas las puertas se habían cerrado, porque ni siquiera se nos permitió dejar simples documentos. En mi caso, se me encomendó, junto con otro compañero, dejar uno de los manifiestos en Teleamazonas, y cuando llegamos para pedir un espacio de opinión, fuimos tratados groseramente y por añadidura ni siquiera se nos permitió pasar de la puerta. El guardia mencionó escuetamente algo como “aquí no son bienvenidos los forajidos” y cerró la ventanilla desde la que nos atendió. Fue entonces cuando empecé a preguntarme hasta qué punto eran “pluralistas” los medios de comunicación. En esa época, a nadie en ese canal le importaba la “libertad de expresión” que tanto buscan ahora cuando son sus intereses empresariales los que están en juego. Todos los ciudadanos tenemos una “mordaza” permanente frente a los medios, porque nuestra voz es conculcada y sólo se nos permite hablar en determinadas circunstancias, bajo el pretexto de costoso tiempo en televisión o cualquier otro medio. Existen maneras creativas de permitir que la gente se exprese, pero simplemente no hay necesidad de ello.

Los hechos incontrastables.

Cualquiera que haya intentado publicar una opinión alejada de los intereses de los medios, rubricará todo lo mencionado sin duda alguna. Son hechos incontrastables y palmarios, que simplemente obedecen a los razonamientos analizados en los antecedentes de este artículo.

Sin embargo queda algo pendiente. Últimamente me he preguntado:

¿Qué pasaría con la prensa “independiente” si un gobierno (cualquier gobierno), asumiera durante varios períodos presidenciales el poder?

La primera respuesta que se me ocurrió es que simplemente NO existe prensa independiente.

Es imposible y absurdo hasta el ridículo pensar en un medio de comunicación privado que NO responda a los intereses de sus dueños, así como es imposible soñar en un medio de comunicación gubernamental que NO obedezca al régimen, a menos que intervengan en él en igualdad de condiciones (como en un auténtico CUARTO PODER), el mayor número posible de fuerzas políticas de la Nación, personificadas por periodistas, políticos e intelectuales que las representen y que influyan en editoriales y artículos de opinión oficial, contrapesando y contrastando la opinión de las distintas tendencias políticas en todo momento, con el fin de democratizar la difusión de información, convirtiéndola en REALMENTE pluralista.

Es evidente que todo sistema democrático moderno deberá meditar en esta posibilidad tarde o temprano, si el interés es realmente permitir que la democracia evolucione. El inconveniente está en que la situación actual facilita a los fanáticos de izquierda y derecha a construir un país Gran Hermano, que permite a unas pocas personas manejar la opinión pública a su antojo, con intereses, como ya se mencionó, puramente egoístas y particulares.

Por otro lado, es iluso pensar en la existencia de una ética periodística, si el periodista es un asalariado del medio de comunicación privado, porque la empresa responde a una lógica empresarial y ésta NUNCA será totalmente compatible con el pluralismo (a menos que le convenga, claro) e incluso, desde la visión del capitalismo salvaje o si se quiere, desde el neoliberalismo, sencillamente es la “ley de la selva” y la moral es un término demasiado difuso en esta realidad, como para tomar en serio el concepto de ética periodística, o aproximarlo a la deontología [5] de manera formal. El mismo sistema capitalista difumina el concepto de deontología por la sencilla razón de su naturaleza egoísta.

Por todo lo dicho, no parece tan descabellado el crear un mecanismo democrático que permita un acercamiento (de otro modo imposible en el marco actual, y menos bajo un modelo capitalista), a un sistema de información pública en el que puedan participar, al menos bajo reglas claras, todos los actores posibles, en todos los espacios posibles y con una mínima garantía de veracidad noticiosa.

Eso y abrir espacios dentro de los mismos medios, con más afán constructivo y menos intencionalidad personal y de grupo.

Si, ya sé lo que dirán algunos: utopías, utopías…

[1] Abundan ejemplos de campañas cuyo fin es “demonizar” a una persona o grupos de personas, como el caso de las armas químicas que supuestamente Sadam Hussein tenía en su poder, y que finalmente fueron sólo un pretexto para empuñar los pozos petroleros iraquíes.

[2] El problema es precisamente ese: ¿Quiénes tienen acceso a los medios, si el sistema privilegia únicamente intereses personales o de grupo?

[3] Fuente bibliográfica: http://es.wikipedia.org/wiki/Teleamazonas

[4] “Mientes más que La Gaceta”, refrán español. Fuente bibliográfica del tema Prensa Escrita: http://es.wikipedia.org/wiki/Prensa_escrita

[5] Ref: http://es.wikipedia.org/wiki/Deontolog%C3%ADa_profesional

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Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, Última parte

junio 11, 2009

En palabras de León Febres Cordero (+):

“Los perros runas, aunque se junten con leones, seguirán siendo perros runas” [1]

(León Febres Cordero refiriéndose a la relación social existente entre él y Alberto Dahik).

