Mario Unda: ¿Giro a la derecha?

enero 20, 2009

Entre la crisis y las elecciones

La derechización del gobierno y el peligro de derechización de la izquierda radical

En el éxtasis del triunfo, el presidente Correa hacía su balance de los resultados del referéndum aprobatorio de la nueva constitución. Fue a fines de septiembre del 2008. La derecha, dijo, está derrotada, y de inmediato fijó los nuevos adversarios: la “izquierda infantil”, los “ecologistas infantiles”, “el indigenismo infantil”; es decir, todo aquello que tiene la pretensión de moverse a su izquierda de modo más o menos organizado y más o menos autónomo. Como análisis resulta cuando menos apresurado –como no tardaría en verse–, pero como consigna y palabra de orden tiene la virtud de marcar de modo inequívoco el arranque de un nuevo rumbo político.

La derecha-derecha

Es cierto que las derechas han sufrido una serie de derrotas electorales. 4 consecutivas a partir de la segunda vuelta electoral del 2006. Las derechas han sido derrotadas, y esto fue así tanto para los dos bloques de sus partidos “tradicionales” (PSC+UDC+ID; PRIAN+PSP+PRE), como para sus nuevas formaciones políticas (Futuro Ya, Uno, Concertación Nacional, etc.). Incluso para aquellos que otrora se presentaban como el “poder moral”: las grandes empresas de comunicación y las jerarquías eclesiásticas. Quizás la derrota más dura fue la del referéndum aprobatorio de la nueva Constitución, porque allí, como nunca antes, se presentó abiertamente como bloque… y fue derrotada en bloque.

Sin embargo, vale hacer algunas puntualizaciones, precisamente para esas últimas elecciones. En primer lugar, la derecha mantuvo dos reductos electorales que no dejan de tener significación: Guayaquil, la ciudad más poblada del país; y la provincia del Napo, cuya importancia está ligada a la explotación petrolera (igual que Sucumbíos y Orellana).

En segundo lugar, que la votación que la derecha pudo movilizar en contra de la esperanza del cambio prácticamente se duplicó, si la comparamos con la votación obtenida unos pocos meses antes para conformar la Asamblea Constituyente. Si bien no le alcanzó para impedir la aprobación de la nueva Constitución, el significado de un incremento de ese nivel no puede ignorarse a la ligera: pues significa que hay una reserva de conciencia conservadora en la ciudadanía, aunque por ahora sea menor que la voluntad de cambiar.

Finalmente, hay un hecho que no puede olvidarse. La derrota de la derecha fue una derrota política. Quizás, con más precisión, una derrota a sus formas políticas visibles. Pero su poder no reside fundamentalmente allí, sino en control de la economía, que no ha sido tocado en lo sustancial. Y eso se vio de modo claro en la ofensiva de diciembre. La Asociación de Bancos Privados, el Comité Empresarial y la Federación de Cámaras enfilaron sus disparos contra el gobierno acusándole de ser el causante de la crisis y de la inflación, sobre todo del incremento de los precios de los alimentos, que han sido los más significativos, una campaña a la que se unió –cómo no– la prensa. La crisis fue el pretexto; hacer retroceder al régimen fue el objetivo: volver a plantear como única salida posible el recetario neoliberal y, en lo inmediato, modificar la ley de seguridad financiera. Tuvieron éxito porque Correa decidió recular en cuanto a la ley.

En fin: la derecha, como se preveía, prefiere ahora enfrentar las elecciones generales de abril bajo un ropaje “ciudadano”, de siglas y nombres nuevos, poniendo en segundo plano las formas políticas que se ganaron con justicia el desprecio de la gente.

El gobierno y sus desplazamientos a la derecha

La crisis es un punto de quiebre; pero los primeros pasos vienen de atrás. El desplazamiento tiene varios componentes, más antiguos, unos; recientes, otros. Entre los primeros, se encuentra el ataque y la deslegitimación de la protesta social y de los propios movimientos, el empeño en aprobar una ley minera que pone énfasis en la presencia de compañías transnacionales, o el marcado personalismo caudillista del régimen. Entre los segundos, la moderación de las reformas y de los intentos de redistribución social, o la utilización de la crisis para rearmar el mapa de relaciones y alianzas, especialmente con los grandes grupos económicos.

