Eloy Alfaro Reyes: El deber ser de la política de izquierda, 2da. PARTE

Segunda parte

El primer año de gobierno: sus rostros y horizontes.

Correa asume el poder el 15 de Enero de 2007, con un gran reto encima. Resumimos algunos de los Principales aspectos que dan cuenta de la orientación de su gestión y cuanto recoge de la propuesta y sentir popular.

  1. Discurso aglutinante

Correa es una persona ilustrada, conocedor y capaz. Cuenta con un buen equipo de asesores, que lo mantienen informado. Con una personalidad proactiva asume un discurso desde le deber ser de la sociedad y el país en su conjunto, desde donde, y basado en la historia cercana de expoliación, plantea los grandes temas nacionales y los discute a las luz de respuestas al país. A la vez que plantea los grandes temas y orientaciones de su gobierno ataca a los adversarios, que apenas atinan a reaccionar. Además sostiene sus confrontaciones volviéndolas en ocasiones como algo personal y por ello mismo no libres de pasión. El país en Correa tiene un orientador y no sólo un administrador como eran los anteriores presidentes.

Sus principales críticas se dirigen hacia la Academia y su objetividad desmovilizadora, La Partidocracia responsable de la crisis del país y su incapacidad de resolver los problemas nacionales, La Democracia que se ha basado en cerrar las puertas a los sectores populares, en los medios de comunicación vinculados a sectores de poder y por tanto nada objetivos y deliberantes, al sistema patriarcal, lo pelucones como forma de entender a la oligarquía, entre otros temas.

La capacidad del discurso del presidente, se compone no solamente de niveles pedagógicos de clara compresión para el ciudadano común, sino sobre todo de un ataque informado hacia los sectores de Poder el cual es presenciado por la población que lo recibe ávidamente, por que es algo que no se había visto en los últimos años –que un presidente ataque a los poderosos, aun que sea en discurso-. Paradójicamente, este discurso presidencial, planteado desde el deber ser de la política y el cambio, ha llevado a una gran inmovilización de los sectores sociales y de la población en general, que reconocen en el ciudadano presidente, un liderazgo que toda la izquierda junta no logró conseguir en los últimos 30 años y que la población buscaba desde hace algún tiempo.

El discurso de Correa es aglutinante, va desde el pragmatismo, hacia la teorización y viceversa; pasando por propuestas académicas y acciones políticas radicales. Este discurso pone énfasis en los temas que la izquierda ha peleado en las últimas décadas y los hace suyos, así: recoge las demandas de las poblaciones vulnerables, critica los TLCs, y otras formas de dominación bajo el disfraz de integración, etc. este discurso también asume las reivindicaciones de género como suyas, a ratos se posiciona no solo desde el discurso del deber ser, sino desde el ser frente a la relación economía, naturaleza y cuando el presidente lo hace, ecologistas y sectores de izquierda nos rasgamos las vestiduras.

Estos, entre otros, son los contenidos del discurso del presidente que resultan convocantes y seductores a la población. Con ello logra lo que la izquierda no ha podido hacer, liderar el clamor popular sin dogmas – con hechos – pero con poca ideología, que es algo que incluso la mayoría de la izquierda perdió en el camino. Logra también algo que la derecha no había logrado en estos últimos 30 años, frenar a un sector social organizado como el ecuatoriano, protagonista de importantes golpes al modelo neoliberal.

Sin embargo de esta capacidad que tiene el presidente, no es un gobierno que gobierne con el pueblo, como lo hacen algunos vecinos cercanos como Bolivia o Venezuela, donde el gobierno auspicia grandes movilizaciones sociales para apoyar las políticas, cambios y propuestas gubernamentales. Correa es más bien un presidente que gobierna con las masas desde la tarima y no con las masas en las calles. Producto de esto ha sido el impresionante 80% obtenido en las urnas por parte del movimiento de gobierno en las últimas elecciones. Ese 80% no está en las calles haciendo efectiva la “revolución ciudadana” sino expectante mirando hasta donde puede llegar el nuevo gobierno.

Es un gobierno por tanto con un discurso que convoca pero que no moviliza. No porque no lo pueda hacer, sino porque conoce que el pueblo ecuatoriano está compuesto por una población con tradición de lucha y movilización que, de movilizarse podría ir hasta lugares inesperados. Podría ir a una radicalización de las propuestas sociales y políticas, que quizá el gobierno o el presidente no quieren ir. No es un gobierno, por tanto, que construye poder popular, que implica un permanente proceso de apropiación por parte de la población de niveles de auto gobierno, donde se profundiza la democracia y el mandar obedeciendo. El Poder Popular por tanto, garantiza que los cambios y transformaciones sean permanentes y vayan hasta donde los pueblos, no los gobiernos, quieran ir.

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