Un héroe en su laberinto

Un líder en su laberinto

Es crucial notar que Febres Cordero se consideraba a sí mismo como “dueño del país”,  ante la cómplice anuencia[2] de la prensa nacional que lo adjetivaba muy suelta de letras de igual modo, corroborando un libreto añejo de la nobleza guayaquileña: controlar el país para ponerlo al servicio de sus ‘patricios’, dueños de poderosos intereses económicos, o declarándose abiertamente “independientes”. La repetición del guión fascista, pero en la Perla del Pacífico: Desprecio por el origen como regla natural de una sociedad domesticada entre telenovelas y actitud social de revista de vanidades.

Es luego de todos estos razonamientos que para mí el ‘Proyecto Singapur’ no parece tan brillante como podría parecer al principio a cualquier persona, y conste que no hablo de dejar que Guayaquil se convierta en un paizuelo en manos de un puñado de fanáticos racistas. Por otro lado, también está Manta, por ejemplo, que tiene tanto derecho como Guayaquil (¿o no?).

Los guayaquileños quieren ver mejor a su ciudad: quieren verla próspera y bella, pero depende de qué guayaquileños estemos hablando y cómo miremos esa prosperidad. Los aristócratas verán una ciudad cuyo centro colonial derrame oro por los cuatro puntos cardinales, y si alcanza para más allá del centro, pues enhorabuena para el resto, a condición de que el gobierno esté en sus manos. Es previsible y siempre ha ocurrido.

Sin embargo, luego de tantos años de un proceso de desarraigo de los valores culturales de la mayoría de la población, me queda la duda por saber si la buena fortuna cambiaría la situación social de Guayaquil, es decir la negación del origen, el egoísmo que parte de la “nobleza” y se ha enraizado en los ciudadanos sencillos, cuya autoestima depende de lo que puedan extraer de su bolsillo: mientras más tengas, más vales. Si no tienes nada, pues ya sabes… El origen está bien para los ‘nobles’, que los cholos nada tenemos que merezca recordar. ¿Y qué pasó con los valores espirituales? ¿Valdrá algo mi cultura? ¿Y dónde queda mi noble ancestro aborigen, dueño de una cosmovisión que hoy en día revoluciona las ciencias sociales, y eso que apenas empieza a analizarse?

Despedida al líder, al estilo conquistador español del siglo dieciséis.

Despedida al líder, al estilo conquistador español del siglo dieciséis, pero irónicamente en trajes de "cholos", en lugar de armaduras.

Guayaquil se quedó socialmente encadenado al siglo dieciséis.

¿Será que  el dinero hace mejores a las personas? ¿Será que con más dinero llegará la felicidad a cada rincón alejado de Guayaquil? (Al parecer ya todo el mundo olvidó los ingentes recursos que exigió a punta de carajos León Febres Cordero mientras fue alcalde, pero la periferia sigue hoy tan desatendida como entonces, una década más tarde, en manos de alguien de su mismo pelaje)

¿Y qué hay del Ecuador y su soberanía territorial? Finalmente: ¿Hacia dónde apunta el plan de los ‘aristócratas’ guayaquileños respecto a Ecuador como nación?

Viéndolo fríamente, esa es la historia de toda Latinoamérica. La diferencia clave está en un detalle muy importante: el fanatismo confabulado con un egoísmo rayano en el impulso vital de un cromagnon.

Empezaron por retirar el nombre del Aeropuerto (antes Simón Bolívar), para sustituirlo por José  Joaquín Olmedo, en mi opinión, en un acto de vandalismo histórico similar al protagonizado por otro de sus líderes: Juan José Illingworth. Es un mensaje preocupante el lanzado con tan desatinado (y hasta tenebroso) gesto. Y ahora quieren eliminar de su historia urbana el nombre de Bolívar, quitando el nombre al malecón Simón Bolívar, llamado así por el monumento erigido en su parte central, debido a la entrevista entre Bolívar y San Martín, ambos protagonistas de la independencia americana. Lo más curioso del asunto es que pretenden sustituir el nombre de un prohombre valeroso, que sacrificó hasta su vida por gran parte de Sudamérica, poniendo a cambio el de una persona prejuiciosa, cargada de defectos y cuyo mayor mérito fue cumplir con su deber de alcalde. ¿No será que en el fondo, los “aristócratas”, pretenden erigir un monumento a sus inconfesables prejuicios, personificados en su líder natural, idéntico a ellos, pero con una megalomanía desmesurada como “virtud” adicional?

La humanidad, para recuperar su humanidad, debe concebirse desde una lógica alejada de la concepción europea del ser humano y del Capital como argumento de una sociedad egoísta y primitiva. Si alguna lucha debe desafiarse frontalmente y merece combatirse, es la lucha contra el demonio humano que habita en nuestra naturaleza, que persigue intereses tan alejados del mundo que habita, que es indigno incluso de llamarse “animal”, porque hasta los animales tienen claros los conceptos de solidaridad y fraternidad.

