Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. V

marzo 22, 2009

IV. Una “torpe” decisión: La candidatura a concejal.

Pero, ¿por qué era tan importante pertenecer a la Dirección Provincial? Me preguntaba ingenuamente, lo juro. Sólo en cuanto los hechos se consumaron logré entender las razones. Lo que noté de inmediato es que aquello era un círculo cerrado, que nadie estaba dispuesto a dejar entrar a nadie más, y menos a abandonar su posición. Las caras eran hoscas y la mayoría de ellos mantenía una actitud poco comunicativa. Ni hablar de los aires de superioridad de algunos y algunas, gente con problemas de personalidad. Estos últimos eran personas que ya estaba trabajando para el gobierno en cualquier dependencia del Estado.

Lo que en realidad me indignó fue el notar en esta gente un egoísmo tan profundo, tan primitivo y deleznable, que ni siquiera miraban a su alrededor (o si lo hacían les tenía muy sin cuidado) para contemplar la desdichada situación de desempleo de determinados compañeros, para compadecerse de ellos y alegrarse de su propia fortuna, sino que se aprovechaban de su transitoria posición de emplead@s gubernamentales para asumir y mostrar a los demás en su actitud, que eran “mejores” que el resto, que tenían control sobre algo y que debían ser tratados con mucho miramiento. Y aún se llenan la boca con la palabra ‘compañerito’, siempre a flor de labios. ¡Vaya compañerismo! A esa fauna llamo los pavorreales del M. País: mucho ruido y poco duende. ¡Vaya miembros de una revolución!

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bonil022209_620_493Estando indeciso sobre la verdadera situación en la que me encontraba en la comisión de Capacitación Política para Líderes Sociales, decidí hablar con el coordinador del área de Capacitación Política de la Dirección Provincial (no recuerdo su nombre) sobre nuestros planes, por conocer su actitud, sobre todo porque se me había metido en la cabeza que la idea de Germán Espinoza de crear esta nueva comisión, no era tan inocente que digamos, y sus propósitos eran múltiples. Ignoro cuáles hayan sido sus objetivos personales, pero en cuanto a las consecuencias políticas internas, podía percibirse el afán de construir una nueva tendencia digamos progresista al interior del Movimiento, que reordenara el tablero puertas adentro, agrupando a las bases en torno a un proyecto político incluyente, que luego presionara para que la revolución empiece por casa, como dije antes.

El coordinador se manifestó sorprendido, y al ofrecerle mi ayuda para trabajar conjuntamente, argumentó que este asunto debían tratarlo en la Dirección Provincial, que ya existía un plan establecido e incluso un manual de capacitación. Ante tal respuesta le pedí que me invite a la reunión en que traten el tema, para exponer nuestros puntos de vista y compartir nuestros planes. Ni siquiera respondió. Simplemente se alejó sin decir palabra. Con ese antecedente, estuve atento a la convocatoria de la siguiente reunión, a la que asistí por desentrañar de una vez por todas, la razón de la existencia de la Comisión que había conformado con nosotros Germán, además de adentrarme en los entresijos del famoso Secretariado Provincial.

Luego las cosas fueron de brinco en brinco hasta que finalmente renuncié a la dichosa comisión de capacitación política, al percatarme de que estaba en mitad de una guerra de facciones y de que nada creativo iba a desprenderse de esa situación, considerando además que sólo estaba creándome antipatías y rencores gratuitos.

Pocas semanas después me enteré de que Germán Espinoza había sido removido y en su lugar colocaron a Wilson Flores como nuevo Director Provincial. A Flores lo conocí durante una “asamblea” que se realizó en Conocoto, convocada por Pablo B., quien fungía como coordinador del Secretariado de Conocoto hasta entonces y con quien había trabajado durante más de un año, como expliqué en el capítulo anterior. Su nombre lo pongo específicamente por razones de fluidez del relato, porque su importancia en el contexto general es simplemente la de una persona que obedece órdenes que vienen de un nivel superior, pero que en el contexto pareciera tener un rol protagónico que en realidad nunca tuvo, aunque en esas circunstancias lo ignoraba por completo, pues pensé que actuaba por cuenta propia. La amiga que he referido (la que quería terciar para la Junta Parroquial), a la que llamaré Martha P., es el otro personaje del contexto de Conocoto. Finalmente, para completar el elenco, mencionaré a dos personas más, la última de ellas clave para que las cosas terminaran del modo en que terminaron: Verónica S. y Sara Nolasco. A todas las personas de importancia secundaria en el relato, las mencionaré en adelante únicamente por su nombre de pila y una inicial que podría o no corresponder a su apellido verdadero. El resto simplemente, o se metieron por la ventana o no viene al caso mencionarlos.

