Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. V

marzo 22, 2009

IV. Una “torpe” decisión: La candidatura a concejal.

Pero, ¿por qué era tan importante pertenecer a la Dirección Provincial? Me preguntaba ingenuamente, lo juro. Sólo en cuanto los hechos se consumaron logré entender las razones. Lo que noté de inmediato es que aquello era un círculo cerrado, que nadie estaba dispuesto a dejar entrar a nadie más, y menos a abandonar su posición. Las caras eran hoscas y la mayoría de ellos mantenía una actitud poco comunicativa. Ni hablar de los aires de superioridad de algunos y algunas, gente con problemas de personalidad. Estos últimos eran personas que ya estaba trabajando para el gobierno en cualquier dependencia del Estado.

Lo que en realidad me indignó fue el notar en esta gente un egoísmo tan profundo, tan primitivo y deleznable, que ni siquiera miraban a su alrededor (o si lo hacían les tenía muy sin cuidado) para contemplar la desdichada situación de desempleo de determinados compañeros, para compadecerse de ellos y alegrarse de su propia fortuna, sino que se aprovechaban de su transitoria posición de emplead@s gubernamentales para asumir y mostrar a los demás en su actitud, que eran “mejores” que el resto, que tenían control sobre algo y que debían ser tratados con mucho miramiento. Y aún se llenan la boca con la palabra ‘compañerito’, siempre a flor de labios. ¡Vaya compañerismo! A esa fauna llamo los pavorreales del M. País: mucho ruido y poco duende. ¡Vaya miembros de una revolución!

***

bonil022209_620_493Estando indeciso sobre la verdadera situación en la que me encontraba en la comisión de Capacitación Política para Líderes Sociales, decidí hablar con el coordinador del área de Capacitación Política de la Dirección Provincial (no recuerdo su nombre) sobre nuestros planes, por conocer su actitud, sobre todo porque se me había metido en la cabeza que la idea de Germán Espinoza de crear esta nueva comisión, no era tan inocente que digamos, y sus propósitos eran múltiples. Ignoro cuáles hayan sido sus objetivos personales, pero en cuanto a las consecuencias políticas internas, podía percibirse el afán de construir una nueva tendencia digamos progresista al interior del Movimiento, que reordenara el tablero puertas adentro, agrupando a las bases en torno a un proyecto político incluyente, que luego presionara para que la revolución empiece por casa, como dije antes.

El coordinador se manifestó sorprendido, y al ofrecerle mi ayuda para trabajar conjuntamente, argumentó que este asunto debían tratarlo en la Dirección Provincial, que ya existía un plan establecido e incluso un manual de capacitación. Ante tal respuesta le pedí que me invite a la reunión en que traten el tema, para exponer nuestros puntos de vista y compartir nuestros planes. Ni siquiera respondió. Simplemente se alejó sin decir palabra. Con ese antecedente, estuve atento a la convocatoria de la siguiente reunión, a la que asistí por desentrañar de una vez por todas, la razón de la existencia de la Comisión que había conformado con nosotros Germán, además de adentrarme en los entresijos del famoso Secretariado Provincial.

Luego las cosas fueron de brinco en brinco hasta que finalmente renuncié a la dichosa comisión de capacitación política, al percatarme de que estaba en mitad de una guerra de facciones y de que nada creativo iba a desprenderse de esa situación, considerando además que sólo estaba creándome antipatías y rencores gratuitos.

Pocas semanas después me enteré de que Germán Espinoza había sido removido y en su lugar colocaron a Wilson Flores como nuevo Director Provincial. A Flores lo conocí durante una “asamblea” que se realizó en Conocoto, convocada por Pablo B., quien fungía como coordinador del Secretariado de Conocoto hasta entonces y con quien había trabajado durante más de un año, como expliqué en el capítulo anterior. Su nombre lo pongo específicamente por razones de fluidez del relato, porque su importancia en el contexto general es simplemente la de una persona que obedece órdenes que vienen de un nivel superior, pero que en el contexto pareciera tener un rol protagónico que en realidad nunca tuvo, aunque en esas circunstancias lo ignoraba por completo, pues pensé que actuaba por cuenta propia. La amiga que he referido (la que quería terciar para la Junta Parroquial), a la que llamaré Martha P., es el otro personaje del contexto de Conocoto. Finalmente, para completar el elenco, mencionaré a dos personas más, la última de ellas clave para que las cosas terminaran del modo en que terminaron: Verónica S. y Sara Nolasco. A todas las personas de importancia secundaria en el relato, las mencionaré en adelante únicamente por su nombre de pila y una inicial que podría o no corresponder a su apellido verdadero. El resto simplemente, o se metieron por la ventana o no viene al caso mencionarlos.

A Sara la conocí en la misma reunión informativa realizada en el Jaques-Dalcroze en la que conocí a Germán Espinoza. Me pareció una persona agradable y experimentada. Ella me invitó a un taller de liderazgo que finalmente no se realizó o se arrepintió de haberme invitado. Hasta allí el trato que tuve con ella. Pero volvamos al tema de la capacitación política previa a la campaña en Conocoto.

***

Allí, concretamente en la escuela Abelardo Flores, se efectuó algunas semanas más tarde el segundo taller de capacitación política, dentro de una serie de al menos 5 que planifiqué realizar con el objetivo, como quedó ya mencionado, de enrolar a nuevos miembros al proceso de la Revolución Ciudadana, además de articular una red de simpatizantes de la candidatura de Martha, la amiga que tenía interés en participar como precandidata a miembro de la Junta Parroquial.

En realidad el segundo taller tuvo mucha menos acogida que el primero, por lo que asumí que fallé en el temario o la exposición, y en consecuencia trabajé más en ambas cosas, motivando siempre la participación de los asistentes y trabajando en pro de su autoestima. El proceso se veía prometedor y empezó a despertar celos en algunos miembros del Secretariado de Conocoto, en especial, ¡cómo no!, en aquellos que se metieron por la ventana y que ahora estaban casi todos, de precandidatos a miembros de la Junta Parroquial. Uno de ellos, llamado Amílcar, al que se nombró coordinador en la ‘asamblea’ más que polémica en la que conocí a Wilson Flores, era el único que no entró al arena electoral, entiendo que por voluntad personal, aunque más bien daba la impresión del afán por crear en su persona a un interlocutor “imparcial” para las inevitables confrontaciones políticas que se vivían durante cada reunión en esas semanas, asunto que no logró del todo, por las circunstancias en que entraron las últimas personas, incluido él, a quien no conocía de antes ni lo había visto en alguna reunión previa.