En efecto, el gobierno había iniciado relativamente temprano su distanciamiento y, en seguida, su enfrentamiento con los movimientos sociales. La elaboración de las listas para elegir asambleístas fue la ocasión de hacer patente el distanciamiento: el gobierno desechó las alianzas con los movimientos sociales más organizados y con mayor capacidad de convocatoria y de propuestas autónomas. Optó, en cambio, por atraer a organizaciones menores. Se decía que era una secuela de la falta de apoyo de los movimientos a la candidatura inicial de Correa. Pudo haber sido. Pero todo eso no fue más que el inicio de desencuentros más profundos. Detrás de las apariencias y por debajo de la superficie, no todo era cuestión del sectarismo y los malos cálculos de unos, o de las prevenciones y la personalidad de los otros.

Las discusiones (o falta de discusiones, según el caso) durante la Asamblea Constituyente, tanto para la aprobación de los mandatos como para la redacción de la nueva Constitución mostraron ciertos puntos (importantes) de coincidencia: en lo tocante a la eliminación de las aristas más brutales del neoliberalismo; en torno a la soberanía y la prohibición de bases extranjeras; en cuanto a la recuperación de las capacidades del Estado, sobre todo en lo atinente a planificación y políticas sociales.

Pero, al mismo tiempo, la Asamblea mostró que las distancias ya no eran sólo electorales: se trataba de distanciamientos programáticos: las limitaciones al derecho de sindicalización y de huelga, el tratamiento del agua y la minería, en fin: la democracia. Convergencias y divergencias de dos proyectos cercanos, pero distintos. Entre ellos, la brecha ha ido creciendo.

De este modo, las posibilidades iniciales de confluencia fueron dando paso a los desencuentros y a los enfrentamientos. Muy pronto Correa pasó a la ofensiva y comenzó a atacar a los movimientos y organizaciones: los indígenas, los ecologistas, los sindicatos. En todos los casos, su discurso se dirigió a deslegitimar a los movimientos frente al resto de la sociedad. Los sindicalistas defienden prebendas, los ecologistas son infantiles, al igual que los indígenas. Por último, las comunidades que salen a protestar contra la aprobación de la ley de minería son “canallas y criminales”, como habían sido “terroristas” los pobladores de Dayuma, en la Amazonía.

Unos y otros son presentados como objeto de manipulación política y como enemigos de la “revolución ciudadana”. A unos y a otros se los reprime violentamente, se los somete al escarnio público en cadenas de radio y televisión, se les inicia juicios por intento de asesinato. Deslegitimación, criminalización y judicialización de la protesta social.

La conclusión es que el gobierno pretende aislar a los movimientos más radicalizados; y no sólo eso: enfrentarlos a la gran masa desorganizada, que todavía se encuentra bajo el influjo de su discurso caudillista. Desde esta perspectiva hay que analizar el autoritarismo de Correa y su limitada comprensión de la democracia, reducida al padre severo que imparte justicia tras haber recibido de su pueblo el mandato de hacerlo. Con su enfrentamiento a los movimientos sociales, con el modo de hacerlo, y con los contenidos que conlleva, el presidente se basa y refuerza las tendencias antidemocráticas que existen en la conciencia social (aquellas que añoran mano fuerte, indistintamente de si es de derecha o de izquierda).

Pero, ¿hay una vuelta al pasado neoliberal? O, peor aún, ¿es que nunca salimos de él y fue todo un espejismo? Como poco, hay que decir que es demasiado pronto para extraer una conclusión así. El proyecto del gobierno fue siempre una reforma capitalista. No hay por lo tanto un abandono del proyecto inicial, sino simplemente un desplazamiento hacia la derecha dentro del mismo marco que se estableció desde enero del 2007. El gobierno continúa en un rumbo desarrollista, neokeynesiano. Continúa reforzando al Estado y sus funciones. Sigue utilizando la inversión pública como motor de la marcha económica. No avanza en la redistribución social, pero tampoco retrocede (y la utiliza como mecanismo de legitimación política), e incluso anuncia una nueva reforma agraria. No se han abandonado los programas sociales, aunque tampoco se los transforma radicalmente. Y se mantiene una política internacional que privilegia los bloques regionales y continúa alejada de los intereses de las grandes potencias, especialmente de Estados Unidos (incluyendo la tardía reacción frente a la criminal invasión israelita a la franja de Gaza). Todo esto, por cierto, dentro de determinados límites.