Hoy más que nunca, es necesario educar a la población guayaquileña, empezando por proporcionarle mejores oportunidades de vida, aplicando un marco social de distribución equitativa, mientras a la par se le hace reflexionar sobre su verdadero origen, no aquél ridículo que pretende un par de “historiadores” asalariados y fanáticos, como parte de un plan fascista, engendro de la “aristocracia” medieval guayaquileña.

Urge un programa de gobierno tendiente a integrar activamente a la población con el resto del país, por medio de negocios agroproductivos, enlaces sociales y culturales que desvirtúen los delirios fanáticos de poder de una clase decadente, reparando así los daños del vandalismo histórico fruto de un fanatismo intolerante: verdugo que pretende perpetuarse así en la mente de sus indefensas (por ignorancia, con libros de “historia” que no enseñan historia en absoluto) víctimas para tenerlas siempre a su servicio.

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[1] http://www.eltiempo.com.ec/noticias-opinion/584-lapidarias-frases. “Runa” es un término peyorativo que se refiere al indígena como una raza inferior, desde el punto de vista europeo. En su acepción kichwa originaria, significa simplemente ser humano.

[2] Como una patética muestra de servidumbre a León Febres Cordero y al “estilo de vida” norteamericano, los medios de prensa ecuatorianos se dieron en publicar titulares utilizando las iniciales del político ecuatoriano (LFC), como solía hacerse en Estados Unidos en la década de los sesenta, al referirse a John Fitzgerald Kennedy (JFK).

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Una canción muy a propósito del tema:


Juan Paz y Miño: Revisionismo histórico

junio 6, 2009

pazyminoEl Bicentenario del inicio del proceso independentista del Ecuador, que arrancó con la Revolución del 10 de Agosto de 1809, ha despertado entusiasmo en el país y enorme interés entre los países latinoamericanos que también conmemoran sus bicentenarios entre 2009 y 2011.

En todos los países del “Grupo Bicentenario”, se han realizado reuniones no solo de las Comisiones nacionales, sino de académicos que dictan conferencias o mantienen encuentros para discutir sobre la independencia latinoamericana, tan compleja en expresiones históricas. La literatura que se produce en cada país es abundante. En Ecuador, obras como las que ha publicado el Ministerio de Cultura, el BCE, el FONSAL, la Academia Nacional de Historia, varias universidades y hasta historiadores individuales por sus propios méritos, continúan enriqueciendo los conocimientos sobre el tema.

En medio de esa significativa producción internacional, también ha surgido una corriente revisionista, que reinterpreta los procesos históricos sobre la base de la manipulación selectiva de los hechos y el uso de documentación fragmentada. Cualquier científico social sabe que cuando se obra con esa metodología, se puede probar lo que sea.

En el Ecuador, el revisionismo histórico se ha instalado entre un puñado de escritores aficionados. De acuerdo con su versión, el 10 de Agosto en Quito es un “mito”. Su gran “prueba” es que el Acta quiteña no menciona la palabra “independencia”, pero sí una expresa declaración de fidelidad al Rey Fernando VII. Olvidan que algo parecido ocurrió en otros países. Concluyen que solo la del 9 de Octubre de 1820 es la “única” y “verdadera” revolución de Independencia. Y otras cosas más: Guayaquil liberó al Ecuador y a Latinoamérica, Bolívar “usurpador” acabó con la independencia guayaquileña, etc. Así, procesos significativos de la historia toman un giro distinto y se tergiversan.

El revisionismo, que además asume una abierta posición regionalista, usa el “guayaquileñismo” con fines políticos, pues aquí la “investigación” se concentra en la historia de los patricios y elites dominantes de la ciudad, para justificar sus reivindicaciones actuales de autonomismo, separatismo e independencia. Sobre la base de esas ideas, ha sido fácil a la derecha política cambiar el nombre del aeropuerto o proponer un nuevo nombre para el malecón, renegando de la historia latinoamericana. Sale Simón Bolívar y entra el nombre del ex presidente y alcalde León Febres Cordero, a quien el Congreso Nacional solicitó su renuncia en 1987 por las violaciones sistemática a la Constitución y a los derechos humanos. ¡Qué ironías de la historia!

Pero más allá de la política, el revisionismo tiene la oportunidad de oro para discutir sus tesis en los dos congresos de historia que se han organizado en Quito con motivo del Bicentenario: el uno, mundial sobre las luchas anticoloniales; el otro, de las Academias de Historia. Tienen el espacio ideal para confrontar sus argumentos con los historiadores serios del mundo. ¿Será que alguien más, ajeno a su círculo, les creerá?


Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, 3a. parte

mayo 29, 2009

Hermano envidioso.

