Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, 2a. parte

mayo 20, 2009

Un poco de genealogía.

De España y su conflicto de origen precisamente viene el prejuicio que se extendió a los aborígenes americanos en cuanto los conquistadores pusieron pie en estas tierras, y dura hasta nuestros días en ambos lados del Atlántico, porque ni aquí ni allá se ha asumido en su justa y natural dimensión la diversidad del origen, pues allá se niega la fusión de sangre con el pueblo árabe (luego de varios siglos de convivencia con el conquistador moro) tal como ocurre acá con la fusión entre europeos y las culturas americanas, en una exhibición dramática de ignorancia garrafal, pues evidentemente se desconoce que a lo largo de la historia, todas las culturas se han ido integrando con lazos de sangre, ya sean “nobles” o “plebeyos”, por lo que el término mestizaje no deja de tener una connotación discriminatoria, puesto que parte de la premisa de una concepción de la humanidad a partir de razas ‘puras’ más o menos recientes[1], hecho del todo imposible por razones genéticas, para empezar. Es decir, no se mira a la humanidad  y su Memoria en decurso natural, sino que se la contempla oblicuamente, validando de manera implícita las esquizofrénicas teorías del Nacional Socialismo alemán que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.

Como decía, las culturas originarias debieron establecer nexos de sangre con sus vecinos, por razones políticas y sociales, procurando evitar las ya mencionadas anomalías genéticas, que no eran en absoluto desconocidas en esa época, pero de manera empírica, debido a la comprensión de que podían ocurrir malformaciones congénitas por enlaces con parientes cercanos [2]. Las razas ‘puras’ sólo pudieron existir en el remoto pasado, hace cientos de miles de años o aún más, pero la dinámica de la vida sobre el planeta inició espontáneamente el proceso de fusión intercultural, empezando por las tribus nómadas, que finalmente formaron naciones. Paralelamente los intereses políticos y/o los cambios climáticos iniciaron la migración/conquista de nuevos territorios, y fue así como se consolidó en vastas zonas esta fusión intercultural. El ‘mestizaje’, es un término peyorativo o más bien eufemista que pasa por alto los razonamientos previos y menosprecia la historia de la humanidad supeditándola al interés del imperio de turno y a la megalomanía de la civilización occidental y su fanatismo incurable. Las culturas aborígenes americanas son originarias desde el punto de vista europacentrista, puesto que también en América se vivieron procesos similares de fusión intercultural entre las diversas civilizaciones y pueblos de la región. La interculturalidad es un fenómeno humano milenario, pieza clave de la evolución de las ciencias formales, y de las artes[3].

Finalmente, la concepción de una estirpe común europea que dio origen al pueblo ario, es tan mítica y absurda como la existencia de los dioses olímpicos. El verdadero problema no está en el fondo, sino en la forma, porque simplemente se analiza de manera frívola lo que miran los ojos: el color de la piel. Como decía Alejo Carpentier:

“… Y qué cosa es la cuenca mediterránea, sino el crisol del mestizaje más fabuloso y más tremendo de la historia…”

Sugiero ver el vídeo adjunto. Pero volvamos al tema de este análisis.

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[1] El término apropiado no es ‘puras’, sino originarias, palabra que coloca en su lugar científico al análisis. Para algunos, la “raza aria” fue ‘pura’, hasta antes de la conquista árabe de la península ibérica, pero en realidad se trata de desconocimiento y manipulación de la historia, porque siempre hubo migraciones dentro de Europa y entre Asia (enlace comercial), África (Cleopatra, p.e., visitó Roma acompañada de Julio César, y obviamente no llegó sola, sino acompañada de su corte femenina) y Europa, lo que desmitifica el fantasioso concepto de raza aria, que varios financistas norteamericanos fanáticos según Antony Sutton, han impulsado desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad.

[2] Véase Endogamia en la Wikipedia. Por razones de interés político y de dominación, muchas castas europeas han padecido en carne propia problemas de salud debido a tal supuesta necesidad de enlazarse entre parientes cercanos para conservar el poder. Los casos más famosos son los de castas prominentes del feudalismo europeo: Los Borbón y los Habsburgo, siendo este último caso el más notorio y documentado de endogamia.

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Opinión de Alejo Carpentier sobre el ‘mestizaje’.

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[3] Composición de un afroamericano que definió el estilo musical de la música contemporánea: Scott Joplin.

