Sólo para periodistas, el siglo de la mediocridad.

Septiembre 29, 2009

Por Luis Alberto Mendieta

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Escuchaba pasmado las declaraciones de algún portavoz del gobierno, hablar sobre la nueva “Ley” de comunicación hace un par de días. Era algo así como: … “finalmente dimos gusto a los periodistas: sólo aquellas personas tituladas podrán ejercer  como tales”, etc…

¡El pensamiento NO PUEDE obedecer a gremio alguno, so pena de mediocrizarse, pauperizarse, allanarse al vulgar capricho de una manada de simios berreando por bananas!

El pensamiento no puede agremiarse… El concepto de gremio se ha convertido en patente de corso, en el permiso de abordaje intelectual de una corporación, que somete a toda una sociedad al albedrío de un Orden Establecido, ajeno a su origen, olvidando que su naturaleza fue siempre libre, que el espíritu de las letras, de la información, elevó al ser humano (luego de a sus actores intelectuales), a la categoría de predicadores de la verdad.

En ese mismo tren de cosas, ahora resulta que hay gremios de maestros que ocultan con marchas y huelgas su mediocridad. Allí también exigen como requisito sine qua non a cualquier plaza de trabajo, el título profesional, ¡y vaya a ver la decadencia y corrupción del sistema educativo, pese a quien pese!

¿Y qué pasó con el talento construido a fuerza de lucha personal? ¿Qué pasó con aquellas personas que construyeron su cultura a pulso y en condiciones miserables? ¿Que no necesitaron un título para demostrar de lo que estaban hechos por dentro?

La Gloria Personal suele construirse en privado: la historia lo repite ad nauseam, y es siempre una lucha sin cuartel, sin pertrechos. Sin perdedores. Sin fachendosos honores ante cuerpos colegiados. Sin desfiles, sin homenajes con absurdos y petulantes trajes de la edad media: clara muestra de que el pensamiento de entonces pervive hasta hoy. La gloria personal es una lucha anónima: El honor radica en vencerse a sí mismo. Es dignidad, amor propio, humildad.

Tomás Alba Edison no necesitó un PhD para inventar la iluminación eléctrica, o Graham Bell un título de ingeniería acústica para inventar el teléfono. Voltaire no necesitó educarse en Princeton para refinar su ingenio. Cada uno de ellos trabajó sobre sus méritos personales, investigando, aprendiendo, haciendo propuestas. A propósito: ¿Cuántos inventores geniales hay actualmente? Es el sistema, que aplasta toda creatividad y la reduce a ‘disciplina’ universitaria, gremial y social.

Si de un gremio dependiera la invención de la luz eléctrica, ¡aún estaríamos iluminándonos con velas!

El ser humano es escritor, cronista y periodista per se. El pretender coartar por ley la posibilidad de que alguien pueda suscribir un artículo periodístico, publicar una crónica o incluso vivir del periodismo porque ha demostrado tener capacidad para hacerlo, sin antes haber cursado la carrera de periodismo es tan absurdo como afirmar que “si Dios hubiese querido que voláramos nos habría dado alas”.

Es una deshonrosa prueba más de que la mediocridad se ha enraizado también en esa profesión, como en la medicina y tantas otras, que abruma el reconocerlo.

Pero el hecho de que un portavoz asuma como una ‘conquista’ gremial tal hecho convalida la sospecha de que el actual gobierno no logra deshacerse de tanto truhán que se metió por la ventana al gobierno, y en lugar de esconderse bajo el piso como corresponde a esa clase de roedores, están empezando a invadir oficinas, mesas y salones, corrompiendo el sentido inicial de la lucha y ensuciando con consignas fanáticas un proyecto político que nació en las calles y en el corazón de un pueblo harto de lo que irónicamente está volviendo a pasar, esta vez en manos de la izquierda, que cada día luce menos revolucionaria…


El “lindo canal” y las utopías: ¿La prensa privada en peligro de extinción?

Junio 22, 2009

¿Está la prensa privada en peligro de extinción?

Por Luis Alberto Mendieta

Al parecer, el caso Teleamazonas ha dividido a la opinión pública de todo el país, y en especial a quienes de un modo u otro participan en el accionar político y social de Quito. En Guayaquil, fortín de la derecha, se nota un apoyo mayor hacia este medio de comunicación, por varias razones, en especial políticas, además de los intereses de grupo.