Los ‘patricios’ quisieron ver intencionadamente en muchos casos, en otros por miopía intelectual, en Quito la causa de todos los males de Guayaquil, cuando en realidad fueron siempre sus intereses la causa de los males de su propia ciudad. ¿Por qué? Por un detalle muy interesante. Para ellos, simplemente no existen más guayaquileños en la Perla del Pacífico, que ellos mismos. La población fruto de la fusión intercultural (léase “población mestiza”, desde la distorsionada visión actual de la humanidad) es una suerte de casta servil que debe atenerse a la suerte de sus amos, y si a sus amos les va bien en sus negocios, siempre recibirán alguna recompensa; de lo contrario pasarán hambre y pobreza. Es así como puede uno llegar a penetrar la naturaleza, por demás primitiva (con cientos y hasta miles de años), del “aristócrata guayaquileño”. Lo que tuvieron siempre es envidia de poder, y si la capital fuera Cuenca, pues tod@s contra ella.

Los sentimientos más básicos pueden encontrarse, a manera de ejemplo, en algunos personajes de triste recordación. Tal el caso de Juan José Illingworth[1][2], que en un arranque de ‘civismo guayaquileño’, de algún modo logró subir hasta lo alto de una pared, para arrancar un rótulo que mostraba el nombre de la calle Quito,

“porque no le gustaba el nombre”.

¿En realidad representan estos ‘patricios’ a la Perla del Pacífico, o será más bien que representan los intereses de su grupo social ultra-conservador, que en casos como este nada más llenan de vergüenza a los guayaquileños?

Negación del ser.

Del mismo modo que España niega su ancestro árabe, en América Latina todo aquél que tiene piel blanca o ancestros con tales características, niega su “mestizaje”, en especial aquellos de piel no tan clara o incluso más oscura, prefiriéndose en América atribuir la piel oscura al origen árabe (negado en Europa), que reconocer cualquier otra procedencia.

Es particularmente desgarrador (aunque usual aún en nuestros días) el caso de las familias que relegan a los hijos de piel oscura o rasgos aborígenes o africanos, prefiriendo a los de aspecto europeizado, y ‘oficialmente’ en la familia, se niega cualquier antepasado que no sea europeo, creando así el fundamento de auto-negación, vergüenza del ser, odio por lo propio y preferencia por lo extranjero como lo único válido. Walter Graziano[3] sin duda acierta incontestablemente al afirmar que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial. De hecho, Hitler es la figura política más fuerte de un movimiento cuyas ‘tesis’ fanáticas datan de muchos siglos, siempre tras la cortina de resentimientos nacionales, complejos de inferioridad e intencionalidades políticas basadas en impresiones personales de masas carentes de la más mínima ilustración; gente que sólo entiende lo que sus ojos pueden ver: material dúctil para la manipulación política. Es así como se oficializa una corriente mundial que ‘postula’ la supremacía de una raza sobre otras, bajo el imperio de la brutalidad bélica y la mala fe como instrumentos críticos de la construcción de imperios y dominación, aplicando ejemplos de civilizaciones antiguas, métodos arcaicos en el contexto actual de la humanidad, que exige un modelo equitativo y pacífico de convivencia, so pena de extinguir su propia especie.

Volviendo al caso ecuatoriano, Guayaquil, el mestizo, es la mayoría de la población, compuesta por gente de origen europeo (hispano principalmente), NEGRO y MONTUBIO. El montubio es conocido como el mestizo por antonomasia de la costa, pero originariamente es el indígena, oriundo de su localidad, pariente de aquellos que se salvaron de incontables masacres colonialistas que buscaron (y lograron) quedarse con sus tierras.

Como nota aclaratoria, indígena significa nativo, originario de un país, como el así llamado indio en la sierra ecuatoriana o como cualquier suizo en Berna: Todos somos nativos de nuestro país de origen. El suizo es indígena de su país. Pulse sobre la imagen para leer la definición de la Real Academia Española.

El ‘guayaco’ es entonces una fusión, como ocurre con millones de personas en toda América, de la cultura nativa de su localidad (en este caso el montubio o aborigen local), con la diáspora africana (no en todos los casos), que empezó como esclavitud, y del hispano que llegó de Europa a conquistar, con un enorme caudal de prejuicios y muy escasa cultura, aunque la  intrepidez fue siempre uno de sus más valiosos atributos (no siempre, por supuesto). Hay otros casos pero la inmensa mayoría tiene ese árbol genealógico. Muchos de ellos tienen economías emergentes, es decir, son gente humilde con afán de progreso. En consecuencia, bajo la severa mirada del aristócrata guayaquileño, ¿qué vienen a ser?, porque guayaquileños no son, según su forma de ver la vida.

En pocas ciudades de Ecuador como ésta es tan evidente el materialismo per se, la injusticia y la desigualdad social: mientras se ostenta un Centro Cívico de primerísima categoría, se posponen necesidades urgentes de barrios periféricos como cobertura de servicios básicos y accesos en buen estado. Frente a un barrio elegantísimo, se levanta otro en el que el hambre es el pan del día. Todo esto delata la verdadera naturaleza de quienes detentan el poder, es decir la terrible casta dominante, los ‘nobles guayaquileños’, y son tan nobles, que les tiene muy sin cuidado la satisfacción de las necesidades de sus siervos, y pretenden vencer a la violencia criminal de las calles con más violencia, en lugar de pararse a pensar en el origen de ella: la inequidad social. En ese cuadro de valores, el ser humano vale por su raza, como si se tratara de un perro.