Ahora bien: se trata de un rumbo que se ha profundizado a partir de noviembre de 2008, a medida que el gobierno fue poniendo en marcha discursos y propuestas políticas para enfrentar la crisis mundial. Este nuevo desplazamiento aparece claro en su relación con la burguesía. De partida: tratándose de un gobierno que impulsa un proyecto de reforma burguesa, requiere armar un marco de alianzas relativamente significativo con grandes grupos empresariales. Desde el inicio de su gestión, había enfrentado esta tarea suya construyendo cercanías por fuera del ámbito de aquellos sectores que, representados en las cámaras empresariales y en los partidos del establishment, habían privatizado en su beneficio la política y el Estado en estos últimos 30 años.

Sin embargo, la crisis ha mostrado una modificación en la política del gobierno hacia los grupos empresariales. Primero fue la reunión en Guayaquil, intermediada por los buenos oficios del Banco de Guayaquil. Allí mismo y después, las medidas que protegen al capital frente a la crisis (insistiendo, hay que reconocerlo, en fortalecer al capital productivo y en controlar el movimiento de capitales por parte de la banca, sobre todo los envíos al exterior). Luego vinieron aquellas otras medidas que ponen un freno a las tendencias redistributivas del gobierno: están simbolizadas en un incremento salarial que cubre apenas los efectos de la inflación. Después fue “recular” ante la presión de los gremios de los grandes bancos (apenas unos días después de haberlos amenazado… con la cárcel), dejando de lado su propuesta de poder invertir los fondos de seguridad financiera en la región. Salarios y banca: en ambos casos hablando de “tranquilizar” los mercados y de “no perjudicar” a los empresarios. ¿La crisis sirve para lanzar guiños a los empresarios e intentar ampliar la base de sus alianzas con los grandes grupos empresariales, incluidos aquellos que se sitúan en la oposición radical?

En estas circunstancias, tiene mucho más sentido el esfuerzo de Correa por desembarazarse de sus aliados de la izquierda. La primera escaramuza fue dentro de Alianza País. El ataque a los “infiltrados” que tenían “agenda propia” fue poner en cuarentena a las izquierdas internas que no habían perdido la perspectiva de algún cambio más profundo. Al mismo tiempo, todo ello le permite aumentar su poder personal dentro del heterogéneo movimiento oficialista. Sus integrantes saben su propia debilidad, entienden que sus posibilidades políticas están en la sombra de Correa. No lo estorbarán con inútiles opiniones en contra. Si todo esto sigue así, pronto no quedará más izquierda en el oficialismo que la izquierda sumisa. Una sumisión que no proviene de características psicológicas, sino del cálculo político oportunista, habilidad de la que ya dieron muestra durante el gobierno de Gutiérrez.

Lo propio puede decirse de sus empeños por desembarcar al MPD. Aunque el MPD no participa directamente en el gobierno, ha permanecido a sus costados a partir de la segunda vuelta electoral. Correa realiza sus mejores empeños: lanza dardos contra la UNE, amenaza con despedir a los maestros y a todo empleado público que proteste, pone en marcha provocaciones simbólicas, lanzándose duramente contra la izquierda y contra los movimientos sociales en su acostumbrado programa radial sabatino, emitido en esa ocasión desde La Habana. Pero no ha logrado coronar aún sus empeños con el éxito, pues el MPD persiste en brindarle su apoyo (“apoyo crítico”, según su más reciente resolución). Pero todo será cuestión de tiempo.

El peligro de derechización de la izquierda radical

¿Y las izquierdas radicales? Los riesgos de derechización no son nuevos en este campo, sobre todo en aquellos que van al ritmo de sus propias ilusiones. Un discurso radical sustentado en análisis simplificadores, en el desconocimiento de los avances producidos, en la identificación fácil de la política gubernamental con el neoliberalismo.

El ultracriticismo frente a Correa desde el inicio del gobierno las ha alejado sensiblemente de la conciencia de las mayorías que todavía identifican el cambio (y su propio despertar político) con el gobierno, con el presidente en persona, quizás con la “revolución ciudadana”, acaso con el “socialismo del siglo 21”. Sus errores de apreciación política y las ambiciones personales y de grupo los pagó con la bochornosa participación en las elecciones para asambleístas. Y por la misma vía transitaron varios grupos de esta corriente en el referéndum aprobatorio.