A Sara la conocí en la misma reunión informativa realizada en el Jaques-Dalcroze en la que conocí a Germán Espinoza. Me pareció una persona agradable y experimentada. Ella me invitó a un taller de liderazgo que finalmente no se realizó o se arrepintió de haberme invitado. Hasta allí el trato que tuve con ella. Pero volvamos al tema de la capacitación política previa a la campaña en Conocoto.

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Allí, concretamente en la escuela Abelardo Flores, se efectuó algunas semanas más tarde el segundo taller de capacitación política, dentro de una serie de al menos 5 que planifiqué realizar con el objetivo, como quedó ya mencionado, de enrolar a nuevos miembros al proceso de la Revolución Ciudadana, además de articular una red de simpatizantes de la candidatura de Martha, la amiga que tenía interés en participar como precandidata a miembro de la Junta Parroquial.

En realidad el segundo taller tuvo mucha menos acogida que el primero, por lo que asumí que fallé en el temario o la exposición, y en consecuencia trabajé más en ambas cosas, motivando siempre la participación de los asistentes y trabajando en pro de su autoestima. El proceso se veía prometedor y empezó a despertar celos en algunos miembros del Secretariado de Conocoto, en especial, ¡cómo no!, en aquellos que se metieron por la ventana y que ahora estaban casi todos, de precandidatos a miembros de la Junta Parroquial. Uno de ellos, llamado Amílcar, al que se nombró coordinador en la ‘asamblea’ más que polémica en la que conocí a Wilson Flores, era el único que no entró al arena electoral, entiendo que por voluntad personal, aunque más bien daba la impresión del afán por crear en su persona a un interlocutor “imparcial” para las inevitables confrontaciones políticas que se vivían durante cada reunión en esas semanas, asunto que no logró del todo, por las circunstancias en que entraron las últimas personas, incluido él, a quien no conocía de antes ni lo había visto en alguna reunión previa.

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Marcha en homenaje al Día del Trabajo. Fuente: rafaelcorrea.com

Lo que molestaba a los que estuvimos desde el principio fue el ver que esas personas trajeron barras propias para hacerse nombrar miembros del secretariado, y a muchos ni siquiera tenía el gusto de conocer, ¡luego de más de dos años de iniciado el secretariado de Conocoto! Es por eso que me resisto a afirmar que aquello fue una verdadera Asamblea.

Todo esto empezó a despertar en mí cierto cinismo que al principio asumí como respuesta a la manera descarada en que se metió en tropel la gente al secretariado de Conocoto, en cuanto se enteraron de que iniciaríamos el proceso de las primarias (alrededor de diez personas, y todos querían ser candidatos a la Junta, excepto el mencionado Amílcar).

Sentía asco y frustración al constatar que efectivamente, tal como en los tiempos de la partidocracia, que ilusamente creí cosa del pasado, volvía a ocurrir en mis propias narices la misma historia. Puse el grito en el cielo ante Pablo B. El tipo parecía no salir de la estupefacción y decía que iba a hacer todo lo posible por poner las cosas en orden, pero que la culpa fue de Wilson Flores, que facilitó el caos y que la gente hiciera lo que le vino en gana en la ‘asamblea’. Luego hablé con Martha P. y ella, echando lumbre por los ojos, culpaba a Pablo de haberse dejado mangonear como guagua por Flores, en lugar de ponerlo en su sitio y dirigir él la asamblea. Como testigo de cargo, debo manifestar que efectivamente ocurrió así, aunque ahora no estoy seguro si fue debilidad o acto premeditado. Pero de lo que sí estoy seguro es de que el cinismo, mi propio cinismo, empezó a convertirse sutilmente en un componente infaltable de mi diario trajinar.

La candidatura.

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Cesar Cabrera (presidente CONFEUNASSC) y Carmen Lozano (dirigenta ECUARUNARI). Fuente: Indymedia