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Tema de la próxima entrega: Hermano envidioso.

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[Relato] Luis Alberto Mendieta: La Pintá, 1ra. Parte

mayo 9, 2009

ALMENDEra una negra de aquellas sin alma, que trabajaba en un burdel cercano al puerto. Alcibíades llevaba ya en ese tiempo no menos de cinco años trabajando como negrero. Se llamaba Clorinda, aunque le decían “la rompehuesos”, por sus habilidades de alcoba. Su amo, el dueño de la mancebía, ganó muchísimo oro gracias a ella, que se dio modos para sacar más monedas a los clientes con sus artes de alcoba. Un día, la astuta esclava hizo correr la voz de que se había contagiado con el “mal de bubas” o sífilis, por lo que los clientes empezaron a huir de ella, que se deshacía en zalamerías ante cualquiera que se le acercara, precisamente por espantarlos del todo, y por despechar a su amo. Dejó de comer para lucir lánguida y enferma.

“Fue entonces cuando vino a verme aquella barragana, compañeros, junto a una mulatita de seis años.

– Te la vendo – dijo-.

– ¿Y qué quieres que haga con ella?

– Tú ere el negrero. Quiero diez monedas de a ocho por ella. Nueve son pa’ comprá mi libertá y el resto pa’ largarme lejos de aquí. ¿La quieres o voy en busca de otro negrero?

Me quedé viendo a la niña, por saber en qué negocio me estaba metiendo.

– Es hija mía y de un fraile flamengo que vino hace tiempo, de paso hacia el Virú, muy jermoso.

– ¿Cómo se llama la niña?

– Anaìs.

Era de buen ver la mercancía. Regateé por si su voluntad era débil (y por saber si la mocosa incubaba algún achaque) pero se mantuvo en el precio. Mientras se marchaba la negra, la niña empezó a gimotear. La mujer siguió rumbo hacia la puerta, indiferente, como quien oye llover, con sus monedas en una bolsa que había traído para el efecto. Sujeté a la mozuela de la mano y pedí algo de comer para entretenella.

Como tenía que embarcarme hacia Lima con un cargamento de negros que estaba ya a bordo, dejé a la chavala con una manceba, llamada Noemí, hasta ver a quién podría vendérsela con ganancia. Me enteré en el camino, que “la rompehuesos” hacía fama y fortuna con su oficio en Cartagena de Indias.”

Alcibíades demoró mucho más de lo pensado. De hecho, pasaron nueve años antes de que pudiera volver a Tierra Firme. Entre la peste negra que aquejó a su cargamento de esclavos, la rapacidad de los piratas y las tercianas pilladas en las selvas africanas cuando apenas empezaba su oficio de negrero, que lo aquejaban en los mapa2momentos más importunos, su viaje se convirtió en una pesadilla y tres veces estuvo incluso en trance de muerte, varado en varios pueblos remotos de Indias. Regresó con la cara morena, salpicada de indelebles picaduras de insectos, un ánimo demasiado parecido a la demencia criminal y la faltriquera vacía.

Su querida no lo reconoció. En su interior, pensaba que el sujeto parecía más un mendigo o un pirata moro y habituada como estaba a su talante recio, se extrañó sin embargo por el nuevo tinte de su carácter: había algo de alarmante ferocidad en su actitud, de loca, rabiosa, desmesurada codicia. El hombre durmió tres días seguidos y al cuarto marchó hacia el puerto para apercibirse de novedades y alguna vianda. Regresó muy contento, mencionando que en adelante traficaría con esclavos a través de una ruta que bordea la costa noroccidental del Nuevo Reino de Granada, hasta llegar a las regiones del Perú, donde sus clientes requerían constantemente de esclavos, acompañado de una flota de comerciantes y mercenarios, que viajaban de tal modo para proteger mutuamente sus intereses de las incursiones de los corsarios franceses. Se había encontrado además con un judío que le debía dinero hace mucho tiempo. Se lo pagó con creces, luego de algunas “palabras persuasivas”. También manifestó viva curiosidad por conocer a una mujer a la que llamaban “La Perla Negra de Tierra Firme”, de la que mucho se hablaba en el Puerto.