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[1] Desde mi modesta opinión, la breve biografía expuesta por Rodolfo Pérez Pimentel (y que se cita en el enlace), adolece de un juicio excesivamente materialista y cargado de prejuicio para tomarse como fuente bibliográfica fidedigna. El biógrafo analiza la  circunstancia material del objeto de su análisis y no su talento como matemático, que por cierto se ve apoyado por universidades extranjeras: Illingworth también es ecuatoriano y además latinoamericano, pese a sus concepciones personales de la sociedad que le tocó vivir. Sin embargo, el enlace facilita detalles biográficos simplemente inexistentes en otro sitio para cualquier investigador serio (¿no es obvio que faltan investigadores que publiquen en Internet y contrasten opiniones en nuestro país y el mundo? Pérez Pimentel es una grata excepción del esfuerzo PERSONAL por documentar la Historia Nacional de cara al planeta, tal y como lo conocemos en el año 2009). Es necesario entender en la figura de Illingworth no tanto a su persona, sino a toda una corriente de prejuicio de la cual es él una figura, por difícil que sea reconocerlo, destacada.

[2]Una pequeña muestra del fanatismo de los ‘patricios’ (o sus esbirros) guayaquileños, en franca exposición de su delirio separatista. Incluye artículo de Illingworth:

http://es.5wk.com/viewtopic.php?f=31&t=145650

[3] El siguiente es un enlace al libro de Graziano, en su versión íntegra, visible en pantalla:

Pulse aquí,

o aquí.


Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, 2a. parte

mayo 20, 2009

Un poco de genealogía.

De España y su conflicto de origen precisamente viene el prejuicio que se extendió a los aborígenes americanos en cuanto los conquistadores pusieron pie en estas tierras, y dura hasta nuestros días en ambos lados del Atlántico, porque ni aquí ni allá se ha asumido en su justa y natural dimensión la diversidad del origen, pues allá se niega la fusión de sangre con el pueblo árabe (luego de varios siglos de convivencia con el conquistador moro) tal como ocurre acá con la fusión entre europeos y las culturas americanas, en una exhibición dramática de ignorancia garrafal, pues evidentemente se desconoce que a lo largo de la historia, todas las culturas se han ido integrando con lazos de sangre, ya sean “nobles” o “plebeyos”, por lo que el término mestizaje no deja de tener una connotación discriminatoria, puesto que parte de la premisa de una concepción de la humanidad a partir de razas ‘puras’ más o menos recientes[1], hecho del todo imposible por razones genéticas, para empezar. Es decir, no se mira a la humanidad  y su Memoria en decurso natural, sino que se la contempla oblicuamente, validando de manera implícita las esquizofrénicas teorías del Nacional Socialismo alemán que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.

Como decía, las culturas originarias debieron establecer nexos de sangre con sus vecinos, por razones políticas y sociales, procurando evitar las ya mencionadas anomalías genéticas, que no eran en absoluto desconocidas en esa época, pero de manera empírica, debido a la comprensión de que podían ocurrir malformaciones congénitas por enlaces con parientes cercanos [2]. Las razas ‘puras’ sólo pudieron existir en el remoto pasado, hace cientos de miles de años o aún más, pero la dinámica de la vida sobre el planeta inició espontáneamente el proceso de fusión intercultural, empezando por las tribus nómadas, que finalmente formaron naciones. Paralelamente los intereses políticos y/o los cambios climáticos iniciaron la migración/conquista de nuevos territorios, y fue así como se consolidó en vastas zonas esta fusión intercultural. El ‘mestizaje’, es un término peyorativo o más bien eufemista que pasa por alto los razonamientos previos y menosprecia la historia de la humanidad supeditándola al interés del imperio de turno y a la megalomanía de la civilización occidental y su fanatismo incurable. Las culturas aborígenes americanas son originarias desde el punto de vista europacentrista, puesto que también en América se vivieron procesos similares de fusión intercultural entre las diversas civilizaciones y pueblos de la región. La interculturalidad es un fenómeno humano milenario, pieza clave de la evolución de las ciencias formales, y de las artes[3].

Finalmente, la concepción de una estirpe común europea que dio origen al pueblo ario, es tan mítica y absurda como la existencia de los dioses olímpicos. El verdadero problema no está en el fondo, sino en la forma, porque simplemente se analiza de manera frívola lo que miran los ojos: el color de la piel. Como decía Alejo Carpentier:

“… Y qué cosa es la cuenca mediterránea, sino el crisol del mestizaje más fabuloso y más tremendo de la historia…”

Sugiero ver el vídeo adjunto. Pero volvamos al tema de este análisis.