Ese riesgo no era más que impedirse a sí misma contribuir en la construcción de un campo político de izquierda radical fuera de los marcos de la cooptación gubernamental. Pero ahora los riesgos de derechización efectiva pueden ser reales y concretos: están en el escenario electoral. La candidatura de Martha Roldós puede ser un elemento de reagrupación de la izquierda y de recuperación de espacios políticos. Pero para eso tiene que desmarcarse claramente de la derecha; que es más fácil decirlo que hacerlo. Si esa candidatura aparece como una “iniciativa de la RED y de Polo Democrático”, a la que se suman organizaciones sociales y otros grupos menores, es evidente que el riesgo está en el propio origen.

Aunque Martha Roldós sea una persona de izquierda, el partido en el que está no lo es, y en estos últimos dos años ha derivado francamente hacia la derecha. Y su jefe reconocido, León Roldós, es el nexo con grandes grupos empresariales, sobre todo de la costa. Martha Roldós comenzó su anuncio presentándose como parte de las luchas sociales contra el gobierno: Dayuma, las luchas contra la minería… y los estudiantes de la Universidad Católica de Guayaquil, avanzada de la renovación de las élites políticas oligárquicas en esa ciudad. ¿Es esa la alianza que va a asegurar mejores días para la izquierda?

Más aún: si la derecha no logra cuajar una candidatura presidencial con ciertas opciones, ¿sería descabellado pensar que apoye, así sea de modo silencioso y encubierto, una candidatura que se presenta como una opción izquierdista a un gobierno que presume de izquierdas?

Las posibles ganancias electorales resultan tentadoras. Y son buenas. Siempre y cuando no se hipoteque en el camino la posibilidad de construir una clara política de independencia política y programática de clase.

Mario Unda

Viernes 16 de enero de 2009

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Eloy Alfaro Reyes: El deber ser de la política de izquierda, ÚLTIMA PARTE

diciembre 18, 2008
  1. El Eje de acumulación y las estrategias para redistribuir a todo costo

Analizando las apuestas económicas del régimen, la principal gira en torno a la obtención de recursos a través de la venta de recursos naturales para producir energía que requiere el desarrollado primer mundo capitalista. Es decir que el eje de acumulación del estado ecuatoriano son los recursos naturales (petróleo, minería básicamente), que pretende usarlos para consolidar la revolución ciudadana. Recursos que serán re distribuidos a través de la educación, salud, generación de empleo. Esto si bien en lo inmediato representa un importante apoyo para conseguir los cambios sociales que el país necesita, a la larga representan un atentado para la vida de todos y todas, por los efectos ambientales que la extracción de estos recursos implican. Se requiere entonces encontrar fuentes alternativas no extractivistas que garanticen la obtención de recursos para generar beneficios sociales. Mantener el crudo en el subsuelo, en este sentido, no deja por fuera la lógica del mercado, es decir no deja de ser neoliberal, aunque a primer vista parezca ser alternativa. Lo cierto es que la venta del CO2 no elimina el mercado, lo profundiza, llevándola a lugares donde no estuvo antes, es decir pone precio incluso a la naturaleza. He ahí el desafío.

Esta apuesta a la extracción de energía que hace el gobierno -incluso de manera violenta frente a la población local afectada por la extracción energética – da cuenta que, con el objetivo de sostener el eje de acumulación, para el régimen, el fin justifica los medios. El caso Dayuma es un claro ejemplo de ello.

Hay que partir de un hecho importante, la redistribución no necesariamente es una acción socialista, pues esta – la re distribución – implica que hay un centro que distribuye algo que estuvo represado en pocos. Implica también que hay una centralidad (de cualquier tipo) que tiene el poder y define criterios de distribución propios. Las propuestas socialistas radicales, ven a la centralidad, en este caso el Estado, no como el fín para lograr las transformaciones, sino como la herramienta. De ahí que la redistribución no necesariamente sea socialista. Tampoco la re distribución es el “objetivo socialista” a lograr, pues esto implica reconocer niveles de propiedad que el socialismo excluye.

Sin embargo de ello el país ha visto y principalmente las poblaciones más vulnerables han sentido, como la plata del petróleo (que los mismos de siempre decían que no había y que servía para pagar deuda externa) o los recursos de los impuestos, o la plata producto de las exportaciones, o la plata de las empresas estatales, etc que antes se iban a alimentar los bolsillos privados, ahora son usados a favor de importantes sectores empobrecidos del país, a través de mecanismos de redistribución que se expresan en aulas escolares, más maestros, médicos en áreas rurales, bonos de vivienda, micro créditos, etc. etc. Si bien estas no son acciones socialistas, significan importantes logros.