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Marcha en homenaje al Día del Trabajo. Fuente: rafaelcorrea.com

Lo que molestaba a los que estuvimos desde el principio fue el ver que esas personas trajeron barras propias para hacerse nombrar miembros del secretariado, y a muchos ni siquiera tenía el gusto de conocer, ¡luego de más de dos años de iniciado el secretariado de Conocoto! Es por eso que me resisto a afirmar que aquello fue una verdadera Asamblea.

Todo esto empezó a despertar en mí cierto cinismo que al principio asumí como respuesta a la manera descarada en que se metió en tropel la gente al secretariado de Conocoto, en cuanto se enteraron de que iniciaríamos el proceso de las primarias (alrededor de diez personas, y todos querían ser candidatos a la Junta, excepto el mencionado Amílcar).

Sentía asco y frustración al constatar que efectivamente, tal como en los tiempos de la partidocracia, que ilusamente creí cosa del pasado, volvía a ocurrir en mis propias narices la misma historia. Puse el grito en el cielo ante Pablo B. El tipo parecía no salir de la estupefacción y decía que iba a hacer todo lo posible por poner las cosas en orden, pero que la culpa fue de Wilson Flores, que facilitó el caos y que la gente hiciera lo que le vino en gana en la ‘asamblea’. Luego hablé con Martha P. y ella, echando lumbre por los ojos, culpaba a Pablo de haberse dejado mangonear como guagua por Flores, en lugar de ponerlo en su sitio y dirigir él la asamblea. Como testigo de cargo, debo manifestar que efectivamente ocurrió así, aunque ahora no estoy seguro si fue debilidad o acto premeditado. Pero de lo que sí estoy seguro es de que el cinismo, mi propio cinismo, empezó a convertirse sutilmente en un componente infaltable de mi diario trajinar.

La candidatura.

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Cesar Cabrera (presidente CONFEUNASSC) y Carmen Lozano (dirigenta ECUARUNARI). Fuente: Indymedia

En mitad de esa tolvanera, recibí invitación de un amigo, ejecutivo del Seguro Social Campesino, para reunirnos y conversar sobre política. Con Jorge nos conocimos por Rodrigo Collahuazo, dirigente de la Confederación Nacional del Seguro Social Campesino, CONFEUNASSC, organización social con la que tiempo atrás estuvimos trabajando en un proyecto de Comercio Justo. Precisamente, Jorge encajó como anillo al dedo en ese proyecto, pues era presidente de un barrio populoso del sur de Quito y mi propuesta era enlazar a un grupo de pequeños y medianos productores, con un colectivo de consumidores de Quito. Llevábamos algún trabajo realizado en ese sentido, incluido un estudio sobre hábitos y necesidades de consumo, gracias a su gestión y a la ayuda de un compañero de trabajo suyo. Por mi parte había conseguido adelantar que el Municipio de Quito ofreciera el Mercado del barrio para ejecutar allí el proyecto. En realidad la razón de que se detuviese un proyecto tan ambicioso estuvo en la distinta visión existente, sobre la comercialización, entre el cabildo y quienes formamos aún parte de ese proyecto, pues esencialmente consiste en que el propio barrio se convierte en accionista del mercado (supermercado), a través de cada uno de sus vecinos, mientras que el Municipio proponía algo más bien folklórico y sin una salida que ofreciera opciones de sustento para un barrio en el que viven 1500 familias.

En la reunión que sostuvimos, él me manifestó su sorpresa por el hecho de que no estuviera de candidato a concejal, pues tal posibilidad sería clave para la consecución de nuestro proyecto. Incluso mencionó que muchos de los vecinos del barrio apoyaban tal idea y que el resto lo haría sin duda. Fue así como acepté entrar en una contienda que me llevó a conocerme aún más, a conocer la naturaleza humana a calzón quitado, y a observar finalmente la historia del Ecuador profundo al que se refieren algunos políticos, pero esta vez no miré la pobreza material de nosotros, de nuestra gente. Pude ver la miseria interior: la mía y la de mis paisanos.


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. IV

marzo 10, 2009

III. La práctica política: La Dirección Provincial del Movimiento.

Luego de conocer al Secretario Provincial de entonces (Germán Espinoza) en el taller informativo sobre la nueva estructura del Movimiento, le pedí participar en un proceso de capacitación política para “líderes y miembros de las Bases” que él propuso en el colegio Jaques-Dalcroze a todos los participantes del taller. El plan de Espinoza era sencillo pero eficaz: trabajar con los diversos tipos de organización social, con el fin de establecer alianzas fuertes, empezando por la capacitación política; yo propuse ampliar el rango de acción hacia temas de impacto social, lo que redundaría en confianza y acercamiento por parte de los miembros de las diversas comunidades. En definitiva, el proceso debía integrar a la gente común al proceso de la Revolución Ciudadana, para consolidarla en el corazón del pueblo. Un corolario crucial era la visibilización de nuevos líderes en el escenario político, sin las mañas de los políticos viejos y de “medio uso”.

En la siguiente reunión, frente a cerca de 20 personas que invitó la Dirección Provincial para empezar el Proceso de Capacitación Política de Líderes del Movimiento País, él mismo sugirió mi nombre para coordinarla, y formamos la Comisión con los asistentes. El detalle que desconocía yo en ese momento es que había otra Comisión de Capacitación Política, y que se empezaría a levantar polvareda por nuestro trabajo, simplemente porque era efectivo y nunca se persiguió un nombramiento en la Dirección Provincial como finalidad, sino que se quiso iniciar un trabajo eficaz y efectivo que nos lleve a realizar el concepto de revolución urbana, desde la visión personal que ya comenté anteriormente y que era compartida por todas las personas que conformamos el grupo de trabajo de capacitación. El trabajo de capacitación con los campesinos no fue contemplado ni siquiera como proyecto posterior, lo cual es comprensible, dado el rango de acción de la Provincial, cuyo núcleo duro estaba en Quito.