En mitad de esa tolvanera, recibí invitación de un amigo, ejecutivo del Seguro Social Campesino, para reunirnos y conversar sobre política. Con Jorge nos conocimos por Rodrigo Collahuazo, dirigente de la Confederación Nacional del Seguro Social Campesino, CONFEUNASSC, organización social con la que tiempo atrás estuvimos trabajando en un proyecto de Comercio Justo. Precisamente, Jorge encajó como anillo al dedo en ese proyecto, pues era presidente de un barrio populoso del sur de Quito y mi propuesta era enlazar a un grupo de pequeños y medianos productores, con un colectivo de consumidores de Quito. Llevábamos algún trabajo realizado en ese sentido, incluido un estudio sobre hábitos y necesidades de consumo, gracias a su gestión y a la ayuda de un compañero de trabajo suyo. Por mi parte había conseguido adelantar que el Municipio de Quito ofreciera el Mercado del barrio para ejecutar allí el proyecto. En realidad la razón de que se detuviese un proyecto tan ambicioso estuvo en la distinta visión existente, sobre la comercialización, entre el cabildo y quienes formamos aún parte de ese proyecto, pues esencialmente consiste en que el propio barrio se convierte en accionista del mercado (supermercado), a través de cada uno de sus vecinos, mientras que el Municipio proponía algo más bien folklórico y sin una salida que ofreciera opciones de sustento para un barrio en el que viven 1500 familias.

En la reunión que sostuvimos, él me manifestó su sorpresa por el hecho de que no estuviera de candidato a concejal, pues tal posibilidad sería clave para la consecución de nuestro proyecto. Incluso mencionó que muchos de los vecinos del barrio apoyaban tal idea y que el resto lo haría sin duda. Fue así como acepté entrar en una contienda que me llevó a conocerme aún más, a conocer la naturaleza humana a calzón quitado, y a observar finalmente la historia del Ecuador profundo al que se refieren algunos políticos, pero esta vez no miré la pobreza material de nosotros, de nuestra gente. Pude ver la miseria interior: la mía y la de mis paisanos.


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. IV

marzo 10, 2009

III. La práctica política: La Dirección Provincial del Movimiento.

Luego de conocer al Secretario Provincial de entonces (Germán Espinoza) en el taller informativo sobre la nueva estructura del Movimiento, le pedí participar en un proceso de capacitación política para “líderes y miembros de las Bases” que él propuso en el colegio Jaques-Dalcroze a todos los participantes del taller. El plan de Espinoza era sencillo pero eficaz: trabajar con los diversos tipos de organización social, con el fin de establecer alianzas fuertes, empezando por la capacitación política; yo propuse ampliar el rango de acción hacia temas de impacto social, lo que redundaría en confianza y acercamiento por parte de los miembros de las diversas comunidades. En definitiva, el proceso debía integrar a la gente común al proceso de la Revolución Ciudadana, para consolidarla en el corazón del pueblo. Un corolario crucial era la visibilización de nuevos líderes en el escenario político, sin las mañas de los políticos viejos y de “medio uso”.

En la siguiente reunión, frente a cerca de 20 personas que invitó la Dirección Provincial para empezar el Proceso de Capacitación Política de Líderes del Movimiento País, él mismo sugirió mi nombre para coordinarla, y formamos la Comisión con los asistentes. El detalle que desconocía yo en ese momento es que había otra Comisión de Capacitación Política, y que se empezaría a levantar polvareda por nuestro trabajo, simplemente porque era efectivo y nunca se persiguió un nombramiento en la Dirección Provincial como finalidad, sino que se quiso iniciar un trabajo eficaz y efectivo que nos lleve a realizar el concepto de revolución urbana, desde la visión personal que ya comenté anteriormente y que era compartida por todas las personas que conformamos el grupo de trabajo de capacitación. El trabajo de capacitación con los campesinos no fue contemplado ni siquiera como proyecto posterior, lo cual es comprensible, dado el rango de acción de la Provincial, cuyo núcleo duro estaba en Quito.

Algo que me sorprendió en esas circunstancias, y con ocasión de mi asistencia a una reunión de la Provincial (me refiero a la primera vez que asistí a una junta de la Dirección Provincial), fue que el ambiente lucía totalmente distinto a los espacios a los que me había habituado. Al principio supuse que fue impresión mía, pero tuve la sensación de que las treinta y tantas personas que estuvieron allí esa noche, tenían muy poco interés por la Revolución en sí. Y pude comprobarlo inmediatamente, al escuchar las exposiciones de los asistentes.

Se buscaba ante todo figurar y concretar intereses personales o de pequeños grupos. El conjunto carecía totalmente de compromiso político y aquí viene un ejemplo.

La reunión trataba sobre las metodologías que debían usarse para multiplicar las “células” o centrales del Movimiento en toda la ciudad y sus parroquias, con el fin de integrar a las grandes masas al Movimiento País en la provincia de Pichincha. Naturalmente, eran necesarios los oficios de cada uno de los representantes de la Provincial, que habían llegado a esa posición, según supe, argumentando ser líderes de colectivos de diverso tamaño, pero resulta que varios de ellos sólo se representaban a sí mismos, o a lo sumo a su familia, y esto último ni siquiera en todos los casos…

En cuanto se trató sobre la jurisdicción de cada central se entabló una polémica sobre cuál era la mejor manera de distribuir los territorios para coordinarlos, aunque Germán zanjó rápidamente mencionando que previamente se había decidido utilizar el mismo esquema que el Municipio de Quito. Pero la palabra coordinación levantó de inmediato miradas codiciosas y exigencias por el poder. Por todo eso concluyo que no existía un auténtico compromiso con la Revolución.