Aun que la siguiente afirmación resulte contradictoria al argumento anterior, en un sistema capitalista y estando metidos en un modelo neoliberal, el revertir los recursos económicos hacia la población, y no hacia el mercado (léase empresarios) es ya una acción revolucionaria, que siendo bien manejada y sostenida podría avanzar a desarrollar escenarios de cambios más radicales que lleven a políticas socialistas.

A más de la extracción de recursos naturales, el gobierno le apuesta a la apertura comercial con países asiáticos como mecanismo de obtención de recursos para acciones sociales; la construcción del Eje Multi modal Manta Manaos, es una muestra de la importancia que para este gobierno tiene la política de comercio exterior. En el futuro las rutas turísticas chinas incluirán, bañarse en las playas de la mitad del mundo, comer sopa de aleta de tiburón para potenciar las capacidades (viagra oceánico) y llegar con vigor a las playas de Ipanema y Copacabana.

Tercera parte

Tres miradas, tres actores, tres perspectivas

Esta parte analiza los actores del momento que vive el país, sus límites, sus alcances y condiciones actuales y futuras para desarrollar propuesta y posicionarse. Dejamos fuera de este análisis a la iglesia, que con su rol cómplice de silencio interesado o de participación directa en gobiernos anteriores, ha tenido mucho que hacer o decir de manera pública, en el momento actual su participación requiere análisis más profundos. Al igual que la fuerza armada que a diferencia de fuerzas similares de países vecinos, la ecuatoriana participa en la vida política y desarrollo del país, en esta ocasión a través del encargo recibido por el presidente para que la Marina dirija la principal empresa de petróleos del país. es decir no pretendemos plantear en esta líneas escenarios de actuación de la fuerza armada del Ecuador, pues más allá del encargo del presidente, está se ha mostrado obediente, incluso cuando por primera vez civiles, y mujeres ocupan el cargo de ministras de la Defensa. Las miradas planteadas son las siguientes:

1. El Proceso constituyente.

El Ecuador, solamente con Correa, no viviría un momento como el que vive, un proceso constituyente. Este se caracteriza por la posibilidad que tenemos de soñar en el país que queremos y de alguna manera ser partícipes de ello. ¿Pero como se ha dado este proceso y en donde se encuentra ahora?. Hay varios momentos de este proceso constituyente:

§ el primero de ellos se dio antes de la candidatura de Correa, este fue bandera de lucha de las movilizaciones de Abril del 2005 y de movimientos barriales que sostuvieron esta postura como suya.

§ Un segundo momento, es con la candidatura de Correa a la presidencia y posterior victoria electoral.

§ Una vez en el poder, se convoca a la constituyente con un estatuto. La mayoría de organizaciones sociales de izquierda y la derecha discuten y hacen propuesta sobre los contenidos del estatuto, con más o menos éxito. Muchas propuestas ni siquiera llegan a ser oídas.

§ Aceptada la asamblea, viene el referéndum para elegir a los asambleístas. En este momento es que el gobierno encarga a las universidades la redacción de una propuesta de constitución. Otra vez las organizaciones participan en el proceso, de igual manera muchas propuestas ni siquiera llegan a la comisión.

§ El actual momento es la instalación de la Asamblea constituyente con plenos poderes y una mayoría del 80% de asambleístas, que son parte del movimiento de gobierno. La particularidad de este momento es que la asamblea tiene plenos poderes, incluso más que el presidente y a la vez tiene la posibilidad de encaminar al Ecuador en un nuevo modelo de desarrollo.

Sin embargo a la asamblea aún le falta demostrar al pueblo ecuatoriano que tienen plenos poderes. Debería por ejemplo tener posturas firmes frente a la banca (tasas de interés) y la oligarquía financiera, persecución a los evasores, prisión a los corruptos, etc. es decir afectar efectivamente al poder, haciendo que cumplan las leyes que nunca han cumplido. Ese sería un indicador de real poder que el pueblo esperaría.