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[1] El término apropiado no es ‘puras’, sino originarias, palabra que coloca en su lugar científico al análisis. Para algunos, la “raza aria” fue ‘pura’, hasta antes de la conquista árabe de la península ibérica, pero en realidad se trata de desconocimiento y manipulación de la historia, porque siempre hubo migraciones dentro de Europa y entre Asia (enlace comercial), África (Cleopatra, p.e., visitó Roma acompañada de Julio César, y obviamente no llegó sola, sino acompañada de su corte femenina) y Europa, lo que desmitifica el fantasioso concepto de raza aria, que varios financistas norteamericanos fanáticos según Antony Sutton, han impulsado desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad.

[2] Véase Endogamia en la Wikipedia. Por razones de interés político y de dominación, muchas castas europeas han padecido en carne propia problemas de salud debido a tal supuesta necesidad de enlazarse entre parientes cercanos para conservar el poder. Los casos más famosos son los de castas prominentes del feudalismo europeo: Los Borbón y los Habsburgo, siendo este último caso el más notorio y documentado de endogamia.

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Opinión de Alejo Carpentier sobre el ‘mestizaje’.

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[3] Composición de un afroamericano que definió el estilo musical de la música contemporánea: Scott Joplin.

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Tema de la próxima entrega: Hermano envidioso.


Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, 1ra. parte

mayo 9, 2009

Guayaquil_Malecon2000Mirando el caso de una ciudad tan exitosa como Singapur, cualquier persona, por sencilla que sea, entenderá entusiasmada que quien pretenda convertir a Guayaquil en algo similar, tiene mucho patriotismo y las mejores intenciones del mundo. De hecho, quienquiera que contradiga tal proyecto, ante la mirada de quienes acaricien la posibilidad de convertir a Guayaquil en una ciudad enormemente rica y próspera, será considerado, cuando menos, por loco, por regionalista o hasta por envidioso. Es perfectamente comprensible.

Visto así el asunto, más de un compatriota opinaría igual, pero es sólo analizando la idea y razonando sobre sus autores, que se puede entender mejor la propuesta y su  fanatismo subyacente.

Antecedentes.

Los llamados a sí mismos ‘patricios’ guayaquileños, han tenido siempre la secreta ambición de hacerse con una ciudad-estado que pudieran controlar a su antojo, bajo la consideración de que NUNCA sus intereses de clase podrán coincidir totalmente con los de un contexto más grande, como el país de turno.

Así, España tenía el inconveniente de cargar de impuestos a toda la región y era menester liberarse de la Metrópoli para dejar el oro de las cargas impositivas en las arcas personales de los señores feudales criollos. Ni hablar del control del gobierno, que reportaría enormes beneficios a los mencionados personajes. Fue así como Guayaquil se integró al proceso revolucionario. Suena usual, pues en toda América Hispana el razonamiento fue más o menos parecido, con pocas diferencias.

Luego vino la República. Allí tampoco se sintieron en sazón, porque el poder TOTAL que perseguían estaba supeditado a una ley que los rebasaba y dejaba en la categoría de segundones, pues la autoridad nacional estuvo y está sobre su autoridad de ‘aristócratas’ porteños, cuya máxima dignidad local es la de alcalde, de modo que empezaron a construir mecanismos que les permitieran tomar control omnímodo del país. Naturalmente, además de ellos, había otros grupos con ideas más o menos tan radicales como las suyas, de modo que no siempre pudieron salirse con la suya, así que el plan de hacerse con instituciones del Estado como el poder ejecutivo, que pudieran favorecer sus intereses a gusto y sabor, no siempre fue posible, aunque aquí cabe mencionar a la Junta de Beneficencia como uno de sus bastiones.

Esta institución de beneficencia favorece casi exclusivamente a Guayaquil, bajo un monopolio (la lotería), que además impide injustamente que otras ciudades promuevan juegos similares para beneficio de sus comunidades, en un caso flagrante de injusticia histórica y económica. Detrás, como siempre, subyace el fanatismo de un grupo de ‘patricios’, gente abrumadoramente cargada de prejuicios: hombres y mujeres que viven en un pasado feudalista enterrado hace más de doscientos años, para quienes la piel blanca, el apellido tradicional (o extranjero) y la fortuna sirven de señas particulares del ‘legítimo guayaquileño’, con excepción de  los libaneses, cuya piel olivácea debió encajarse en su grupo social con habilidad política, abundante dinero en efectivo y muchas alianzas de sangre.

Los demás son siervos de la glebaI_Bastión_antes_de_la_invasión_11, gente utilitaria y advenediza, tal como se conceptuaba en el siglo dieciséis en la península ibérica a los descendientes de árabes con española, o a todo aquél que no era distinguido por un título nobiliario o por patrimonio familiar.

Tema de la próxima entrega: Un poco de genealogía.

Guayaquil de mis amores, en la voz de un hombre del pueblo: Julio Jaramillo Laurido


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. Última Parte

abril 6, 2009

La recolección de firmas en la Provincial.