Mientras tanto, empecé el trabajo de capacitación política en barrios con mis nuevos compañeros, a los que fui conociendo y apreciando como amigos, en el ínterin. Si algo tiene de bueno el voluntariado político es que conoces muchísima gente de todo tipo. Preparé pequeños talleres sobre los modos productivos a través de la historia occidental, matizándolos con la entrañable cosmovisión indígena, hasta llegar al socialismo del siglo 21, incluyendo la propuesta productiva de mi cosecha mencionada antes, que viene a ser una aplicación práctica del mencionado socialismo. Todos los miembros de la Comisión se esmeraron en preparar métodos, varios de ellos realmente originales y útiles para el fin de la capacitación.

Luego asistí a otra reunión del Secretariado Provincial, y la historia de la vez anterior volvió a repetirse, con la novedad adicional de que el trabajo de capacitación política que habíamos emprendido con la anuencia y apoyo del Director Provincial, era muy mal visto por los miembros del secretariado, sobre todo por nuestras “exóticas” ideas de impulsar la elección, a corto plazo, de nuevos miembros del Secretariado, con un proceso que involucre a “las bases” del movimiento. Finalmente el mismo Director Provincial desarticuló las brigadas de Capacitación Política y por último fue destituido de su cargo. No estoy seguro de las razones que la gente argumentó para su salida; sólo sé que tuvo el interés de crear conciencia política y cambios, aunque se afirma que buscó siempre aglutinar gente para intereses personales. Me pregunto cuáles, porque encontré siempre en él a un hombre convencido de la revolución y a un amigo razonablemente sincero, aunque no todas las personas que lo rodeaban estuvieran de acuerdo en cuanto a su sinceridad. Se habló de que estuvo preparando el camino para su campaña como candidato a asambleísta.

Su salida, pienso ahora, no fue tanto por sus intenciones de convertir al Movimiento País, a través del Secretariado Provincial de Pichincha, en la primera organización política del país en convocar a elecciones internas transparentes, pese a las órdenes del Secretariado Nacional, que si bien escuchaban (de buen o mal modo) las voces de sus compañeros y compañeras de “abajo”, crearon un reglamento que poco tenía de democrático para el ordenamiento interno. Es decir: empezaba a divisarse vagamente el fantasma de la partidocracia ¡al interior del movimiento que impulsaba la Revolución Ciudadana!

Pero a la vez mostraban señales de apertura, mencionando, por ejemplo, aquello mencionado antes, de que la designación a dedo era indispensable únicamente por esta vez, porque apenas si estábamos empezando a organizarnos. Eso aplacaba los ánimos, pero dejaba abierta de par en par la expectativa por ver el curso de los acontecimientos futuros a mediano y corto plazo. Como decía, la salida de Germán Espinoza, a mi parecer, no fue tanto por las razones mencionadas, sino porque un viejo político, apartado del movimiento por su maniqueísmo y su macabro talento para el amarre, la trinca y el negociado, hizo acto de presencia, con el fin de organizar una nueva mafia electorera, cuya red finalmente aterrice en los cargos públicos próximos a elegirse, utilizando (este <<utilizando>> en su peor sentido) el método de elecciones primarias para legitimar algo que con el tiempo terminaría como terminó finalmente.

Mientras tanto en Conocoto, una autoridad política a la que consideraba amiga mía, me llamó una tarde para solicitar apoyo para su campaña a la Junta Parroquial. Ella y yo habíamos trabajado junto al Coordinador desde el principio y siempre pensé que su visión podría hacer un magnífico papel en tal cargo, así que acepté coordinar su campaña.
En absoluto es miedo lo que me mueve a omitir ciertos nombres. Me abstengo de publicarlos por no dar excesiva importancia a las personas, cuanto a las circunstancias políticas que quiero mostrar y que representan la finalidad de esta crónica, porque el objetivo es mostrar el estado de madurez (o inmadurez) del escenario político que conocí, sin caer en el mismo juego, aprovechando este medio para ajustar cuentas con nadie.
Inicié de inmediato un proceso de capacitación política con los líderes barriales que mi amiga estimó pertinente invitar. El objetivo de la capacitación era llevar la Revolución a los barrios de Conocoto, y preparar el camino para la elección de los miembros de la Junta Parroquial.