En resumen de todo el proceso constituyente, me parece importante rescatar la participación de la población en todas las etapas. Que haya sido escuchada o no, es otra cosa. Y otra muy distinta es que habiendo sido escuchada, las propuestas sean recogidas e incorporadas. La propuesta encargada por el gobierno al CONESUP en ese sentido tiene una de cal y otra de arena, lo que hace de esta propuesta, una propuesta Light. Carente de radicalidad, moderna, integradora, reivindicadora pero nada radical. Por ejemplo en lo que se refiere al nuevo modelo de desarrollo la postura no difiere del modelo económico de ahora. Esperamos que los plenos poderes sean para sentar bases para los cambios radicales y definitivos.

La asamblea dejó pasar un momento importante en el cual podía mostrar un horizonte de cambio. Este momento fue la ley tributaria recién aprobada y específicamente el artículo de la herencia, en el cual se buscaba gravar con un 70% a las herencias mayores de 500 mil dólares, es decir a los herederos ricos. El fondo de este artículo es gravar lo más alto posible a la posibilidad capitalista de perpetuar la inequidad. Una persona que hereda, no sólo que recibe bienes (dinero, herramientas, casas, tierra o lo que sea), sino que además recibe cosas que fueron obtenidas dentro de un sistema capitalista, donde es legítima la explotación, donde es legítima la inequidad, etc. entonces la herencia es el reflejo de este sistema que aparentemente es eterno, se proyecta al infinito.

Esta era la oportunidad para demostrar que aquello – la propiedad/herencia – que para la oligarquía es sagrado y eterno, así como el capitalismo, no son más que mecanismos que perpetúan la inequidad. Sin embargo la asamblea cedió a las presiones y aprobó el artículo dejándolo en 35% dejando de lado el argumento político que era lo importante.

Es de esperar por tanto que esta no sea la tónica de la asamblea, que tiene en sus manos no solo la oportunidad de cambiar el modelo de desarrollo, sino de enrumbar al país hacia un horizonte socialista.

2. La organización Social y perspectivas revolucionarias.

Hay un problema de fondo que es la estructura de los sujetos sociales en lucha, en el Ecuador no se ha logrado un proceso unitario de lucha, si de confluencias por ciertos temas (caída de gobiernos, TLC, OXY, etc.) pero, no hay procesos de unidad por horizontes estratégicos. Ello ha llevado a que haya una dispersión del bloque popular que ha hecho imposible cuajar propuestas consensuadas, quizá por que se miraba a la unidad como fin y no como herramienta.

En estos últimos 10 años hemos visto como el pueblo con los sectores de izquierda (indígenas, estudiantes, obreros), no ha logrado consolidar una estrategia real para llegar y sostener el poder. Partiendo por que, el objetivo de la lucha – como fin último – ha sido la toma del poder. La caída de varios gobiernos (en 1997, 2000, 2005) por el auge de la protesta social, no significó que el pueblo y los sectores de izquierda lleguen al poder, significó la salida de presidentes y el re cambio de dirección del país de sectores oligárquicos. La lucha social por defenestrar al presidente de turno como fin último de la protesta consolidó a la derecha en el poder, pues – hemos aprendido de la peor manera que – el poder no está en la casa de gobierno.

La capacidad de lucha de los sectores de izquierda, también se evidencia en otros momentos de confluencia, como la lucha contra el TLC, la salida de la petrolera OXY o el voto en contra de Álvaro Noboa que llevó a Correa al Poder. Es decir que los sectores sociales organizados y el pueblo, han demostrado que a pesar de tener condiciones para confluir y luchar juntas en momento determinado y con ello conseguir los resultados de la lucha, no tienen ninguna capacidad de sostener el Poder o conseguir con ello mejoras en las condiciones de vida. No se ha logrado consolidar las propuestas “alternativas y anticapitalistas” de las organizaciones sociales; por ejemplo la lucha contra el TLC no implicó que el gobierno de turno asumiera las propuestas alternativas de integración planteadas, o que los réditos de la petrolera OXY fueran dirigidos para mejorar las condiciones de educación o jubilación o salud del pueblo.

En los actuales momentos las organizaciones sociales y el pueblo, entregan al Estado la potestad de hacer la transformación, cuando el estado (y sus instituciones) son el instrumento desarrollado por los pueblos para que los cambios y transformaciones se hagan. Es decir las organizaciones sociales y el pueblo al entregar “los plenos poderes” para el cambio a la institucionalidad, deja de ser protagonista –gestora- de las transformaciones. Así las organizaciones sociales ponen los muertos y ponen la lucha, pero no hacen el cambio. Esto imposibilita que se construya Poder Popular. El estado es el medio, no el fín para lograr la revolución.

