Juan J. Paz y Miño: Fiestas de Quito

A pesar de la ideología conmemorativa, las “fiestas de Quito” demostraron, una vez más, la contradictoria expresión de mitos y realidades. Para comenzar, se celebra la “fundación” de la ciudad por Sebastián de Benalcázar. Algo totalmente falso. Porque Diego de Almagro fundó el 15 de agosto de 1534 la ciudad de “Santiago de Quito” y casi de inmediato la “Villa de San Francisco” el 28 de agosto. Lo que hizo Benalcázar el 6 de diciembre es notificar a los alcaldes para que residan y administren la “Villa” que fundó Almagro. Además se registraron 204 “vecinos”. Pero solo en 1541 se le otorgó a la “Villa” el título de “Ciudad” y recién en 1556 el título de “Muy Noble y Muy Leal”.

Las “fiestas” también parecen venir desde un pasado remoto. Pero la verdad es que nacieron en la década de los sesenta del siglo XX. Se conjugaron tanto la promoción que de ellas hizo un diario capitalino, como el interés de una empresa licorera y el de empresarios nacionales y españoles que encontraron en “los toros”, bendecidos como “Feria Jesús del Gran Poder”, el espacio para los buenos negocios. Con el tiempo y la atención mediática, “los toros” hegemonizaron en las fiestas con todas sus creaciones: arte, exhibicionismo, elitismo, esnobismo.

“Los toros” concentran ahora los ataques de un creciente número de opositores. Pero, aún reconociendo que “los toros” tienen cierto arte y que existe cierta cultura taurina que por cierto no es patrimonio nacional y ni siquiera quiteño, a pesar de todo lo que se diga, no se puede dejar de reconocer que paulatinamente va manifestándose una tendencia crítica antitaurina que gana espacios. Como los procesos históricos son lentos, es posible que “los toros” desaparezcan o disminuyan en su significación frente a lo que actualmente ocurre, lo cual, desde la perspectiva de los nuevos valores sobre la naturaleza y el medio ambiente que el Ecuador promueve, estará bien.

También con motivo de las fiestas de Quito se acentúan las polémicas políticas. Hay un sector que sostiene que no debe existir este tipo de festejos, porque se está “celebrando” la destrucción de las culturas aborígenes, la conquista española y la opresión. Que hay que conmemorar, dicen, la resistencia indígena. Hace varios años el propio Municipio de Quito consagró el Día de la Resistencia.

Es correcto hablar de resistencia. Y no hay duda alguna que el proceso de conquista significó la destrucción de la organización indígena anterior, la mutilación de las culturas aborígenes y la imposición de sistemas opresivos. Pero, al mismo tiempo, la fundación de la ciudad de Quito significó el nacimiento de la ciudad que hoy tenemos, o más precisamente, de su centro colonial. Porque la conquista y la colonia, como sucede en todo proceso histórico de esta naturaleza, fueron dialécticas, esto es, de una parte destrucción y de otra creación. De manera que hoy somos herederos de nuestro inevitable pasado, pero también constructores de un nuevo futuro. Sin duda, ahora hay mayor conciencia que en el pasado sobre estas virtualidades y capacidades ciudadanas.


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