Por debajo, subyace notoriamente el guión de los adversarios del gobierno, que en líneas generales consiste en capitalizar situaciones como esta con estrepitosas campañas noticiosas [1] realizadas en los medios de comunicación propiedad de sus amigos y/o socios comerciales, que manejan precisamente los medios de mayor audiencia del país. En esta vez, le tocó el turno a la “libertad de prensa”, uno de los tantos leit motiv que la CIA tiene en su guión de maniobras políticas para hacer su voluntad a ultranza, y que por alguna extraña razón, la derecha reproduce al pie de la letra, como si la sacara de un manual o recibiera instrucciones precisas de alguien.

Debo hacer varias reflexiones respecto a los antecedentes, experiencias personales, hechos incontrastables y mi visión personal de la prensa ecuatoriana (y sin duda universal) de cara al futuro. Utilizaré el caso Teleamazonas porque es un excelente ejemplo de lo que ocurre en los medios de comunicación de un modo u otro, pero siempre bajo la misma visión, misión y manipulación de los valores morales, puestos al servicio de la Empresa Privada. No concluiré el presente artículo sin dejar constancia de mi preocupación por el cariz que tomaría el escenario nacional, sin una prensa de oposición a la que puedan acudir  intelectuales, políticos y quien tenga acceso a ella[2], en caso de ser necesario.

Breves antecedentes históricos.

Teleamazonas.

Salió al aire un 22 de febrero de 1974, como el primer canal que transmitía imágenes a color en nuestro país. En aquella época, las únicas alternativas de información eran la radio y la prensa escrita, y los tres medios eran (y siguen siendo) DE UNA SOLA VÍA, es decir, no existe manera de que los usuarios del servicio puedan replicar en tiempo real a la información que el medio transmite. El detalle interesante es que, al contrario, es decir desde el punto de vista del medio de información, este llega a miles, cientos de miles y hasta millones de usuarios, a los que puede informar (y exponer de manera privilegiada su opinión personal) a diario, o con la frecuencia que crea conveniente. Es más delicado aún el caso, cuando se confabulan los intereses de una entidad bancaria con los medios de comunicación, porque aunque inicialmente este canal perteneció al empresario Antonio Granda Centeno, debido a una deuda con el Banco del Pichincha, el canal pasó a manos del banquero Fidel Egas Grijalva, presidente del referido banco [3].

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La prensa escrita.

Esta particularidad de la prensa escrita como medio de una sola vía fue entendida ya en el siglo 18 en varios sitios del planeta como un excelente recurso para influir sobre la opinión pública, sin ningún compromiso para recoger, a cambio, el criterio tanto de sus lectores como el de las personas de las que se hablaba en el medio de comunicación, de modo que su editor tenía, como suele decirse, “la sartén por el mango”, y en su mano estaba el publicar lo que a su juicio, o el de los intereses que representaba, era más conveniente. Fue así como los políticos empezaron a influenciar la opinión de los periódicos, merced a su amistad con los propietarios de estos, que inicialmente fueron pequeños empresarios en su mayoría, y que acogieron complacidos (no en todos los casos, debido a la tendencia política del dueño del periódico y/o sus intereses particulares) un mayor acercamiento al poder y todos los beneficios que tal hecho conlleva.

Más tarde, ya entrado el siglo 20, los grandes empresarios y las corporaciones entendieron que los medios de comunicación tenían un enorme potencial económico que, unido a la influencia política subyacente, podían crear un poder tan grande, que los mismos poderes constituidos podrían tambalearse y hasta caer, por su sola influencia. Fue en esas circunstancias en que apareció la radio y años más tarde la televisión, como medios de comunicación que pasaron a reforzar aquello que pasó a denominarse “Cuarto Poder”, en referencia (y no muy sutil advertencia) a los tres poderes que los sistemas políticos de las naciones suelen tener (ejecutivo, legislativo y judicial). [4]

Es entonces crucial entender que desde su inicio, los medios de comunicación han sido:

  1. Una tribuna desde la cual sus propietarios y/o sus allegados han difundido la información que convenía a sus intereses, soslayando lo inconveniente y publicando únicamente la opinión de sus aduladores, creando incluso enfoques difusos de moral y ética, según conveniencia, pudiendo llegar a convertir la verdad en mentira y viceversa, usando falacias maquilladas y verdades a medias.
  1. Un canal de comunicación de UNA SOLA VÍA, que facilita la difusión masiva de la opinión de UNA SOLA PERSONA, o la de los intereses que representa, en detrimento de la opinión generalizada, invisibilizándola a tal punto, que acaba desapareciendo a favor de la opinión del comunicador. Uno de los casos más deleznables, pero útil como ejemplo del poder de la prensa es el de la “campaña de demonización o desprestigio”.
  1. Un negocio rentable y como tal, instrumento que debe responder a los intereses de sus dueños, que por ninguna razón arriesgarían poder y posicionamiento social por causa cualquiera, por noble que sea. Toda empresa privada se constituye con fines de lucro: por algo es un negocio, y los negocios se instalan para ganar el mayor dinero posible.