Algo que me sorprendió en esas circunstancias, y con ocasión de mi asistencia a una reunión de la Provincial (me refiero a la primera vez que asistí a una junta de la Dirección Provincial), fue que el ambiente lucía totalmente distinto a los espacios a los que me había habituado. Al principio supuse que fue impresión mía, pero tuve la sensación de que las treinta y tantas personas que estuvieron allí esa noche, tenían muy poco interés por la Revolución en sí. Y pude comprobarlo inmediatamente, al escuchar las exposiciones de los asistentes.

Se buscaba ante todo figurar y concretar intereses personales o de pequeños grupos. El conjunto carecía totalmente de compromiso político y aquí viene un ejemplo.

La reunión trataba sobre las metodologías que debían usarse para multiplicar las “células” o centrales del Movimiento en toda la ciudad y sus parroquias, con el fin de integrar a las grandes masas al Movimiento País en la provincia de Pichincha. Naturalmente, eran necesarios los oficios de cada uno de los representantes de la Provincial, que habían llegado a esa posición, según supe, argumentando ser líderes de colectivos de diverso tamaño, pero resulta que varios de ellos sólo se representaban a sí mismos, o a lo sumo a su familia, y esto último ni siquiera en todos los casos…

En cuanto se trató sobre la jurisdicción de cada central se entabló una polémica sobre cuál era la mejor manera de distribuir los territorios para coordinarlos, aunque Germán zanjó rápidamente mencionando que previamente se había decidido utilizar el mismo esquema que el Municipio de Quito. Pero la palabra coordinación levantó de inmediato miradas codiciosas y exigencias por el poder. Por todo eso concluyo que no existía un auténtico compromiso con la Revolución.

Mientras tanto, empecé el trabajo de capacitación política en barrios con mis nuevos compañeros, a los que fui conociendo y apreciando como amigos, en el ínterin. Si algo tiene de bueno el voluntariado político es que conoces muchísima gente de todo tipo. Preparé pequeños talleres sobre los modos productivos a través de la historia occidental, matizándolos con la entrañable cosmovisión indígena, hasta llegar al socialismo del siglo 21, incluyendo la propuesta productiva de mi cosecha mencionada antes, que viene a ser una aplicación práctica del mencionado socialismo. Todos los miembros de la Comisión se esmeraron en preparar métodos, varios de ellos realmente originales y útiles para el fin de la capacitación.

Luego asistí a otra reunión del Secretariado Provincial, y la historia de la vez anterior volvió a repetirse, con la novedad adicional de que el trabajo de capacitación política que habíamos emprendido con la anuencia y apoyo del Director Provincial, era muy mal visto por los miembros del secretariado, sobre todo por nuestras “exóticas” ideas de impulsar la elección, a corto plazo, de nuevos miembros del Secretariado, con un proceso que involucre a “las bases” del movimiento. Finalmente el mismo Director Provincial desarticuló las brigadas de Capacitación Política y por último fue destituido de su cargo. No estoy seguro de las razones que la gente argumentó para su salida; sólo sé que tuvo el interés de crear conciencia política y cambios, aunque se afirma que buscó siempre aglutinar gente para intereses personales. Me pregunto cuáles, porque encontré siempre en él a un hombre convencido de la revolución y a un amigo razonablemente sincero, aunque no todas las personas que lo rodeaban estuvieran de acuerdo en cuanto a su sinceridad. Se habló de que estuvo preparando el camino para su campaña como candidato a asambleísta.

Su salida, pienso ahora, no fue tanto por sus intenciones de convertir al Movimiento País, a través del Secretariado Provincial de Pichincha, en la primera organización política del país en convocar a elecciones internas transparentes, pese a las órdenes del Secretariado Nacional, que si bien escuchaban (de buen o mal modo) las voces de sus compañeros y compañeras de “abajo”, crearon un reglamento que poco tenía de democrático para el ordenamiento interno. Es decir: empezaba a divisarse vagamente el fantasma de la partidocracia ¡al interior del movimiento que impulsaba la Revolución Ciudadana!

Pero a la vez mostraban señales de apertura, mencionando, por ejemplo, aquello mencionado antes, de que la designación a dedo era indispensable únicamente por esta vez, porque apenas si estábamos empezando a organizarnos. Eso aplacaba los ánimos, pero dejaba abierta de par en par la expectativa por ver el curso de los acontecimientos futuros a mediano y corto plazo. Como decía, la salida de Germán Espinoza, a mi parecer, no fue tanto por las razones mencionadas, sino porque un viejo político, apartado del movimiento por su maniqueísmo y su macabro talento para el amarre, la trinca y el negociado, hizo acto de presencia, con el fin de organizar una nueva mafia electorera, cuya red finalmente aterrice en los cargos públicos próximos a elegirse, utilizando (este <<utilizando>> en su peor sentido) el método de elecciones primarias para legitimar algo que con el tiempo terminaría como terminó finalmente.

Mientras tanto en Conocoto, una autoridad política a la que consideraba amiga mía, me llamó una tarde para solicitar apoyo para su campaña a la Junta Parroquial. Ella y yo habíamos trabajado junto al Coordinador desde el principio y siempre pensé que su visión podría hacer un magnífico papel en tal cargo, así que acepté coordinar su campaña.
En absoluto es miedo lo que me mueve a omitir ciertos nombres. Me abstengo de publicarlos por no dar excesiva importancia a las personas, cuanto a las circunstancias políticas que quiero mostrar y que representan la finalidad de esta crónica, porque el objetivo es mostrar el estado de madurez (o inmadurez) del escenario político que conocí, sin caer en el mismo juego, aprovechando este medio para ajustar cuentas con nadie.
Inicié de inmediato un proceso de capacitación política con los líderes barriales que mi amiga estimó pertinente invitar. El objetivo de la capacitación era llevar la Revolución a los barrios de Conocoto, y preparar el camino para la elección de los miembros de la Junta Parroquial.