3. La Derecha y sus respuestas.

El presidente y algunos ministros se han empeñado en una lucha frontal, pero por el lado más débil contra la derecha – su propuesta ideológica – de esta lucha hasta ahora está victorioso. En este sentido el golpe ha sido real y concreto, así:

  1. la reducción de una porción importante de territorio de la provincia del Guayas, principal bastión de la derecha, a través de la creación de la Provincia 23, le quita fuerza a sus propuestas autonómicas.
  2. Se ha puesto en jaque a las instituciones autonómicas del Guayas, cuestionando su legitimidad y representación, así como su nulo rol autogestor.
  3. y a través del debate sobre la circulación por el Puente de la unidad nacional se ha debelado una serie de inequidades.

La oligarquía en los actuales momentos está buscando un asidero ideológico concreto, actualmente no tiene una construcción ideológica fuerte. Muestra de ello es el discurso que pone la identidad por delante, dejando de lado el debate ideológico. El eslogan de “lo que es con Guayaquil es con migo” demuestra que la lucha no es ideológica sino por referentes subjetivos, construidos desde el poder oligárquico y por tanto funcionales a él. Es decir la derecha ha reducido la lucha política a niveles primarios, reacciona frente a impulsos. A pesar de esa aparente debilidad, la derecha también golpea con un arma importante que el gobierno no ha podido controlar, los medios de comunicación. Se estrenan medios estatales como un periódico (que casi no circula en Quito la capital), el canal estatal recién inaugurado, no tiene programación y la radio nacional del Ecuador, no ha modificado su programación en los últimos 20 años.

¿realmente está derrotada la derecha? Una ilusión que puede convertirse en espejismo es que, la perdida de las elecciones de la derecha significa destrucción del poder real. Nada más errado. La derecha perdió la iniciativa, algo que se evidencia en la asamblea constituyente. No hay nada que haga contra peso a las propuestas del bloque de gobierno, ni una propuesta de peso. Pero el Poder sigue intacto en las cámaras de comercio, de agricultura, en la banca, etc.

La debilidad ideológica de la derecha se refleja en:

El discurso de la Autonomía ha quedado tan disminuido que no hay asidero para sostenerlo y defenderlo, este discurso no mueve a la masa, si a las clases medias.

La defensa del mercado como regulador que es el principio del neoliberalismo, ya no es argumento para la defensa o construcción de una oposición coherente.

La derecha empieza a golpear con la subida de precios de productos básicos, generando desempleo, creando desinformación y victimizándose. No hay que olvidar que este tipo de acciones desestabilizaron el gobierno de Allende y casi le cuestan el puesto a Chávez. Solo falta ver hasta donde van a elevar los precios y la reacción del pueblo.

Históricamente hemos visto como la oligarquía, a diferencia de la izquierda actúa de acuerdo a los intereses de clase, como un cuerpo, y eso la hace fuerte y peligrosa. Una constatación de esa alianza de clase se está fortaleciendo, es la fusión realizada por la joven derecha ecuatoriana expresada en el movimiento UNO. No sólo eso, sino que además se junta la banca de la sierra con el Banco del Pichincha y uno de los clubes deportivos más importantes de la costa: el Barcelona de Guayaquil ligado a las cámaras de comercio y otras. Esto quiere decir que la clase como unión social está vigente y que sus representantes, se rearman para defender y actuar de acuerdo a sus intereses de clase.

Lo que viene es que la derecha a través de los medios continuará golpeando para desprestigiar al movimiento popular, la lucha social, las posibilidades de cambios y defendiendo el estatus quo y sobre todo, desprestigiando cualquier cosa que parezca socialismo o comunismo o reales posibilidades de cambio.

A pesar de esta debilidad ideológica la derecha (a través del alcalde de Guayaquil) se anota un punto importante, al jalar al gobierno a una confrontación donde los dos bandos o caudillos, buscan medir fuerzas, enfrentando pueblo contra pueblo. Hay que estar claro que el objetivo de la derecha en todo este embrollo, es mostrar al mundo un país dividido. Un país donde se discute y pelea (pueblo contra pueblo), dejando de lado el interés central, que es diseñar una nueva constitución. Constitución que la mayoría de la población quiere que sea radical y que refleje un nuevo modelo de desarrollo. Un cambio que demuestre cambios reales y no remedos.