Experiencias personales.

En los difíciles días que siguieron a la caída del coronel Lucio Gutiérrez, Quito se politizó de manera impresionante. No importaba el sitio por donde uno anduviera: en todos lados se comentaba acerca del “siguiente paso”, o las reacciones de quienes nunca estuvieron a favor de la caída del presidente derrocado.

Uno de los foros de debate más populares sobre los destinos del país fue el de las Asambleas Territoriales, que viene a ser la facción menos influyente, en términos políticos, de los denominados “forajidos”. Los más espabilados y con mayor influencia social, se convirtieron más tarde en miembros del gobierno del presidente Correa, que también fue parte de la sublevación, pero a su modo. El partido político Izquierda Democrática, desde la penumbra, influyó mucho en la consumación de los distintos hechos políticos antes y después del 20 de abril de 2005.

En esas circunstancias, fueron notorios dos hechos que conviene recordar:

  1. Los medios de comunicación se negaron a hacer entrevistas a personas concretas, publicar opiniones de cabezas visibles de la rebelión o tomar la protesta ciudadana como un hecho político e histórico, prefiriendo calificarlo como una simple revuelta popular. La cantidad de personas que acudían a las marchas era enorme y era EVIDENTE el despertar de un pueblo harto del sistema. De hecho, trataron de invisibilizar cualquier liderazgo, precisamente con el ánimo de echar tierra sobre el asunto y bajar los ánimos de la población para mantener el statu quo, que tantas ventajas les reportaba hasta entonces. Solo entrevistaron a personajes de la derecha, y siempre tratando de desvirtuar la opinión ciudadana, diluyéndola con editoriales que llamaban al orden y hablaban de democracia y “estado de derecho”. Tan vergonzoso fue el accionar de los medios de comunicación privados (en especial canales de televisión), que sólo cuando las marchas populares fueron multitudinarias empezaron a publicar imágenes de los hechos.
  1. La actitud de varios medios de comunicación ha sido y es de permanente alineación con los intereses de la derecha, lo cual es comprensible, puesto que son parte de ella y de la denominada “clase empresarial”. Pero adicionalmente, toda esta clase se ha plegado a los intereses de la extrema derecha norteamericana, (neocons o neo conservadores) famosa por sus ideas radicales, racistas y totalitarias. Es evidente que hay un diálogo permanente con los medios de comunicación mainstream mundiales que por cierto están controlados por corporaciones cuyos accionistas más influyentes son familias conservadoras de Estados Unidos, de larga raigambre fanática. La impresión que causa la actitud de algunos medios televisivos es de total entrega a un Imperio ajeno, cuyo objetivo único es el Capital, y sus respectivos intereses, naturalmente… Además está la grotesca manipulación de los medios, que apelan (como en el caso de Teleamazonas, que raya en el descaro) a la sensibilidad del televidente con canciones cuidadosamente estudiadas para provocar en él sentimientos de apoyo y solidaridad a su causa, ¡es decir, a la causa de una empresa privada, una organización con fines de lucro!

De seguro habrá quienes afirmen que la prensa es pluralista, pero yo puedo dar testimonio de lo contrario, porque en algún momento formé parte de la Comisión de Comunicación de la Red de Asambleas Territoriales y una de las resoluciones que esta tomó inicialmente, es hacer públicos varios manifiestos y propuestas sobre el sistema democrático, entre otras cosas. Fue obligación nuestra visitar los principales medios de comunicación de Quito y fue allí donde constaté que todas las puertas se habían cerrado, porque ni siquiera se nos permitió dejar simples documentos. En mi caso, se me encomendó, junto con otro compañero, dejar uno de los manifiestos en Teleamazonas, y cuando llegamos para pedir un espacio de opinión, fuimos tratados groseramente y por añadidura ni siquiera se nos permitió pasar de la puerta. El guardia mencionó escuetamente algo como “aquí no son bienvenidos los forajidos” y cerró la ventanilla desde la que nos atendió. Fue entonces cuando empecé a preguntarme hasta qué punto eran “pluralistas” los medios de comunicación. En esa época, a nadie en ese canal le importaba la “libertad de expresión” que tanto buscan ahora cuando son sus intereses empresariales los que están en juego. Todos los ciudadanos tenemos una “mordaza” permanente frente a los medios, porque nuestra voz es conculcada y sólo se nos permite hablar en determinadas circunstancias, bajo el pretexto de costoso tiempo en televisión o cualquier otro medio. Existen maneras creativas de permitir que la gente se exprese, pero simplemente no hay necesidad de ello.