A algún ingenioso miembro del Secretariado Provincial se le ocurrió un ‘método’ por demás degradante y vergonzoso, para maquillar la escandalosa farsa de las Primarias: Para que su carpeta fuese tomada en cuenta al realizar la selección final de pre-candidatos en la reunión ad-hoc, el cristiano que tenía interés en participar, debía arrastrarse por los pasillos del local de la Shyris, suplicando a los todopoderosos miembros de la Provincial, “que por amor a Dios regalen una firmita”.
Es verdad que muchos de los miembros estaban realmente escandalizados por tan absurda idea, y no se hacían de rogar en absoluto, procediendo a apoyar con su firma a quien lo solicitaba, eso sí, sólo en caso de conocerlo, para evitar a los avivatos. Pero hubo otros que disfrutaban de ese pequeño poder que se les confirió. Otras, como la compañera Ximena Ponce, argumentaban que no podían firmar “porque debían apoyar a miembros de su proyecto político” ¡Y cuál sería su proyecto político, me pregunto! Sobre todo tomando en cuenta que SE SUPONE, estábamos dentro de UN MISMO proyecto político.
Resulta, me enteré en mitad de los correteos, que Sara Nolasco estaba de candidata a Concejal, así como la compañera Verónica S., con quien tuve ya un entredicho, luego de mi propuesta de nombrar a un candidato a concejal de Conocoto.
Todo estuvo siempre ‘amarrado’, como suele decirse, y en lo referente al tema de las concejalías, Wilson Flores, Sara Nolasco y María José Carrión orquestaban tras los telones la función, manteniéndose siempre ocultos, tras la sombra. La última, tuvo que reconocerlo en una reunión (la última a la que asistí del Secretariado de Conocoto), en la que discutimos fuertemente por su actitud de princesa política en su feudo y sus mañas partidócratas. Reconoció que tuvieron que elegir “desde arriba”, porque querían evitar que los ‘infiltrados’, o aquellos que nunca hicieron nada por el movimiento, resulten favorecidos con un cargo. ¡Habrase visto afirmación tan absurda! ¡Pero si eso fue lo que pasó precisamente, con el agravante de que se eligió únicamente a los ‘panas’ y esbirros! Luego de que se anunciara enfáticamente que no se admitirían más candidatos para concejalías rurales, ¡cómo no iba a sorprenderme de encontrar finalmente a Dennecy Trujillo como candidata, elegida de la noche a la mañana!
Luego, para la publicación de resultados se dieron largas, hasta que el plazo ordenado por el Consejo Nacional Electoral estuviera demasiado cerca como para que pudiera cambiarse el tablero que habían armado a gusto y sabor.
Mucha gente tuvo intenciones de quejarse, apelar, reclamar sus derechos. Incluso alguna tarde, una turba enfurecida estuvo a punto de tirar abajo la verja que protege la entrada del local de la Shyris. Pero la mayoría prefirió evitar problemas y aguantar en silencio la farsa de las elecciones primarias, que en absoluto fueron democráticas porque PARA NADA se consultó a las “bases” sobre qué candidatos querían designar para cada una de las dignidades. Siempre se eligió a dedo y desde arriba, como en los peores días de Bucaram o Gutiérrez e incluso aún peor, porque todo se disfrazó tras la máscara de una “revolución ciudadana” cuyo ideal a la mayoría importaba un pepino. Sólo se buscó acomodar a las personas precisas en los lugares correctos, me pregunto con qué fines. Yo logré entender a tiempo que estaba convirtiéndome en un sinvergüenza igual o peor que aquellos a quienes criticaba, en busca de ganar por aplastar al contendor, perdiendo de vista el objetivo de cambiar un país que avanza indefectiblemente hacia el caos y en espera de que cualquier nación mejor organizada, la someta para siempre.
Hasta aquí el relato. Muchos se preguntarán por qué llamar a esta una Crónica de la Revolución Ciudadana, si en realidad es una crónica de un proceso particular dentro de un universo más grande (ni siquiera he hablado de los candidatos a Asambleístas, por ejemplo, y mucho menos de la enorme cantidad de estructuras filosóficas, económicas, culturales y otras que deberían analizarse para tener una visión de conjunto del gobierno y sus supuestos planes socialistas). ¿Por qué el “proceso de las primarias” (¡Vaya proceso!) bastaría para definir una revolución anunciada a todo bombo, sin considerar todo lo dicho?
Primero, el Presidente Correa pudo haber cambiado la historia del Ecuador, si lideraba e imponía entre sus “Secretariados” del Movimiento País un auténtico proceso de cambios, de abajo hacia arriba y hacia la izquierda, no hacia el centro-izquierda. Máxime con el enorme poder del estado dentro de una estructura política.
De hecho, la capacidad de llegar hasta los más alejados confines de la patria con un programa de capacitación política que ofreciera a quienes quisieran adherirse al Movimiento, además de participación DIRECTA en la selección de sus candidatos, soluciones de vida y proyectos que “les enseñen a pescar, no a recibir limosnas”, en una estrategia que coordine planes y proyectos gubernamentales con iniciativas locales, habría aportado auténticos “soldados de la revolución”. Pero se prefirió la populista dádiva porque, es evidente ahora, NUNCA fue la idea iniciar una revolución: se pretende mantener al pueblo inútil, indefenso e ignorante.
Segundo, la actitud permanente de un hombre que NO TUVO la madurez necesaria para asimilar con prudencia y sabiduría los incesantes halagos, lisonjas, requiebros y arrumacos de la canalla que golosamente rodea a los mandatarios, ha terminado por fastidiar a quienes no saben del grave escenario político en el que sus lugartenientes son caciques de sus respectivos feudos.
La gente común ignora los tejes y manejes políticos en su profundidad, pero entienden a simple vista su arrogancia y la contrastan con algo que no puede faltar en ningún hogar: trabajo remunerado, que simplemente no hay. Su actitud evidencia a ojos vista su “borrachera de poder” y eso cualquier persona con ojos puede notarlo.
Pero también están los simpatizantes del M. País, que al no poder desquitarse de tanta injusticia desde adentro y menos corregirla, lanzaron a cuatro vientos toda la corrupción y componendas que presenciaron, con el objetivo primario de la venganza, y el secundario (en algunos casos), de impedir que siga adelante una farsa tan escandalosa.
Esto último me consta, pues TODOS los descontentos, al preguntarles, me respondieron que habían comentado con su familia y amigos lo que pasó EN REALIDAD en el Movimiento País, lo que sin duda ha creado descontento y ante todo DESILUSIÓN entre la gente común.
El proceso de Primarias, por lo sucio, turbulento y demagógico, sepultó a la Revolución Ciudadana, y con ella al gobierno actual, que detrás de sí se llevó dolorosamente las esperanzas de millones de ecuatorianos que confiamos en ese proyecto político, del que se apropió injustamente Alianza País.
Sin duda no están todos los que son, pero para el caso puntual que quise mostrar a manera de ejemplo en la crónica anterior, del entorno que viví, es suficiente, porque se replicó en toda la geografía nacional de una u otra manera, siempre con idéntico resultado: mayor corrupción que la de antes, porque, como siempre, se apeló a aquello de “Hecha la ley, hecha la trampa”.