Noemí, mujer de espíritu práctico – demasiado quizás para algún ánimo escrupuloso -, había empleado hace ya algún tiempo a la mulatita en el mismo oficio de su madre, enseñándole oportunamente todos los secretos del arte, que también ella ejerció desde muy joven en el puerto de Buen Aire, hasta que se propuso venir a Panamá, ciudad famosa por su comercio, procurando ante todo despojarse del pasado como una serpiente abandona su antigua piel. Luego conoció a Alcibíades, cuyo olfato algo sospechaba de su antigua pitanza. La tomó sin embargo para sí por verla aún joven y saberla hábil para concluir exitosamente cualquier negocio, como en éste caso. Efectivamente, procedió a explicar lo acaecido con Anaìs, aclarando que preservó su virginidad hasta su regreso, para que él dispusiera lo que más convenga al asunto, permitiéndole hasta tanto a la niña atender el negocio por reversos. El hombre quedó muy complacido del talento de su manceba, restando solamente el examinar a la muchacha, asunto que ocurrió aquella misma noche, por el derecho de pernada que como amo tenía sobre ella, pero conservando para otro, aquello que quintuplicaba el valor comercial de la esclava.

Sólo al día siguiente se enteró, de labios de Noemí, que su esclava era la famosa “Perla Negra de Tierra Firme”. Y sólo entonces se puso a observarla con atención.

La Pintá, segunda parte.

La Pintá, tercera parte.

La Pintá, última parte.


Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, 1ra. parte

mayo 9, 2009

Guayaquil_Malecon2000Mirando el caso de una ciudad tan exitosa como Singapur, cualquier persona, por sencilla que sea, entenderá entusiasmada que quien pretenda convertir a Guayaquil en algo similar, tiene mucho patriotismo y las mejores intenciones del mundo. De hecho, quienquiera que contradiga tal proyecto, ante la mirada de quienes acaricien la posibilidad de convertir a Guayaquil en una ciudad enormemente rica y próspera, será considerado, cuando menos, por loco, por regionalista o hasta por envidioso. Es perfectamente comprensible.

Visto así el asunto, más de un compatriota opinaría igual, pero es sólo analizando la idea y razonando sobre sus autores, que se puede entender mejor la propuesta y su  fanatismo subyacente.

Antecedentes.

Los llamados a sí mismos ‘patricios’ guayaquileños, han tenido siempre la secreta ambición de hacerse con una ciudad-estado que pudieran controlar a su antojo, bajo la consideración de que NUNCA sus intereses de clase podrán coincidir totalmente con los de un contexto más grande, como el país de turno.

Así, España tenía el inconveniente de cargar de impuestos a toda la región y era menester liberarse de la Metrópoli para dejar el oro de las cargas impositivas en las arcas personales de los señores feudales criollos. Ni hablar del control del gobierno, que reportaría enormes beneficios a los mencionados personajes. Fue así como Guayaquil se integró al proceso revolucionario. Suena usual, pues en toda América Hispana el razonamiento fue más o menos parecido, con pocas diferencias.

Luego vino la República. Allí tampoco se sintieron en sazón, porque el poder TOTAL que perseguían estaba supeditado a una ley que los rebasaba y dejaba en la categoría de segundones, pues la autoridad nacional estuvo y está sobre su autoridad de ‘aristócratas’ porteños, cuya máxima dignidad local es la de alcalde, de modo que empezaron a construir mecanismos que les permitieran tomar control omnímodo del país. Naturalmente, además de ellos, había otros grupos con ideas más o menos tan radicales como las suyas, de modo que no siempre pudieron salirse con la suya, así que el plan de hacerse con instituciones del Estado como el poder ejecutivo, que pudieran favorecer sus intereses a gusto y sabor, no siempre fue posible, aunque aquí cabe mencionar a la Junta de Beneficencia como uno de sus bastiones.

Esta institución de beneficencia favorece casi exclusivamente a Guayaquil, bajo un monopolio (la lotería), que además impide injustamente que otras ciudades promuevan juegos similares para beneficio de sus comunidades, en un caso flagrante de injusticia histórica y económica. Detrás, como siempre, subyace el fanatismo de un grupo de ‘patricios’, gente abrumadoramente cargada de prejuicios: hombres y mujeres que viven en un pasado feudalista enterrado hace más de doscientos años, para quienes la piel blanca, el apellido tradicional (o extranjero) y la fortuna sirven de señas particulares del ‘legítimo guayaquileño’, con excepción de  los libaneses, cuya piel olivácea debió encajarse en su grupo social con habilidad política, abundante dinero en efectivo y muchas alianzas de sangre.