Los hechos incontrastables.

Cualquiera que haya intentado publicar una opinión alejada de los intereses de los medios, rubricará todo lo mencionado sin duda alguna. Son hechos incontrastables y palmarios, que simplemente obedecen a los razonamientos analizados en los antecedentes de este artículo.

Sin embargo queda algo pendiente. Últimamente me he preguntado:

¿Qué pasaría con la prensa “independiente” si un gobierno (cualquier gobierno), asumiera durante varios períodos presidenciales el poder?

La primera respuesta que se me ocurrió es que simplemente NO existe prensa independiente.

Es imposible y absurdo hasta el ridículo pensar en un medio de comunicación privado que NO responda a los intereses de sus dueños, así como es imposible soñar en un medio de comunicación gubernamental que NO obedezca al régimen, a menos que intervengan en él en igualdad de condiciones (como en un auténtico CUARTO PODER), el mayor número posible de fuerzas políticas de la Nación, personificadas por periodistas, políticos e intelectuales que las representen y que influyan en editoriales y artículos de opinión oficial, contrapesando y contrastando la opinión de las distintas tendencias políticas en todo momento, con el fin de democratizar la difusión de información, convirtiéndola en REALMENTE pluralista.

Es evidente que todo sistema democrático moderno deberá meditar en esta posibilidad tarde o temprano, si el interés es realmente permitir que la democracia evolucione. El inconveniente está en que la situación actual facilita a los fanáticos de izquierda y derecha a construir un país Gran Hermano, que permite a unas pocas personas manejar la opinión pública a su antojo, con intereses, como ya se mencionó, puramente egoístas y particulares.

Por otro lado, es iluso pensar en la existencia de una ética periodística, si el periodista es un asalariado del medio de comunicación privado, porque la empresa responde a una lógica empresarial y ésta NUNCA será totalmente compatible con el pluralismo (a menos que le convenga, claro) e incluso, desde la visión del capitalismo salvaje o si se quiere, desde el neoliberalismo, sencillamente es la “ley de la selva” y la moral es un término demasiado difuso en esta realidad, como para tomar en serio el concepto de ética periodística, o aproximarlo a la deontología [5] de manera formal. El mismo sistema capitalista difumina el concepto de deontología por la sencilla razón de su naturaleza egoísta.

Por todo lo dicho, no parece tan descabellado el crear un mecanismo democrático que permita un acercamiento (de otro modo imposible en el marco actual, y menos bajo un modelo capitalista), a un sistema de información pública en el que puedan participar, al menos bajo reglas claras, todos los actores posibles, en todos los espacios posibles y con una mínima garantía de veracidad noticiosa.

Eso y abrir espacios dentro de los mismos medios, con más afán constructivo y menos intencionalidad personal y de grupo.

Si, ya sé lo que dirán algunos: utopías, utopías…

[1] Abundan ejemplos de campañas cuyo fin es “demonizar” a una persona o grupos de personas, como el caso de las armas químicas que supuestamente Sadam Hussein tenía en su poder, y que finalmente fueron sólo un pretexto para empuñar los pozos petroleros iraquíes.

[2] El problema es precisamente ese: ¿Quiénes tienen acceso a los medios, si el sistema privilegia únicamente intereses personales o de grupo?

[3] Fuente bibliográfica: http://es.wikipedia.org/wiki/Teleamazonas

[4] “Mientes más que La Gaceta”, refrán español. Fuente bibliográfica del tema Prensa Escrita: http://es.wikipedia.org/wiki/Prensa_escrita

[5] Ref: http://es.wikipedia.org/wiki/Deontolog%C3%ADa_profesional


Guillermo Navarro Jiménez: Los poderes fácticos

Junio 1, 2009

guillermonavarrojimnez1El señor Martín Pallares, editor de la sección política del Diario El Comercio, en su artículo publicado el 31 de mayo del 2009 bajo el título: “Las cuentas del imperio”, se refiere a los poderes fácticos, en sus palabras, como un nombre zoquete utilizado por el Presidente Correa cuando se refiere a la prensa “corrupta, sesgada y entregada”. Sus expresiones van mucho más allá, cuando reclama que se proporcione al Presidente de la República un diccionario, seguramente para que se entere que el uso de ese concepto respecto a los medios de información, en este caso la prensa escrita, es equivocado. Apreciaciones que merecen algunas observaciones.