Finalmente me pregunto:

  • ¿Es culpa del gobierno todo lo ocurrido?
  • ¿Se puede acusar insensatamente a un solo gobierno de todos los males de la nación e intentar tumbarlo, pretendiendo con ello acabar con todos nuestros males?
  • ¿Es lícito pensar que debemos volver a “refundar” la nación a partir de cada nuevo gobierno?
  • Por un lado en nuestra región costanera, y en especial en Guayaquil, el egoísmo, los complejos de inferioridad y la codicia de poder de sus líderes han mantenido a la gente ignorante y relegada, enseñándole que luego del dinero está el origen étnico (hay que ser blanco y bigotón para ser jefe), y luego de ello, de mala gana, está el ser humano, entendido como integrante de una sociedad piramidal y llena de prejuicios. En consecuencia, los cholos van al último y un auto deportivo vale más que una manada de ellos. El ser humano no importa: ¡No sirve para nada! La pregunta es: ¿Hasta qué punto hemos llegado a entendernos como nación, si ni siquiera nos reconocemos (y menos valoramos) históricamente? Un ejemplo es el caso que menciona Juan Paz y Miño en su artículo “¿Cuál es la fecha nacional?”[1]
  • Por otro lado está la estrechez de visión de la serranía, que se circunscribe estrictamente a su entorno inmediato, mirando a lo sumo, como gran cosa, al país en su conjunto. Me refiero a que no existe una cosmovisión ni en los políticos, ¡ni en nadie! Los pocos que miran el conjunto universal de la humanidad desde la perspectiva económica (de negocios o como modo productivo), cultural o de cualquier otro tipo, son tildados de engreídos, igual que aquellos que tienen la suficiente autoestima para producir y lograr productos intelectuales de cualquier tipo. El viejo chiste de la olla de cangrejos: nadie puede salirse de este purgatorio, porque si lo intentan le jalan de vuelta hacia abajo. La pregunta es: ¿Hasta cuándo abrimos los ojos de la inteligencia y nos dejamos de prejuicios y envidias negras?

No depende de movimientos ni de partidos ni de revoluciones: somos nosotros. Es nuestra actitud. Cualquier revolución se irá al traste si no ponemos el alma en ella, y dejamos el egoísmo primitivo.

Todo lo anterior es elemento de juicio suficiente para diagnosticar una revolución que nunca lo fue. Pero sirve además para temblar ante el mediato futuro, considerando la desilusión, por enésima vez, de un pueblo que soñó con un cambio, que necesitaba de ejemplos para dejar la indiferencia, la tradicional apatía, para convertirse en un actor más de la revolución, por su patria, por su familia, por sus hijos e hijas, por su propia liberación. La lucha debe continuar.

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[1] ¿Cuál es la Fecha Nacional? de Juan Paz y Miño