Floresmilo Simbaña: ¿Ecologismo infantil o desarrollismo senil?

enero 21, 2009

floresmilosimbanaEsta es la pregunta que se hace el intelectual catalán Joan Martínez Allier, al analizar el modelo de desarrollo impulsado por el Gobierno ecuatoriano. Afirma que Correa “comparte la idea de que es necesario desarrollar a cualquier costo las fuerzas productivas y crecer, crecer y crecer”, sin responder claramente a sus graves consecuencias.
El Ecuador intentó a partir de los años ’60, de siglo XX, implementar el modelo de desarrollo basado en la industrialización, financiado en parte con deuda externa pero, sobre todo, con la explotación petrolera. La ansiada industrialización no se dio, mucho menos el crecimiento económico, aumentando únicamente la deuda externa: de 380,4 millones de dólares en 1973, para 1984 debíamos 6.949,2 millones, año en que se clausuró definitivamente dicho proyecto.
La propuesta del Gobierno de financiar el crecimiento económico con la ampliación de la frontera petrolera y la apertura de una etapa minera a gran escala, planteamiento sostenido por los tres últimos gobiernos, ha provocado reacciones desde muchos sectores. Desde los movimientos populares, particularmente desde el movimiento indígena, se hacen varias observaciones y propuestas alternativas, tanto al modelo gubernamental como a los contenidos de los proyectos de leyes que lo viabilizarían: el de soberanía alimentaria, de aguas y minería. La respuesta del Gobierno no ha sido precisamente la apertura al debate con estos sectores, pero con los empresarios sí lo hemos visto almorzar y conversar en varias ocasiones.

“¿Acaso es esa la diferencia entre una revolución socialista y la revolución ciudadana?”

Estos tres proyectos de ley dieron pie a respuestas encontradas. Por un lado, ante la actitud crítica y entrega de propuestas alternativas por parte del movimiento indígena y otros sectores sociales, los sectores empresariales, particularmente los mineros, comerciales, petroleros y agroindustriales, que atacan y dialogan con el Gobierno, fuera de la escena pública, arremeten contra las organizaciones populares. Luego de la movilización del 19 de noviembre pasado en el sector de Cajas, donde la CONAIE presentó sus proyectos de leyes de agua y soberanía alimentaria, se realizó en Cayambe una reunión de floricultores y hacendados para diseñar estrategias cuyo objetivo es “contrarrestar la fuerza indígena”, por considerarla una amenaza para sus intereses. A propósito del paro minero sostenido por las comunidades afectadas por la explotación minera, se dieron hechos de violencia rechazados por los propios dirigentes, pero el Gobierno en lugar de investigarlos, utiliza sin ninguna ética esas imágenes para deslegitimar y criminalizar la resistencia popular.
¿Cómo entender que desde Cuba, que celebra 50 años de revolución, se agreda a organizaciones de izquierda que no son sumisas al Gobierno? Desde el país socialista se amenazó con encarcelar a los trabajadores que quieran reclamar y defender sus derechos. Desde la patria que ha sostenido la dignidad de los pueblos oprimidos, calificó de delincuentes y criminales a los luchadores sociales.
¿Acaso es esa la diferencia entre una revolución socialista y la revolución ciudadana?


Mario Unda: ¿Giro a la derecha?

enero 20, 2009

Entre la crisis y las elecciones

La derechización del gobierno y el peligro de derechización de la izquierda radical

En el éxtasis del triunfo, el presidente Correa hacía su balance de los resultados del referéndum aprobatorio de la nueva constitución. Fue a fines de septiembre del 2008. La derecha, dijo, está derrotada, y de inmediato fijó los nuevos adversarios: la “izquierda infantil”, los “ecologistas infantiles”, “el indigenismo infantil”; es decir, todo aquello que tiene la pretensión de moverse a su izquierda de modo más o menos organizado y más o menos autónomo. Como análisis resulta cuando menos apresurado –como no tardaría en verse–, pero como consigna y palabra de orden tiene la virtud de marcar de modo inequívoco el arranque de un nuevo rumbo político.

La derecha-derecha

Es cierto que las derechas han sufrido una serie de derrotas electorales. 4 consecutivas a partir de la segunda vuelta electoral del 2006. Las derechas han sido derrotadas, y esto fue así tanto para los dos bloques de sus partidos “tradicionales” (PSC+UDC+ID; PRIAN+PSP+PRE), como para sus nuevas formaciones políticas (Futuro Ya, Uno, Concertación Nacional, etc.). Incluso para aquellos que otrora se presentaban como el “poder moral”: las grandes empresas de comunicación y las jerarquías eclesiásticas. Quizás la derrota más dura fue la del referéndum aprobatorio de la nueva Constitución, porque allí, como nunca antes, se presentó abiertamente como bloque… y fue derrotada en bloque.

Sin embargo, vale hacer algunas puntualizaciones, precisamente para esas últimas elecciones. En primer lugar, la derecha mantuvo dos reductos electorales que no dejan de tener significación: Guayaquil, la ciudad más poblada del país; y la provincia del Napo, cuya importancia está ligada a la explotación petrolera (igual que Sucumbíos y Orellana).

En segundo lugar, que la votación que la derecha pudo movilizar en contra de la esperanza del cambio prácticamente se duplicó, si la comparamos con la votación obtenida unos pocos meses antes para conformar la Asamblea Constituyente. Si bien no le alcanzó para impedir la aprobación de la nueva Constitución, el significado de un incremento de ese nivel no puede ignorarse a la ligera: pues significa que hay una reserva de conciencia conservadora en la ciudadanía, aunque por ahora sea menor que la voluntad de cambiar.

Finalmente, hay un hecho que no puede olvidarse. La derrota de la derecha fue una derrota política. Quizás, con más precisión, una derrota a sus formas políticas visibles. Pero su poder no reside fundamentalmente allí, sino en control de la economía, que no ha sido tocado en lo sustancial. Y eso se vio de modo claro en la ofensiva de diciembre. La Asociación de Bancos Privados, el Comité Empresarial y la Federación de Cámaras enfilaron sus disparos contra el gobierno acusándole de ser el causante de la crisis y de la inflación, sobre todo del incremento de los precios de los alimentos, que han sido los más significativos, una campaña a la que se unió –cómo no– la prensa. La crisis fue el pretexto; hacer retroceder al régimen fue el objetivo: volver a plantear como única salida posible el recetario neoliberal y, en lo inmediato, modificar la ley de seguridad financiera. Tuvieron éxito porque Correa decidió recular en cuanto a la ley.