Hemos de comenzar señalando que del texto del señor Pallares no es evidente si lo que pretende es decir que el concepto no existe, (cuando reclama se provea de un diccionario al Presidente); o que existe pero cree que no es aplicable a los medios de información; o que si existe, lo conoce y en consecuencia lo oculta. Ante ello analicemos estas posibilidades.

Si el señor Pallares asume que fáctico significa “Perteneciente o relativo a hechos” o “fundamentado en hechos o limitado a ellos en oposición a teórico o imaginario”, como lo establece el diccionario de la Real Academia Española, y considera que esas acepciones son extensibles y consecuentemente aplicables al concepto poder fáctico aparentemente tendría razón, ello bajo el supuesto no consentido de que éstas sean acepciones aplicables a ese concepto. No consentimiento que se sustenta en un hecho innegable. Si se revisa la acepción que el mismo diccionario atribuye a poder fáctico, se constata que se entiende como: “El que se ejerce en la sociedad al margen de las instituciones legales, en virtud de la capacidad de presión o autoridad que se posee; p. ej., la banca, la Iglesia, la prensa”, definición que pone en evidencia que el concepto esta registrado por el diccionario y, que no sólo lo registra, sino que entre los poderes fácticos cita, incluye a la prensa, como lo ejemplifica la Real Academia Española de la Lengua. Por lo dicho, todo apunta a señalar que el señor Pallares sólo conoce las acepciones de fáctico y desconoce el correspondiente a poder fáctico, por lo que considera que no procede su uso y peor su aplicación en el caso de la prensa. Siendo ello así lo prudente sería satisfacer el pedido del señor Pallares cambiando, por cierto, de destinatario, puesto que quien requeriría el diccionario sería el señor Pallares.

La segunda alternativa es que el señor Pallares si conozca la acepción del concepto poder fáctico. En este caso lo estaría escamoteando en claro esfuerzo por manipular la opinión pública, lo que justificaría los calificativos de “corrupta y sesgada” que, según el señor Pallares, el Presidente de la República adjudica a los medios de información. Calificativos a los que agregaría el de anti éticos, por dos razones: por tratar sobre un tema que desconocen si la primera alternativa es la cierta; o por ocultar parte de la realidad a la que hacen referencia, si la segunda alternativa es la que procede.


Pablo Dávalos: La democracia disciplinaria

Marzo 11, 2009

Intro: La sospecha como hermenéutica

pablodavalosHay una aprensión con respecto a la democracia liberal, a los gobiernos latinoamericanos que se autodenominan de izquierda y socialistas, a los discursos que legitiman a esos gobiernos y a su praxis política. Una desconfianza que se ve avalizada y confirmada por la presencia de fenómenos que, en otras circunstancias, habríamos claramente inscrito en las coordenadas del neoliberalismo pero que ahora son más esquivos y ambiguos a la hora de las definiciones políticas. Una sospecha de que algo está ocurriendo con los sistemas políticos de la región cuando estos gobiernos no tienen problemas a la hora de ganar una elección o reelegirse de manera continua apelando a prácticas que en la era neoliberal ya eran reprochables. La duda se cierne cuando se trata de clasificar a actos políticos eminentemente represivos y autoritarios que forman parte de estos gobiernos que, empero, se sustentan en discursos de izquierda. Hay una especie de hilo conductor entre el derechista gobierno de Álvaro Uribe en Colombia, y los gobiernos supuestamente de izquierda (o de centro-izquierda) de Hugo Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Bachelet en Chile, Correa en Ecuador, Lugo en Paraguay, Vásquez en Uruguay, Ortega en Nicaragua y Kirchner en Argentina. De algún modo una misma trama los envuelve y les otorga un rasgo que los identifica y los hace comunes de manera independiente de su discurso político o de su necesidad de autoidentificación.

