Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, 2a. parte

mayo 20, 2009

Un poco de genealogía.

De España y su conflicto de origen precisamente viene el prejuicio que se extendió a los aborígenes americanos en cuanto los conquistadores pusieron pie en estas tierras, y dura hasta nuestros días en ambos lados del Atlántico, porque ni aquí ni allá se ha asumido en su justa y natural dimensión la diversidad del origen, pues allá se niega la fusión de sangre con el pueblo árabe (luego de varios siglos de convivencia con el conquistador moro) tal como ocurre acá con la fusión entre europeos y las culturas americanas, en una exhibición dramática de ignorancia garrafal, pues evidentemente se desconoce que a lo largo de la historia, todas las culturas se han ido integrando con lazos de sangre, ya sean “nobles” o “plebeyos”, por lo que el término mestizaje no deja de tener una connotación discriminatoria, puesto que parte de la premisa de una concepción de la humanidad a partir de razas ‘puras’ más o menos recientes[1], hecho del todo imposible por razones genéticas, para empezar. Es decir, no se mira a la humanidad  y su Memoria en decurso natural, sino que se la contempla oblicuamente, validando de manera implícita las esquizofrénicas teorías del Nacional Socialismo alemán que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.

Como decía, las culturas originarias debieron establecer nexos de sangre con sus vecinos, por razones políticas y sociales, procurando evitar las ya mencionadas anomalías genéticas, que no eran en absoluto desconocidas en esa época, pero de manera empírica, debido a la comprensión de que podían ocurrir malformaciones congénitas por enlaces con parientes cercanos [2]. Las razas ‘puras’ sólo pudieron existir en el remoto pasado, hace cientos de miles de años o aún más, pero la dinámica de la vida sobre el planeta inició espontáneamente el proceso de fusión intercultural, empezando por las tribus nómadas, que finalmente formaron naciones. Paralelamente los intereses políticos y/o los cambios climáticos iniciaron la migración/conquista de nuevos territorios, y fue así como se consolidó en vastas zonas esta fusión intercultural. El ‘mestizaje’, es un término peyorativo o más bien eufemista que pasa por alto los razonamientos previos y menosprecia la historia de la humanidad supeditándola al interés del imperio de turno y a la megalomanía de la civilización occidental y su fanatismo incurable. Las culturas aborígenes americanas son originarias desde el punto de vista europacentrista, puesto que también en América se vivieron procesos similares de fusión intercultural entre las diversas civilizaciones y pueblos de la región. La interculturalidad es un fenómeno humano milenario, pieza clave de la evolución de las ciencias formales, y de las artes[3].

Finalmente, la concepción de una estirpe común europea que dio origen al pueblo ario, es tan mítica y absurda como la existencia de los dioses olímpicos. El verdadero problema no está en el fondo, sino en la forma, porque simplemente se analiza de manera frívola lo que miran los ojos: el color de la piel. Como decía Alejo Carpentier:

“… Y qué cosa es la cuenca mediterránea, sino el crisol del mestizaje más fabuloso y más tremendo de la historia…”

Sugiero ver el vídeo adjunto. Pero volvamos al tema de este análisis.

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[1] El término apropiado no es ‘puras’, sino originarias, palabra que coloca en su lugar científico al análisis. Para algunos, la “raza aria” fue ‘pura’, hasta antes de la conquista árabe de la península ibérica, pero en realidad se trata de desconocimiento y manipulación de la historia, porque siempre hubo migraciones dentro de Europa y entre Asia (enlace comercial), África (Cleopatra, p.e., visitó Roma acompañada de Julio César, y obviamente no llegó sola, sino acompañada de su corte femenina) y Europa, lo que desmitifica el fantasioso concepto de raza aria, que varios financistas norteamericanos fanáticos según Antony Sutton, han impulsado desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad.

[2] Véase Endogamia en la Wikipedia. Por razones de interés político y de dominación, muchas castas europeas han padecido en carne propia problemas de salud debido a tal supuesta necesidad de enlazarse entre parientes cercanos para conservar el poder. Los casos más famosos son los de castas prominentes del feudalismo europeo: Los Borbón y los Habsburgo, siendo este último caso el más notorio y documentado de endogamia.

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Opinión de Alejo Carpentier sobre el ‘mestizaje’.

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[3] Composición de un afroamericano que definió el estilo musical de la música contemporánea: Scott Joplin.

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Tema de la próxima entrega: Hermano envidioso.

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Juan Paz y Miño: El discreto encanto de la burguesía

marzo 30, 2009

pazyminoEn 1972, el Oscar a la mejor película extranjera fue para “El discreto encanto de la burguesía”, de Luis Buñuel (1900-1983). En ella el director español ridiculiza a la aristocracia y retrata, en forma sarcástica e irónica, a la burguesía. Aparece una clase llena de prejuicios, incapaz de superar la ridícula autoestima de su origen y posición social, que se reproduce en sus propios círculos de apellidos y méritos existenciales, atrapada en las propias autoestimas y adulaciones, en la fatuidad de su poder económico, en las apariencias de su supuesta erudición y cultura, tanto como en la vana superioridad que cree le rodea, escondida en la etiqueta de relumbrón, los costosos trajes, alcobas y salas que sigue en sus sueños. Una burguesía que, con su alcurnia hipócrita, va sin rumbo cierto, sin fin. Camina y camina…

Desde que la ví, la película de Buñuel me ha parecido digna de la burguesía ecuatoriana. Uno de sus retratos más aplicables, por la cercanía de los comportamientos y de la “cultura” que sigue caracterizando a nuestras elites más encumbradas por el poder económico o social. Rastros de esa formación histórica los tenemos en excelentes fuentes. Una de las más importantes, por ejemplo, las “Noticias secretas de América”, escritas por los marinos don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa, en el siglo XVIII. Además de sus magníficas descripciones sobre la economía, la sociedad y el poder en la Audiencia de Quito, ellos pintaron el comportamiento de las aristocracias locales, su incultura general y su vida aparentosa, casi en las mismas líneas que bien habrían servido de base para el guión de la película de Buñuel.

Desde ese pasado hasta el presente, las cosas no parecen haber cambiado en su espíritu esencial. En los días pasados escuchaba en una radio local las intervenciones de unos selectos personajes que hablaban sobre la “responsabilidad social empresarial”. Se ufanaban de cómo enfrentar los riesgos, los “valores” que la empresa debe transmitir, los compromisos “éticos” internos, los controles de calidad y sobre los impactos para el medio ambiente, la competitividad responsable, etc. Casi ni una sílaba sobre los trabajadores, a no ser para reclamar la necesidad de su “identidad” con la empresa. Nada sobre mejorar salarios, promover el bienestar laboral, respetar e incluso aumentar derechos, fortalecer la seguridad social. ¿De qué “responsabilidad social empresarial” hablan?

Y en las últimas semanas ha sido fabulosa la creación de mitos para el combate político: que la dolarización va a caer, que solo se sostiene hasta mayo, que han llegado contenedores con la nueva moneda, que es preferible votar por un corrupto antes que por un déspota, que la patria se derrumba económicamente, que hay que apuntar al “segundo” (¿Lucio o Alvarito?) y así por el estilo. Todo ello se conversa y se disfruta a nivel de nuestras burguesías y se corre como rumor a toda escala. Lo interesante es que esas elites se convencen a sí mismas de todo ello. A lo Buñuel. Y creo que es bueno que así ocurra. Caminan y caminan…