Los demás son siervos de la glebaI_Bastión_antes_de_la_invasión_11, gente utilitaria y advenediza, tal como se conceptuaba en el siglo dieciséis en la península ibérica a los descendientes de árabes con española, o a todo aquél que no era distinguido por un título nobiliario o por patrimonio familiar.

Tema de la próxima entrega: Un poco de genealogía.

Guayaquil de mis amores, en la voz de un hombre del pueblo: Julio Jaramillo Laurido


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. VI

abril 5, 2009

El cinismo es viral, por así decirlo. Es una suerte de fiebre que se pilla con suma facilidad, como la gripe o el VIH.
Un sábado, mientras las aguas empezaron a calmarse en el Secretariado de Conocoto (del cual yo no era miembro porque no llevé ‘barra’ el día de la “asamblea” para hacerme nombrar) asistí en calidad de invitado. Era evidente la cara de satisfacción de casi todos, porque las carpetas para pre-candidaturas se habían ya entregado a la Provincial y se dio a conocer que las candidaturas para miembros de Juntas Parroquiales serían manejadas exclusivamente por los secretariados de cada parroquia. Con la sartén por el mango, la lucha se reducía a ponerse zancadilla entre ellos, en su lucha por apartar a los candidatos con mejores posibilidades, pero eso se haría a su momento y por lo pronto era políticamente correcto mostrarse modositos y razonables.
En esas circunstancias de aparente calma y armonía, mencioné que desde la Dirección Provincial se habían impuesto a nuestra Parroquia las candidatas para la Concejalía Rural, sin consultar a las “bases”, sin tomar en cuenta que Conocoto, con alrededor de 50 mil habitantes [1], tenía el derecho y el deber de elegir la persona que crea más conveniente, que represente un proyecto político, además de los planes y proyectos de los distintos barrios y por supuesto, de miembros y simpatizantes. Que por último, teníamos la suficiente población para nombrar nuestro candidato por derecho propio, sin vernos supeditados al capricho de quién sabe qué intereses, que querían imponernos como candidata a la compañera Verónica S., vecina de una de las parroquias más pequeñas del Valle de los Chillos, porque así ocurría efectivamente.
La estupefacción que causaron mis palabras fue sorprendente. Amílcar mencionó abiertamente que ignoraba que nosotros pudiéramos elegir “esa clase de candidatos/as” (refiriéndose a la candidatura a concejal), como evidente muestra de una actitud mental acomodada perfectamente al sistema político corrupto y partidócrata de siempre, propio de alguien que estuvo totalmente alejado de los procesos de reflexión y políticas horizontales, de decisiones meditadas en consenso, que habíamos mantenido hasta su llegada, con el resto de advenedizos.
La perplejidad de todos los asistentes por poco me arranca una sarcástica carcajada: Un mes de feroz lucha por meterse (por la ventana) como candidatos a la Junta y ahora resultaba que hubieran podido empezar por un cargo mucho más ‘jugoso’.
Debo reconocer que estuve esperando ese momento con auténtico deleite, pues estuve esperando a que acaben de pelear por la Junta para entrar en la lid.
El Presidente del Comité Pro Mejoras de uno de los barrios más populosos de Conocoto (y miembro del Secretariado) se puso en pie y mencionó mi nombre como candidato para la Concejalía Rural.
La rabia de uno de los candidatos a la Junta (de apellido Albán) no pudo esperar más y empezó a despotricar en mi contra, hasta que alguien le hizo callar y yo mencioné que sentía mucho que adoptara una actitud así, sobre todo porque sentía respeto y hasta cierta simpatía por él, pues ya habíamos compartido otros espacios políticos. Incluso sugerí que se postulara a la concejalía, que para mí sería un honor terciar con él. La desolación era general y nadie sabía qué hacer para sacarme de en medio y ponerse en mi lugar. Finalmente Amílcar anunció que había hablado con el Director Provincial y que este le había asegurado que esos candidatos ya habían sido designados (es decir los nombres vinieron “de arriba”, o sea de la Provincial), así que no entendía la razón de esta discusión, y mucho más viniendo de alguien que ni siquiera era “miembro” del Secretariado.
¡Podía haberse visto semejante descaro!
Pero la codicia despertó en los asistentes y exigieron que se aclare ese puntito, ante mis continuas arengas sobre los derechos que nos asistían, dentro del proceso de la Revolución Ciudadana, que debía empezar por casa. Varios asistentes apoyaron mi opinión y hasta aparecieron más pre-candidatos a la concejalía, como no podía ser de otra manera. Albán era lívido de rabia e indecisión, porque estaba frente a una encrucijada, entre la Junta Parroquial y la concejalía (esta última demasiado incierta sin duda).
Ante la duda, pedí que el Secretariado se reuniera a la tarde siguiente para resolver el tema y a regañadientes se aceptó la moción.
Al día siguiente, lección bien aprendida, fui acompañado de un buen número de representantes barriales, para encontrarme con la novedad de que la reunión NO HABÍA SIDO CONVOCADA, pese a que Pablo B. se comprometió y me dio su palabra de que lo haría y entiendo que constó en actas la resolución (aunque nunca se sabe con gente tan taimada), pues el tema se debatió por más de una hora. Ni siquiera mi amiga Martha P. asistió, al igual que Pablo, que afirmaron, la una estar trabajando en algún operativo policial y el otro un fuerte resfrío. Del resto, sólo los avivatos que se postularon la tarde anterior estuvieron presentes. La clave de todo esto y la razón que me hizo insistir en mis afirmaciones, fue la sugerencia de Germán Espinoza sobre los términos del Reglamente Interno del Movimiento, junto con el apoyo de varios dirigentes barriales, que no dudaron en respaldar mi candidatura.
Varios días más tarde se reunieron en secreto (se convocaron telefónicamente entre los advenedizos) para sacarme de en medio y procurar quedar bien con los jefazos de la Provincial. Ante eso opté por juntar firmas de apoyo de los miembros del secretariado de la parroquia para consolidar mi candidatura. Esa fue la hora de la verdad, el momento de saber con quién realmente podía contar.
El trabajo para la candidatura a miembro de la Junta Parroquial de Martha P. implicaba tiempo y esfuerzos, pero lo hacía de buena gana en consideración al afecto que sentía por ella. Por ello fue realmente doloroso acercarme a su oficina el lunes por la mañana y recibir su negativa de suscribir la lista de apoyo a mi candidatura, afirmando que le habían recomendado no “meterse en nada” para evitar arriesgar su empleo como funcionaria del Ministerio de Gobierno. Fue allí cuando entendí que tanto ella como Pablo B. SIEMPRE tuvieron mayor control que el que aparentaban, sobre el curso de los acontecimientos en el secretariado. No existe entre dos personas acto tan canalla como la traición y el disimulo, porque rompen de cuajo algo muy valioso y delicado como la amistad.