En efecto, más allá de las retóricas legitimantes de estos gobiernos existen realidades concretas que los adscriben y los hacen funcionales a las nuevas derivas de la acumulación del capital, del mismo modo a lo sucedido en las épocas del ajuste macrofiscal de los años ochenta, y en las épocas de la privatización del Estado por la vía de la reforma estructural del Banco Mundial en los años noventa, cuando los sistemas políticos de la región adecuaron sus discursos y su praxis para cubrir, justificar y permitir el modelo neoliberal, ahora independientemente de lo que ahora digan estos gobiernos, la privatización de los territorios avanza a una velocidad acelerada, los planes de integración multimodal no se han detenido, las condiciones de pobreza, explotación, discriminación y concentración del ingreso se han incrementado, la región sigue produciendo aquellos bienes y servicios que el sistema-mundo necesita y sigue inscrita en las desiguales e injustas relaciones centro-periferia. Por ello, cabría preguntarse: ¿Qué esconde este proceso de reconstitución de los sistemas políticos de la región que cambia la política pero que deja intacta la estructura económica del poder? Qué dinámicas políticas pueden desprenderse de estos nuevos gobiernos? ¿Son gobiernos de izquierda? ¿Son socialistas? ¿Qué significa “socialismo” para ellos? ¿Por qué pueden ganar con tanta facilidad una elección? ¿Qué sistema político se está configurando al abrigo de las retóricas socializantes e izquierdistas?

Ahora bien, es cierto que casi todos ellos han hecho un uso exhaustivo del Estado que en los años ochenta habría sido impensable, y eso es justamente lo que nos lleva a equívocos, porque creemos que algo de gasto fiscal en salud y educación, un mínimo de preocupación social en bienestar público, una política asistencialista basada en subsidios focalizados o una presencia de regulación del Estado sobre los mercados, representan una ruptura fundamental con el neoliberalismo.

Sin embargo, fue el mismo Banco Mundial a fines de los años noventa quien propuso la reconstrucción del Estado. Ha sido el Banco Mundial quien ha propuesto la focalización de subsidios para la población más pobre. Fue uno de los teóricos del cambio institucional del Banco Mundial, y premio Nobel de economía, quien ha sido uno de los críticos más radicales al FMI. Ha sido el Banco Mundial quien propuso los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM’s), al igual que los mecanismos de participación ciudadana y descentralización, que se han convertido en la brújula política de los gobiernos socialistas (y también no-socialistas) de la región. Entonces, ¿qué tipo de socialismo es éste que replica la prosa y las intenciones del Banco Mundial? ¿Qué tipo de izquierda es ésta que se siente tan cómoda en el libreto liberal de la política? ¿Por qué los movimientos sociales no pueden deconstruir y develar el verdadero rol político de estos gobiernos?

Se ha propuesto la definición del populismo para intentar si no comprenderlos, al menos clasificarlos, pero el populismo es una definición demasiado fácil que más bien encubre los procesos reales que caracterizan a estos gobiernos y da cuenta solamente de una forma de hacer gobierno pero no de la forma de ejercer el poder. Por ello, creo que habría que distanciarse de la categoría de populismo para comprenderlos. Puede ser que, a pesar de que la geografía política los ubique en los extremos, pero en las formas Uribe en Colombia, y Chávez en Venezuela sean muy parecidos, así como Correa en Ecuador, o Lula en Brasil, pero no es solamente el parecido en la forma lo que llama la atención sino el trasfondo que los identifica y los proyecta en la geopolítica de la acumulación del capital

La cuestión, por tanto, es comprender la textura política de esa trama que los ubica en un mismo proceso y bajo una misma dimensión. Esa cuestión de fondo, sin duda, hace referencia a la acumulación de capital y a las luchas de clases que le son inherentes, y que se inscriben en las nuevas dinámicas del sistema mundo ahora sumido en una de sus crisis más profundas. Independientemente de sus retóricas legitimantes, ninguno de esos gobiernos se ha constituido en un obstáculo a la acumulación del capital. Estos gobiernos, en consecuencia, no representan ninguna salida al capitalismo, ni siquiera una alternativa en la cual pueda pensarse a futuro, sino en la continuación de las relaciones centro-periferia del imperialismo. Pero esta explicación solamente es una heurística en la cual situar algunas hipótesis.

Primo: la taumaturgia del discurso liberal

En todos estos países latinoamericanos las disputas políticas intentan resolverse al interior de la institucionalidad vigente y son procesadas desde el discurso liberal. Los gobiernos de izquierda de la región retoman un entramado institucional que ha sido diseñado y puesto en marcha desde las lógicas de intervención del Banco Mundial. La institucionalidad que los gobiernos de izquierda han heredado es una institucionalidad construida desde el neoliberalismo.