En definitiva lo que quiere la derecha y el presidente cayó en ese juego perverso, es que el pueblo organizado obedezca al presidente y salga a respaldarlo – como el dice, “diez mil patriotas en al calle a defender el gobierno de la revolución ciudadana”- es decir se busca que el pueblo se despreocupe de lo que se discute, descuide su vigilancia de lo que se debate en la asamblea y se pase a un nivel torpe de defensa/ataque a la derecha.

Señor presidente, como ciudadanos de este país y como luchadores por la patria nueva, le pedimos que No nos convoque a salir a las calles para defender un discurso de gobierno. Este pueblo merece otro tratamiento. Ya lo dijimos en otra ocasión, — por combatir a los enemigos se hace lo mismo que el enemigo, consiguiendo con ello convertirse en él — me refiero que no podemos convocar al pueblo a confrontar a otra parte del pueblo, como fuerza de choque, esas fueron mañoserías del dictócrata y de la derecha febrescorderista.

El pueblo demanda otro tipo de respuesta del gobierno, a la altura de este pueblo que pacíficamente, pero masivamente le ha dicho a cuanto aprendiz de presidente quiso hacer lo que quería “que se vayan todos”, ese grito aún está vigente. Me parece que si la derecha grita y vocifera, es por que busca una respuesta, un eco, que le permita legitimarse y sobrevivir a la derrota política. Hacerle caso es darle aire para que sobreviva. Los abuelos decían: “a palabras necias, oídos sordos”

A la oligarquía se la derrota, en primer término políticamente como ya se hizo en las urnas, pero también cumpliendo las leyes que ella no cumple, por ejemplo cobrándoles impuestos que no pagan, enjuiciándoles por la serie de irregularidades cometidas. Es decir demostrando a la población que esta derecha, aristocrática y supuestamente “digna” está ahí en base a jugadas corruptas, en base a estrategias delincuenciales y explotadoras. En definitiva lo que se buscaría es demostrarles quienes son y con ello quitarles su respaldo popular. A la derecha hay que derrotarla como clase, de lo contrario se levantará y lo hará sin compasión.

Muchas de estas cosas el pueblo todavía no ha visto, por ejemplo no se ha cobrado a los evasores, los culpables del congelamiento bancario siguen libres, los responsables de violaciones a derechos humanos siguen impunes, etc. por ello es difícil pensar que a la derecha se la derrota enfrentándola pueblo contra pueblo.

Cuarta Parte

Conclusiones: Horizontes para la izquierda y el bloque popular.

En los próximos 4 años el Gobierno va a recuperar el Estado y hacerlo más eficiente, esa es una tarea en la que se ha empeñado y de lo que se puede ver en la propuesta de gobierno, así como en la propuesta de constitución presentada por el CONESUP, el estado al final del período presidencial será más fuerte, con mecanismos de participación más claros y dinámicos, que permitirán una inclusión de los sectores sociales importantes en el que hacer nacional.

Sin embargo este estado, al final del período de cuatro años, no ha dejado de ser capitalista. Y con ello las posibilidades de tener un estado y modelo de desarrollo socialista se alejan. Esto por que el estado tal como está diseñado y pensado se sustenta en principios capitalistas…. La libre empresa, el libre mercado, la propiedad privada, etc. Si siguen las cosas como están, es imposible pensar en un estado que cuestione las bases fundamentales del capitalismo y que con ello se plantee cambios estructurales. Queda aun por ver hasta donde puede empujar la asamblea y sobre que bases sostener aquello que empuja.

Por tanto el reto está en fortalecer y consolidar un movimiento popular que defienda las propuestas de un nuevo régimen de propiedad y un nuevo modelo de desarrollo que cuestione y cambie los fundamentos del capitalismo. Pero esto no se lo puede hacer desde un enfoque de organización solamente gremialista, la organización requiere estar efectivamente asentada en un territorio, en el cual se construya y defienda propuestas autonómicas, de carácter asambleario, poniendo en práctica el mandar obedeciendo, pero también diseñando estrategias de resistencia efectivas al capital. Se requiere también construir comunidades y territorios autogestores que sean la evidencia de que es posible el cambio, pues se concretiza en ellas.

En lo inmediato no queda otra posibilidad que no distraerse por las acciones de la derecha, sino más bien concentrarse en los mecanismos que los sectores subalternos desarrollen para radicalizar la asamblea y defender esos cambios a como de lugar.