[1] Esa es la población registrada, según el último Censo Poblacional, en 2001, aunque se estima que a la fecha la población es mucho mayor, llegando a 70 mil a la fecha (2009).


[Relato] Luis Alberto Mendieta: La Niña

marzo 31, 2009
Matthis Leonie - patio colonial

Matthis Leonie - patio colonial

Todo el día fue complicado. Difícil describir el amasijo de sentimientos encontrados que tenía entonces. Era un enorme corro de chiquillos que rondaba el patio; padecían quizás todos la misma pobreza que yo, pero me repudiaban porque sólo tenía a mi madre y ellos vivían con papá y mamá. Supongo que los comentarios de sus progenitores fueron la causa de tanta cruel indiferencia.

El caso es que, cuando nos acercábamos a ellos y hablo en plural porque también pasaba con mis hermanos y hermanita, nos ignoraban como si fuésemos fantasmas. Tenía yo nueve más o menos, hermano mayor, y me dolían tan profundamente ésos desaires continuos, que se me quedaron para siempre adheridos como manchas en el corazón por el resto de la infancia y más.

Era un veinticuatro de diciembre. Lo recuerdo porque aquella misma noche comimos pristiños, un delicioso bocadillo que suele servirse en navidad aquí. Lo excepcional fue el lugar donde lo hicimos.

Luego de una infructuosa mañana de vanos intentos de acercamiento con mis vecinos, muchachos y muchachas bordeando mi edad, acertó a llegar un grupo de gente. Eran algunos, no recuerdo con exactitud, parientes del dueño de la vecindad de patios enormes donde ocho familias compartían un espacio que aún siendo niño, comprendía que no era lo bastante grande para contener la enorme cantidad de prejuicios que mantenía sumida en la desdicha a toda esa gente. Lo que sí recuerdo tan claro como una mañana de sol fue un par de ojos inquietos, grandes y oscuros. Aunque suene absurdo a alguien, me enamoré por primera vez en ese instante. Nueve años. Pero en los niños es simplemente el reconocimiento de dos almas semejantes, algo que los adultos no siempre discernimos cuando pasa. Ella, era una niña de castañas trenzas, me parece. Sólo recuerdo con nitidez su mirada dulce y apacible. Quizás también emerge vagamente del fondo de la memoria el perfil de su nariz, pequeña, atenta, como la de un conejo, aunque temo que los años difuminaron su apariencia en mi memoria.