En fin: la derecha, como se preveía, prefiere ahora enfrentar las elecciones generales de abril bajo un ropaje “ciudadano”, de siglas y nombres nuevos, poniendo en segundo plano las formas políticas que se ganaron con justicia el desprecio de la gente.

El gobierno y sus desplazamientos a la derecha

La crisis es un punto de quiebre; pero los primeros pasos vienen de atrás. El desplazamiento tiene varios componentes, más antiguos, unos; recientes, otros. Entre los primeros, se encuentra el ataque y la deslegitimación de la protesta social y de los propios movimientos, el empeño en aprobar una ley minera que pone énfasis en la presencia de compañías transnacionales, o el marcado personalismo caudillista del régimen. Entre los segundos, la moderación de las reformas y de los intentos de redistribución social, o la utilización de la crisis para rearmar el mapa de relaciones y alianzas, especialmente con los grandes grupos económicos.

En efecto, el gobierno había iniciado relativamente temprano su distanciamiento y, en seguida, su enfrentamiento con los movimientos sociales. La elaboración de las listas para elegir asambleístas fue la ocasión de hacer patente el distanciamiento: el gobierno desechó las alianzas con los movimientos sociales más organizados y con mayor capacidad de convocatoria y de propuestas autónomas. Optó, en cambio, por atraer a organizaciones menores. Se decía que era una secuela de la falta de apoyo de los movimientos a la candidatura inicial de Correa. Pudo haber sido. Pero todo eso no fue más que el inicio de desencuentros más profundos. Detrás de las apariencias y por debajo de la superficie, no todo era cuestión del sectarismo y los malos cálculos de unos, o de las prevenciones y la personalidad de los otros.

Las discusiones (o falta de discusiones, según el caso) durante la Asamblea Constituyente, tanto para la aprobación de los mandatos como para la redacción de la nueva Constitución mostraron ciertos puntos (importantes) de coincidencia: en lo tocante a la eliminación de las aristas más brutales del neoliberalismo; en torno a la soberanía y la prohibición de bases extranjeras; en cuanto a la recuperación de las capacidades del Estado, sobre todo en lo atinente a planificación y políticas sociales.

Pero, al mismo tiempo, la Asamblea mostró que las distancias ya no eran sólo electorales: se trataba de distanciamientos programáticos: las limitaciones al derecho de sindicalización y de huelga, el tratamiento del agua y la minería, en fin: la democracia. Convergencias y divergencias de dos proyectos cercanos, pero distintos. Entre ellos, la brecha ha ido creciendo.

De este modo, las posibilidades iniciales de confluencia fueron dando paso a los desencuentros y a los enfrentamientos. Muy pronto Correa pasó a la ofensiva y comenzó a atacar a los movimientos y organizaciones: los indígenas, los ecologistas, los sindicatos. En todos los casos, su discurso se dirigió a deslegitimar a los movimientos frente al resto de la sociedad. Los sindicalistas defienden prebendas, los ecologistas son infantiles, al igual que los indígenas. Por último, las comunidades que salen a protestar contra la aprobación de la ley de minería son “canallas y criminales”, como habían sido “terroristas” los pobladores de Dayuma, en la Amazonía.

Unos y otros son presentados como objeto de manipulación política y como enemigos de la “revolución ciudadana”. A unos y a otros se los reprime violentamente, se los somete al escarnio público en cadenas de radio y televisión, se les inicia juicios por intento de asesinato. Deslegitimación, criminalización y judicialización de la protesta social.

La conclusión es que el gobierno pretende aislar a los movimientos más radicalizados; y no sólo eso: enfrentarlos a la gran masa desorganizada, que todavía se encuentra bajo el influjo de su discurso caudillista. Desde esta perspectiva hay que analizar el autoritarismo de Correa y su limitada comprensión de la democracia, reducida al padre severo que imparte justicia tras haber recibido de su pueblo el mandato de hacerlo. Con su enfrentamiento a los movimientos sociales, con el modo de hacerlo, y con los contenidos que conlleva, el presidente se basa y refuerza las tendencias antidemocráticas que existen en la conciencia social (aquellas que añoran mano fuerte, indistintamente de si es de derecha o de izquierda).

Pero, ¿hay una vuelta al pasado neoliberal? O, peor aún, ¿es que nunca salimos de él y fue todo un espejismo? Como poco, hay que decir que es demasiado pronto para extraer una conclusión así. El proyecto del gobierno fue siempre una reforma capitalista. No hay por lo tanto un abandono del proyecto inicial, sino simplemente un desplazamiento hacia la derecha dentro del mismo marco que se estableció desde enero del 2007. El gobierno continúa en un rumbo desarrollista, neokeynesiano. Continúa reforzando al Estado y sus funciones. Sigue utilizando la inversión pública como motor de la marcha económica. No avanza en la redistribución social, pero tampoco retrocede (y la utiliza como mecanismo de legitimación política), e incluso anuncia una nueva reforma agraria. No se han abandonado los programas sociales, aunque tampoco se los transforma radicalmente. Y se mantiene una política internacional que privilegia los bloques regionales y continúa alejada de los intereses de las grandes potencias, especialmente de Estados Unidos (incluyendo la tardía reacción frente a la criminal invasión israelita a la franja de Gaza). Todo esto, por cierto, dentro de determinados límites.

Ahora bien: se trata de un rumbo que se ha profundizado a partir de noviembre de 2008, a medida que el gobierno fue poniendo en marcha discursos y propuestas políticas para enfrentar la crisis mundial. Este nuevo desplazamiento aparece claro en su relación con la burguesía. De partida: tratándose de un gobierno que impulsa un proyecto de reforma burguesa, requiere armar un marco de alianzas relativamente significativo con grandes grupos empresariales. Desde el inicio de su gestión, había enfrentado esta tarea suya construyendo cercanías por fuera del ámbito de aquellos sectores que, representados en las cámaras empresariales y en los partidos del establishment, habían privatizado en su beneficio la política y el Estado en estos últimos 30 años.

