Juan Paz y Miño: Viejas Lecciones del “New Deal”

Entre 1929-1933 los Estados Unidos vivieron la más grave crisis económica, transmitida al mundo capitalista. Estalló con el derrumbe de la bolsa de valores de New York. Los economistas ortodoxos no sabían qué hacer.

Entonces llegó al gobierno el presidente demócrata Franklin D. Roosevelt (1933-1945), quien, contando con la asesoría de un grupo de académicos de la Columbia University, inauguró el “New Deal”.

Contradiciendo las recetas económicas “tradicionales”, las grandes soluciones fueron crear empleo, hacer inversiones y, sobre todo, frenar los abusos empresariales. Los bancos fueron intervenidos para garantizar a los depositantes. Las empresas industriales debieron establecer códigos de competencia, precios, horas de negocio. Fueron perseguidos los comerciantes inescrupulosos. Se inició un vasto plan estatal, con obras públicas, infraestructuras, amplios servicios y empleo para jóvenes, artistas, desempleados, etc. Se obligó a los agricultores a reducir la producción. Se mantuvo la inflación para levantar los precios. Además, se sancionó el despido de trabajadores y fueron expedidas leyes con más garantías para ellos. En cien días la crisis fue controlada y F. D. Roosevelt fue reelecto por tres períodos seguidos.

Durante el “segundo New Deal” (enero de 1935), se establecieron beneficios para los trabajadores retirados, seguro para los desempleados, un programa de salud general, el de bienestar para niños y el de asistencia para ancianos, cubierto con aportes de los empresarios y de los trabajadores con empleo. El seguro de desempleo fue financiado con un impuesto cobrado compulsivamente a los patronos. Roosevelt denunciaba “la injusta concentración del  bienestar y el poder económico”. Logró del Congreso la aprobación de un elevado impuesto sobre las rentas y para evitar su evasión también incrementó el impuesto a las donaciones. Los opositores clamaron contra lo que llamaban “desplume a los ricos”.

La experiencia del New Deal demostró la necesidad del Estado para la economía y el papel de las políticas sociales. Sin embargo, los neoliberales levantaron la carga antiestatista en las décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo y desecharon las políticas sociales. Hasta que la actual crisis económico-financiera nacida en los Estados Unidos otra vez ha demostrado el pernicioso camino del mercado sin controles.

Ha tenido que acudirse nuevamente al Estado. Solo que para sustentar millonarias transferencias de recursos y “nacionalizaciones” para salvar a banqueros y empresarios, a costa de toda la sociedad mundial.

Los montos son inconcebibles: ¡entre 3 y 6 billones de dólares!, que permitirían solucionar la pobreza en el mundo. Una política inmoral y cómplice, que ya la vivió el Ecuador en 1999, cuando el gobierno de Jamil Mahuad procedió a un “salvataje” bancario comparable. De manera que hay poderosas razones en América Latina para liquidar los conceptos neoliberales, reforzar los roles económicos del Estado, controlar a las empresas y sobre todo ejecutar profundas políticas sociales.

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