Andaba acompañado, como casi siempre, de un pariente algo mayor que solía secundar mis lances hacia el grupo de muchachos de aquella vecindad. Para entonces mis hermanos estarían jugando en nuestro pequeño apartamento, como un perro olvida el hueso que sus amos le mezquinaron, olvidados ya de los desplantes de aquellos crueles muchachos.

Sólo estábamos el pariente aquél y yo. Luego de almorzar volvimos a la carga, pero el grupo ésta vez nos ignoró hasta la humillación, porque nos acercamos directamente hacia ellos y todos nos dieron la espalda. Pero la niña que conocí temprano notó el desaire y se acercó con su prima, hermana o algo así, y nos alejó del grupo. Hasta hoy me es imposible concebir la capacidad que tienen muchos niños de entender su entorno social y el de los adultos con tanta lucidez. Todos, niños y niñas, nos contemplaban envidiosos, hasta que se aburrieron y volvieron a sus juegos.

Nosotros, mientras tanto, empezamos a jugar al “Sapo”, una caja como de metro y medio de alto con muchas ranuras circulares rodeando a un brillante batracio de bronce ubicado en el medio del tablero superior del artefacto. La idea era acertar a las hendiduras o a la boca del sapo, unas rodelas metálicas, cinco o seis, por turnos. Cuando atinábamos a meter alguna de las rodelas, ésta caía en una especie de buzones en cuya base estaba inscrito el puntaje del acierto. Por supuesto embocar en el hocico del sapo era lo ideal y tenía más valor.

Luego jugamos a otras cosas y así pasó el tiempo hasta que llegó la medianoche. Mi pariente hizo igualmente buenas pulgas con la otra niña, de modo que cuando dieron las doce y el padre de mi amiga las llamó, no tuvo valor para separarnos, así fue como nos unimos a su mesa para comer pristiños, bañados en miel de caña moldeada, raspadura o panela, como se conoce en Ecuador. Y la navidad me sorprendió fuera de casa.

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Mientras comíamos ya iba presintiendo yo que jamás volvería a verla, tal como ella, que de rato en rato miraba hacia mí con tristeza, como quien mira un recuerdo del pasado, antes de rebasar el presente. Por último se acercó su padre y al notar nuestra actitud, con mal disimulada nostalgia ordenó que se despidieran de nosotros porque era muy tarde para todos, sin duda recordando alguna escena personal y la marcada diferencia de clases sociales de dos parejas de niños que no querían entender de tan desagradables asuntos, propios de gente adulta. Ella me dijo adiós tomándome de la mano mientras caminábamos hacia el patio de atrás, charlando de cosas que ya ni recuerdo. Luego nos escondimos detrás de la sombra del arco que servía de entrada al último patio, y en la penumbra me regaló un beso apenas sonado en los labios, mientras sus mayores hablaban a voces allá adelante, indiferentes al universo infantil que nunca, nunca, podríamos repetir en la adultez.

Lloré de rabia allí mismo en cuanto se fue, intentando de mala gana encaminarme hacia el refugio familiar. Sólo alcancé a oír a mi tío repetir en voz baja una y otra vez, como quien trata de fijar algo en su memoria, el apellido de las niñas que conocimos ese día en que me enamoré, como se enamoran los niños a esa edad.

Luis Alberto Mendieta (r) 2008


[Relato] Luis Alberto Mendieta: El caballo de Schiraz

marzo 3, 2009

Tengo un libro electrónico sobre un relato que, en opinión de varios amigos escritores, es muy interesante e innovador, por lo que he decidido publicarlo. La versión completa, de pago, puede hallarse pulsando sobre la tapa del libro. Cordial saludo para todos y todas.

LAM

schiraz

El caballo de Schiraz

(Fragmento)

A la mañana siguiente me enteré del significado de la palabra Habibi. Podría traducirse del árabe como amado o querido.