Aquí se plantea una contradicción lógica de gobiernos que se dicen socialistas o que adscriben de alguna manera a las tesis de la izquierda política, pero que se dirimen, se estructuran, y a la larga definen la correlación de fuerzas en las luchas del poder al interior de las coordenadas del liberalismo y de sus instituciones. Es decir, es el liberalismo el que establece el marco general en el cual situar las respuestas antisistema y antiliberal de los discursos legitimantes de estos gobiernos, lo que por definición es un contrasentido, porque si el discurso es socialista y si con ese discurso se ganan las elecciones, lo menos que deberían hacer es construir una mínima institucionalidad política que de alguna manera se relacione con el proyecto socialista, algo que ningún gobierno que se dice socialista lo ha hecho hasta el momento.

Las Misiones de Venezuela, o el Bono de Desarrollo Humano en Ecuador, o la Bolsa Familiar en Brasil, entre varios ejemplos, no implican institucionalidad socialista sino asistencialismo puro y duro al mejor estilo del Banco Mundial. Por ello, al situarse el debate político al interior del liberalismo se produce una ruptura, de las tantas que son inherentes al liberalismo, entre el discurso del socialismo y la praxis del gobierno.

En otras palabras, son gobiernos que se dicen socialistas pero las decisiones que han tomado nada tienen que ver con un proyecto de izquierda o socialista. A nadie se le puede ocurrir calificar como un gobierno socialista a Lula, sin embargo se piensa como si el gobierno de Lula, o el de Chávez, o el de Correa, o el de Lugo, o el de Vásquez, de alguna manera sean de izquierda.

Se trata de una especie de razón esquizoide que no quiere verse en el espejo y que resiste el principio de realidad de comprenderse a sí misma sin necesidad de recurrir a su propio discurso legitimante. De ahí que el discurso de izquierda sea fundamental para construir la legitimidad electoral de estos gobiernos pero que sea inconveniente a la hora de tomar decisiones. En Brasil, o en Venezuela, o en Ecuador, o en Nicaragua, esta apelación a la izquierda se ha revelado como un excelente dispositivo ideológico para desarmar las resistencias y las luchas sociales. En el caso de que los movimientos sociales critiquen a los gobiernos que se dicen de izquierda, automáticamente esta crítica es puesta fuera del debate y acusada de hacerle el juego a la derecha. El espacio de la crítica social se ha cerrado y todo gracias a la taumaturgia de la utilización de un discurso político que tenía pretensiones emancipatorias y que ahora solamente es parte de un dispositivo del poder.

Secondo: el sistema político liberal y el simulacro del poder

Al inscribirse en la matriz del liberalismo, los conflictos sociales, vale decir la lucha de clases, se convierten en conflictos que pueden procesarse desde el sistema político liberal. Se trata de la institucionalización de toda la conflictividad social al interior de la lógica del poder. De ahí que las organizaciones sociales ahora tengan que, necesariamente, pasar por las aduanas del sistema político para validar desde sus reclamos más puntuales hasta su proyecto histórico. Si se quiere cambiar al sistema habrá que primero pedirle su permiso y consentimiento. Llevar toda la energía social e histórica al sistema político liberal equivale a fagocitarla en la episteme y en la praxis del poder. De lo que se trataría ahora, para una organización social que tiene un proyecto histórico, no es cambiar al mundo sino ganar una elección. Y las elecciones se ganan con votos no con organización, menos aún con un proyecto político que se pretende alternativo al sistema.

Para conquistar votos es necesario suscribir toda una parafernalia tecnológica de manipulación social en la cual los partidos políticos se convierten en maquinarias electorales que se activan en elecciones y que se desactivan al instante de ganar o perder una elección. Curiosa paradoja de los movimientos sociales y organizaciones políticas antisistema y que se decían de izquierda y que ahora suscriben, apoyan y forman parte de los gobiernos de izquierda, la de actuar en función de la sístole y diástole del sistema político liberal. Una paradoja que a la larga termina domesticando a esos partidos antisistema y de izquierda y haciéndoles creer que el mundo puede ser cambiado desde las elecciones y que un poco de gasto social en salud y en educación bien valen una revolución ciudadana.

Tertio: el reality como real politik

La domesticación a las organizaciones sociales de izquierda y a los movimientos políticos de izquierda, pasa por un tamiz que criba la ideología y que deja aparte todos los elementos que puedan permitir una deconstrucción crítica del sistema. Esta criba ideológica corresponde a un momento de control disciplinario no solo a los cuerpos dóciles del sistema sino también a sus subjetividades.