Sin embargo, la crisis ha mostrado una modificación en la política del gobierno hacia los grupos empresariales. Primero fue la reunión en Guayaquil, intermediada por los buenos oficios del Banco de Guayaquil. Allí mismo y después, las medidas que protegen al capital frente a la crisis (insistiendo, hay que reconocerlo, en fortalecer al capital productivo y en controlar el movimiento de capitales por parte de la banca, sobre todo los envíos al exterior). Luego vinieron aquellas otras medidas que ponen un freno a las tendencias redistributivas del gobierno: están simbolizadas en un incremento salarial que cubre apenas los efectos de la inflación. Después fue “recular” ante la presión de los gremios de los grandes bancos (apenas unos días después de haberlos amenazado… con la cárcel), dejando de lado su propuesta de poder invertir los fondos de seguridad financiera en la región. Salarios y banca: en ambos casos hablando de “tranquilizar” los mercados y de “no perjudicar” a los empresarios. ¿La crisis sirve para lanzar guiños a los empresarios e intentar ampliar la base de sus alianzas con los grandes grupos empresariales, incluidos aquellos que se sitúan en la oposición radical?

En estas circunstancias, tiene mucho más sentido el esfuerzo de Correa por desembarazarse de sus aliados de la izquierda. La primera escaramuza fue dentro de Alianza País. El ataque a los “infiltrados” que tenían “agenda propia” fue poner en cuarentena a las izquierdas internas que no habían perdido la perspectiva de algún cambio más profundo. Al mismo tiempo, todo ello le permite aumentar su poder personal dentro del heterogéneo movimiento oficialista. Sus integrantes saben su propia debilidad, entienden que sus posibilidades políticas están en la sombra de Correa. No lo estorbarán con inútiles opiniones en contra. Si todo esto sigue así, pronto no quedará más izquierda en el oficialismo que la izquierda sumisa. Una sumisión que no proviene de características psicológicas, sino del cálculo político oportunista, habilidad de la que ya dieron muestra durante el gobierno de Gutiérrez.

Lo propio puede decirse de sus empeños por desembarcar al MPD. Aunque el MPD no participa directamente en el gobierno, ha permanecido a sus costados a partir de la segunda vuelta electoral. Correa realiza sus mejores empeños: lanza dardos contra la UNE, amenaza con despedir a los maestros y a todo empleado público que proteste, pone en marcha provocaciones simbólicas, lanzándose duramente contra la izquierda y contra los movimientos sociales en su acostumbrado programa radial sabatino, emitido en esa ocasión desde La Habana. Pero no ha logrado coronar aún sus empeños con el éxito, pues el MPD persiste en brindarle su apoyo (“apoyo crítico”, según su más reciente resolución). Pero todo será cuestión de tiempo.

El peligro de derechización de la izquierda radical

¿Y las izquierdas radicales? Los riesgos de derechización no son nuevos en este campo, sobre todo en aquellos que van al ritmo de sus propias ilusiones. Un discurso radical sustentado en análisis simplificadores, en el desconocimiento de los avances producidos, en la identificación fácil de la política gubernamental con el neoliberalismo.

El ultracriticismo frente a Correa desde el inicio del gobierno las ha alejado sensiblemente de la conciencia de las mayorías que todavía identifican el cambio (y su propio despertar político) con el gobierno, con el presidente en persona, quizás con la “revolución ciudadana”, acaso con el “socialismo del siglo 21”. Sus errores de apreciación política y las ambiciones personales y de grupo los pagó con la bochornosa participación en las elecciones para asambleístas. Y por la misma vía transitaron varios grupos de esta corriente en el referéndum aprobatorio.

Ese riesgo no era más que impedirse a sí misma contribuir en la construcción de un campo político de izquierda radical fuera de los marcos de la cooptación gubernamental. Pero ahora los riesgos de derechización efectiva pueden ser reales y concretos: están en el escenario electoral. La candidatura de Martha Roldós puede ser un elemento de reagrupación de la izquierda y de recuperación de espacios políticos. Pero para eso tiene que desmarcarse claramente de la derecha; que es más fácil decirlo que hacerlo. Si esa candidatura aparece como una “iniciativa de la RED y de Polo Democrático”, a la que se suman organizaciones sociales y otros grupos menores, es evidente que el riesgo está en el propio origen.

Aunque Martha Roldós sea una persona de izquierda, el partido en el que está no lo es, y en estos últimos dos años ha derivado francamente hacia la derecha. Y su jefe reconocido, León Roldós, es el nexo con grandes grupos empresariales, sobre todo de la costa. Martha Roldós comenzó su anuncio presentándose como parte de las luchas sociales contra el gobierno: Dayuma, las luchas contra la minería… y los estudiantes de la Universidad Católica de Guayaquil, avanzada de la renovación de las élites políticas oligárquicas en esa ciudad. ¿Es esa la alianza que va a asegurar mejores días para la izquierda?

Más aún: si la derecha no logra cuajar una candidatura presidencial con ciertas opciones, ¿sería descabellado pensar que apoye, así sea de modo silencioso y encubierto, una candidatura que se presenta como una opción izquierdista a un gobierno que presume de izquierdas?

Las posibles ganancias electorales resultan tentadoras. Y son buenas. Siempre y cuando no se hipoteque en el camino la posibilidad de construir una clara política de independencia política y programática de clase.

Mario Unda

Viernes 16 de enero de 2009


Diego C. Delgado Jara: ¿La “Revolución ciudadana” al servicio de las multinacionales? 1ra. Parte

diciembre 18, 2008

diegodelgadoI. ¿El turno del saqueo minero?

El Ecuador ha sido un país al que en la división internacional del trabajo han pretendido asignarle, por turnos, distintas tareas de monoproductor. Es así como ha sido, por épocas, desde generador de metales valiosos (obtenido sobre todo en lavaderos en los ríos) y la cascarilla, en la colonia, hasta arroz, cacao, balsa, banano y petróleo, en la República.