Por la tarde encontré un nuevo mensaje en mi libro de visitas del Portal:

“Habibi de mis amores: Mi nombre es Aísha y soy la heredera del amo del caballo de Schiraz, que te ha mostrado su poder. ¿Eres merecedor de mi amor? ¡Demuestra que puedes ser mi dueño!”

Y ejecutó la peor de las malas jugadas que puedan cometerse sobre un hombre de la era del Internet: He aquí que una desconocida envió, por correo electrónico, una foto suya… Vestida, por supuesto.

Su aspecto era para cualquiera (digo yo) el de una árabe europeizada. Pero en sus ojos estaba la diferencia. Nunca volveré a ver una mirada igual. Angustia. SOLEDAD y una secuencia de pensamientos que mi imaginación quiso interpretar como subliminal:

Mírame. Mi-destino-y-mis-intenciones-están-en-el-fondo-¿las ves? Todo-es-tal-como-lo-soñé-y-soñaste. You-got-it.- TERRIBLE ESCALOFRÍO EN LA ESPALDA Y…Amor…-Estoy-loca-de-soledad-y- a-d-o-l-e-s-c-e-n-c-i-a .-Busco-aprender-contigo-a-conocer-mi-cuerpo-Tómame-si-te-da-la-gana. O-J-O-S-C-A-D-E-R-A-S-H-O-R-R-O-R—V-E-R-G-U-E-N-Z-A. N-O-E-S-N-A-T-U-R-A-L- ¡Quiero contigo niña!- N-U-N-C-A-L-O-H-A-R-É. O-SI…-PRINCESA-AÍSHA-NUNCA-LO-HARÉ-CONTIGO… N-U-N-C-A… AUNQUE LO SUEÑES-O-NO…N-U-N-C-A. — TE-AMO-AÍSHA. TE AMO Y LO HARÉ MÁS TARDE. PERO NO LO HAGAS CON NADIE H-A-S-T-A E-L T-I-E-M-P-O- E-L-E-G-I-D-O.

Impresiones transmitidas en fracciones de segundo y reflejos argumentales que partían de mi mente y se enlazaron con su pensamiento, se me ocurrió, quizás por locura. O soledad.

Empezó a inquietarse mi corazón de viejo adolescente, ante alguien que… ¡Bah! tendría menos de la mitad de mis años. Pero es difícil imponer razones a un corazón solitario. Y claro, incurrí en la debilidad de enviarle mi verdadera dirección.

Si… Míreme con piedad señora o señorita: Esta vez fue la real, con santo y seña. Por favor señores: Confío en que al menos mirarán de paso ésta parte del relato, seguros, supongo, ahora sí de que estoy loco… ¡Hombre!… La piel tiene nombre y apellido y nadie podrá afirmar que la curiosidad dé para menos…

Olvidaba mencionar que, buscando el significado de Habibi, me encontré un poema árabe, cantado por alguien llamado Amr Diab. Se llama Nour El Ain. Se me ocurrió traducirlo del inglés, pero la impaciencia me dominó y luego de la segunda línea terminé redactando mis propios versos, que por libres, quedaron como quedaron. Tuve la debilidad de publicarlo una noche de soledad. Quizás sonarán absurdos a quienes los lean, pero están aquí, en mi corazón. Y en el de Ella quizás.

A ratos la tentación de borrar tan modesta composición me dominaba, en especial antes de que respondiera. Lo repito a continuación:

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Adorado resplandor de mis ojos,
espíritu de mis fantasías.
Ojos nobles y sinceros;
ojos tan puros y bellos,
que tan sólo Dios
miraría a través de ellos.

Los siento a veces junto a mí
acompañándome, sonriendo
como el gato de Alicia,
quizás con sarcasmo,
quizás con ternura.

Querida, amada, adorada
luz de mis ojos.

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Sin duda le gustó, porque a la noche siguiente vino a visitarme.


********************

¿Cómo llegó? Así como se fue. Una madrugada, entre sueños. Imborrable en la memoria. Simplemente pulsó la campanilla del portal como si tal cosa. Como un amigo en apuros. ¡Quién repara en el reloj en esas circunstancias! Miré por la terraza y allí estaba, frente a la puerta, tal como lucía en la foto, pero con jeans y una chaqueta azul de mezclilla y sonriendo de oreja a oreja, porque así pasan éstas cosas. Bajé en dos trancos y la llevé por supuesto a la buhardilla. Sin duda es la

Tercera y última distracción de mi relato. Palabra de honor.