Por supuesto que también han estado presentes grandes multinacionales en la conducción y el usufructo de estos negocios. La United Fruit Company siempre estuvo presente en el negocio de la fruta, la Texaco Gulf y otras en el manejo petrolero. Incluso ha existido minería a espaldas y sin beneficio para el país, como por ejemplo en la primera mitad del siglo XX la gran usufructuaria de las minas de Portovelo y Zaruma, con nulos beneficios para la República, fue la South American Development Co.

Siempre ha sido así. Nuestra nación ha sido la dueña teórica de la riqueza, pero la oligarquía, aliada y cómplice de las multinacionales, han entregado a éstas el usufructo y la ganancia indispensable para nuestro desarrollo, vigorizamiento productivo y bienestar social. Como señala Eduardo Galeano, hemos sido los dueños de la vaca pero la han ordeñado otras manos que no son las de su dueño.

Igual ha sucedido con el Perú, que también ha llegado a la minería luego de pasar desde el guano en el siglo XIX hasta el pescado y harina de pescado en el XX. Brasil ha tenido una experiencia semejante, desde el caucho, el azúcar, la madera y el café. Chile tiene ahora, como elemento básico, el cobre, como Colombia ha privilegiado el café. Es el mercado internacional y los intereses de codicia insaciable de las grandes corporaciones los que deciden la explotación por turnos de nuestra riqueza, donde quienes jamás han visto ningún beneficio son las poblaciones dueñas de semejante patrimonio que es administrado y concesionado por el poder político oligárquico de turno, a espaldas de los intereses nacionales y populares.

Pero ¿por qué ahora existe la premura y frenesí por la minería a cualquier costa, privilegiado métodos extractivistas y una explotación irreparable a cielo abierto, altamente contaminante? Porque las reservas del petróleo han disminuido a tal extremo que el propio informe sobre la materia ordenado por el vicepresidente del EEUU Dick Cheney sugiere que, con las actuales existencias probadas, seríamos exportadores de crudo por un lapso que podría no superar, a ritmos crecientes de extracción, los diez años. ¿De dónde extraer entonces más dinero y en muy apreciables volúmenes? De la minería, ahora a explotarse en forma intensiva, como se está impulsando en los países vecinos. Ante un apetitoso, jugoso y colosal bocado (como les interesa presentar a los interesados las reservas de nuestro país), las mismas multinacionales, con el entusiasta empeño oficial, han “echado el ojo” a estos recursos muy importantes y que han permanecido millones de años en sus entrañas de nuestro territ
orio nacional.

Es más, respecto a este panorama, así lo reconoció de manera expresa el entonces ministro de Minas y Petróleo Galo Chiriboga, en la revista Vistazo, del 3 de abril del 2008, pág. 18, cuando él afirmó, al parecer de modo muy optimista: “La vida útil del petróleo no superará los 25 años y la bonanza de los precios es una boya peligrosa para sustentar el gasto fiscal … el país apuesta a la extracción minera como la nueva fuente de riqueza post petrolera.”

La misma publicación indica: “Según Galo Chiriboga, el país ha recibido apenas 25 millones por concepto de patentes y regalías del sector minero desde 1999. Actualmente, el 12 por ciento del territorio ecuatoriano (tres millones de hectáreas) está concesionado. Las primeras concesiones datan de hace 17 años.”

Es pues la necesidad del régimen de disponer de recursos, asociada a los anhelos desembozados de inmensas ganancias de las grandes corporaciones de la minería, a cualquier costo ambiental, los ejes de esta desaforada codicia anunciada, cuyo mayor propagandista y vocero es el propio Presidente de la República, cuando incluso su propia voz es utilizada en las propagandas de cuñas radiales en todo el sur del país, en frases en las que advierte amenazante a los “seis pelagatos” que, según él y las compañías transnacionales, “se oponen al desarrollo nacional”, en cuñas patrocinadas por los interesados en el usufructo de este negocio.

No hace falta ser brujos refinados, poseer singulares dones proféticos, estar dotados de los misteriosos poderes insondables de famosas profecías, ni disponer de los sobrenaturales dones de los clarividentes, para nombrar a las principales multinacionales interesadas en “hacer el favor” de llevarse esta “riqueza ociosa” cuyo volumen parecería inflado de modo previsible y por evidentes motivos justificatorios: Ecuacorriente, Dinasty Metals & Mining, Goldmarca, Internacional Minerals Corporation, IAMGold, Cornestone Elipe, Ascendant Cooper, Aurelian Resources y Kinross. Es más, el proyecto de Ley de Minería está orientada, de manera básica, a regular sus actividades. Pueden camuflar con todos los adornos jurídicos inimaginables e incorporar sugestivas redacciones en varios artículos, pero lo medular será precautelado a toda costa: garantizar el acceso, explotación y usufructo del patrimonio minero a favor de las grandes multinacionales! ¡Esa ha sido la manifiesta voluntad del r
égimen, e incluso antes de presentar el proyecto de ley en forma oficial ya tronaba como Júpiter tonante ante el surgimiento de eventuales opositores!

Lo que la mayoría de ecuatorianos desconoce, por ejemplo, es que la antigua Ley de Minería, precedente y soporte de la que se está discutiendo, se realizó con un préstamo del Banco Mundial, de código PRODEMINCA-BIRF-3655, por cerca de 14 millones de dólares, que los pagó el pueblo ecuatoriano como parte de su deuda externa, y que serviría para desarrollar normas “para permitir actividades mineras a gran escala en áreas protegidas y territorios ancestrales”, así como para impulsar reformas que atropellaran los derechos colectivos de los pueblos indígenas (Acuerdo 169 de la OIT y reconocidos por la Constitución de 1998), como sucedió además, con reformas o refuerzos establecidos en la Ley para la Promoción de la Inversión y la Participación Ciudadana (Trole II), y el Reglamento Ambiental Minero, que transgredían expresas normas y garantías constitucionales, conforme incluso consta una relación breve en el Informe Final de la Auditoría Integral de la Deuda Externa (CAIC), en su
pág. 96.

Debemos recordar, así mismo, de cómo en el régimen de Mahauad, como parte de una estrategia global de rapiña ilimitada de recursos naturales, por presión del mismo Banco Mundial, prácticamente desapareció el CODIGEM, en función de “modernizar” el Estado, y que tenía a su cargo el catastro minero nacional, y cuyos sensibles datos se entregaron de manera escandalosa a las multinacionales mineras para precisar sus espacios de mayor codicia y depredación dentro del territorio nacional.

Las multinacionales han hecho siempre su auténtica y regalada gana en el país. Lo que llama cada vez menos la atención es que ahora se lo hace, con bombos de ilusión y platillos de disimulo, a nombre de una “revolución ciudadana” inexistente, de un “socialismo del Siglo XXI” de esencia antisocialista y procapitalista, de continua entrega de recursos naturales no renovables a favor de las multinacionales, caso del petróleo y de la minería.

Pero no solo se entregan los recursos nacionales no renovables sino los servicios públicos más rentables y lucrativos, como sucede con la telefonía celular, que se vuelve a entregar a las mismas multinacionales que han manejado semejante negocio tan lucrativo desde lustros atrás (con ingresos que fácilmente podrían superar los 1.500 millones de dólares al año) con tres diferencias: la primera, que en 1993 ni Sixto Durán Ballén ni Alberto Dahik Garzozi sabían el monto a obtenerse de las ganancias de su manejo, como ahora si se lo conoce; segundo, que ahora disponen en forma adicional de la banda de 1.900 MHz que permite la transmisión no solo de la voz sino de imágenes, de sistemas audiovisuales, entre otros aspectos, todo ello a cambio de derechos de uso o regalías que quizá podrían llegar al un treintavo de los beneficios a obtenerse; y, tercero, que esa misma conducta entreguista, antes definida como parte de “la larga y triste noche neoliberal” por el Presidente Correa, ahora, resultando idéntica, se la bautiza como “revolución ciudadana”!


REMIX HISTÓRICO: Alfaro, el clero y la Revolución Ciudadana

septiembre 18, 2008

Moneda

Moneda

Luis Alberto Mendieta.

La iglesia no hace los honores a la máxima bíblica que recomienda “No mirar la paja en ojo ajeno”, cuando rasga sus vestiduras y se escandaliza por el reconocimiento de derechos y deberes a las personas con tendencias sexuales homosexuales (más allá de cualquier cuestionamiento moral de la sociedad en su conjunto, que es harina de otro costal). Como decía, se escandaliza, cuando dentro de casa tiene graves problemas que solucionar: es imperioso que se concentre en mirar la viga en ojo propio.

Pero la más grave, de las muchas contradicciones del clero, es la histórica.

¿Es que acaso ya nadie recuerda desde dónde se llamó a la insurrección en 1912, año de la muerte del Viejo Luchador? ¡Desde el púlpito! Un colombiano tuvo que cantar al héroe, a falta de un compatriota que lanzara al viento la verdad de aquella masacre. ¿Leit Motiv? Alfaro terminó con las prebendas clericales de entonces:

  1. Estableció la igualdad ante la Ley. ¡Abominación para los “patricios” de entonces!
  2. Separó la Iglesia del Estado. ¡Adiós al control sobre diversas dependencias gubernamentales!
  3. Permitió la libertad de cultos. ¡Miles de “clientes” se les fueron de las manos!
  4. Instituyó la educación laica. Adoctrinamiento y pesetas dejaron de llenar sus gordas arcas.
  5. Expulsó a los jesuitas y sus bienes se transfirieron a la Beneficencia Pública.

La historia se repite, es cíclica, como debate la Filosofía. Al finalizar el siglo 19, medidas como las enumeradas (apenas un manojo del grueso de resoluciones tomadas por la Revolución Liberal) eran vistas como una aberración, o como una “picardía de los liberales y de Alfaro” para la sociedad de entonces. Se los acusó de herejes, se los excomulgó.

Y es que había muchos intereses de por medio. La iglesia estaba perdiendo cuantiosos bienes y muchísimo poder. Desde el púlpito, junto con el partido opositor y varios traidores (nunca faltan a su cita con la historia), sólo estuvieron en paz cuando acabaron con su más mortal enemigo, matándolo más tarde, y aunque se aferraron a toda clase de estratagemas para confundir a las masas, estas alcanzaron a entender que los cambios mejorarían su vida.

Hay un error al pensar que fue Alfaro el único enemigo que tuvieron. Don Eloy fue el líder que impulsó y logró cambios que venían gestándose desde tiempo atrás, pero el inmediatismo humano no alcanza a visibilizar desde una panorámica más alta, que necesitó de compañeros de lucha, de soldados, de multitudes que pensaran como él. La Revolución Liberal no fue sólo de Alfaro: Fue de un país en busca de su liberación: mestizos, indios, negros y montubios tumbando a costa de sus vidas el muro de la vergüenza de su raza, de su indolencia, agazapadas en sus mentes, que oprimían más que sus verdugos porque maniataban. Eso fue, en el fondo, la Revolución Liberal para quienes murieron por ella y para sus doctrinarios. Sin todos ellos, no estaríamos hablando ahora de tal revolución.

Pero la tendencia humana es olvidar la esencia de las cosas, y más aún cuando conviene hacerlo.

Luego se sucedieron gobiernos que lentamente pero con paso regular, han ido restituyendo prebendas a una iglesia que no recuerda los preceptos de su principal Pastor.

Valga el cura Flores, como una sola muestra (precisa en todos sentidos, eso sí) de la descomposición visceral del clero.

Pero para terminar, es imprescindible mirarnos desde atrás.

Al igual que en época de Alfaro, la Revolución no perteneció a un solo hombre y hoy ocurre igual: La Revolución Ciudadana es producto de la lucha de los Forajidos, es un proceso colectivo que todos los actores contemporáneos estamos construyendo, y su éxito depende de nosotros, no del gobierno de turno, que tiene necesidad de ajustarse al proceso, o quedarse atrás con sus a ratos oscuros e incomprensibles intereses, porque el tren de la historia seguirá su camino con o sin ellos.