El capitalismo, y eso lo sabemos desde Marx y su crítica a la reificación pasando por la Escuela de Frankfurt, el concepto de hegemonía de Gramsci y aquel del biopoder de Foucault, ha logrado desarrollar una tecnología de control social a las subjetividades individuales que se convierte en la mejor garantía de su poder y dominación. Quizá el culmen de esta tecnología está en la neuroeconomía y en los complejos modelos matemáticos que tratan de describir el comportamiento cerebral ante la información emitida por los mercados, pero esa es otra discusión. Todos los días el sistema secreta ideología y la convierte en la ideología dominante (era Marx quien decía, precisamente, que la ideología dominante de una época era la ideología de la clase dominante).

Uno de los elementos claves está en la conversión de lo real como espectáculo, un proceso que fue ya analizado y denunciado por Guy Debord y por toda la crítica al capitalismo como sociedad del espectáculo que hicieron los letristas y los situacionistas. Lo real se convierte en el simulacro de sí mismo por la intermediación del espectáculo, tal como lo analiza el filósofo francés Jean Baudrillard. En ese espectáculo, la política adquiere la consistencia del reality show. Pero la mirada que observa ese reality, es una mirada trabajada desde el poder. Es una mirada que mira pero que no ve. No puede ni entrever ni comprender el denso entramado de relaciones de poder que conducen, estructuran, definen y controlan aquello que mira. Solamente ve lo real como una multiplicidad compleja de varios elementos que apenas entrevistos se le escapan.

En ese mundo no hay espacio para la racionalidad, para la especulación teórica, para el razonamiento crítico, para el debate de posiciones. No hay el más mínimo resquicio para la comprensión. En ese mundo de imágenes que se repiten a velocidades increíbles la única relación con el mundo, con esa realidad, es a través de lo que se siente no de lo que se comprende. El mundo está hecho para ser sentido no para ser comprendido. La realidad que el capitalismo genera es una realidad fractal en el sentido en el que los elementos que la constituyen se fragmentan ad infinitum e impiden una comprensión de la totalidad. Solo queda ese resto de la realidad que el poder lo presenta como espectáculo y que a su vez se representa como show, como reality, como aquello que aparentemente se entiende pero que en realidad se suscribe sin comprender. La política convertida en show, en reality, en espectáculo, es la garantía del poder.

Ahora bien, estas reflexiones han sido realizadas desde varias dimensiones y corresponden a un pensamiento crítico de larga data en la izquierda; sin embargo, ahora constituyen el ser político de los partidos que se dicen de izquierda y que forman parte de algunos gobiernos de la región. Es una izquierda que arrió las banderas de la crítica en beneficio de la real politik, que no tiene escrúpulo alguno en convertir a la política, en especial a su política de izquierda y de transformación, en parte del show, del reality, del espectáculo. Una izquierda que conoce bastante bien lo que significa la reificación, pero que ahora apuesta a ella para sostenerse en el poder.

Por ello, al aceptar el hecho de que la política se define desde el liberalismo y que es necesario entrar a la disputa política desde la arena electoral, se acepta la conversión de la política como espectáculo y, lo que es más paradójico, se hace todo lo posible para formar parte de ese espectáculo porque las elecciones se ganan con votos, y los votantes se identifican con una opción política no por su proyecto sino por su adscripción afectiva. La política electoral juega a las imágenes no a los contenidos. La realidad es una imagen del mundo del espectáculo, y éste es la tramoya creada desde el poder. La política se convierte en imagen pura, en iconografía, en sentimiento, en afectividad. No hay espacio para la reflexión, para el pensamiento, para la crítica, para el debate, vale decir, para la política.

La izquierda, por consiguiente, tiene que capturar esos votos y tiene que jugar las reglas de juego del sistema, manipulando, mintiendo, falsificando y contribuyendo a reforzar esos mecanismos de control social sobre las subjetividades. En otras palabras, al momento de entrar en el escenario electoral, la izquierda no tiene otra opción que utilizar los mismos mecanismos de biopoder que manejan y controlan las subjetividades sociales, y que han sido desarrollados y desplegados desde el poder. La izquierda, quizá a su pesar, se convierte en cómplice del poder.

Ahora bien, es cierto que lo electoral está inscrito en esas coordenadas del liberalismo y, en definitiva, qué se le va hacer si el fin justifica los medios y de lo que se trata es de ganar una elección, pero la izquierda que ha ganado esas elecciones en América Latina y que ejerce el poder y que se legitima desde un discurso que de alguna manera se relaciona con el socialismo, ha convertido a este mecanismo en un fin en sí mismo. Ha hecho del espectáculo su razón de ser y prolonga al infinito los recursos mediáticos de la ideología para conservar el poder. La izquierda que está en los gobiernos de la región se ha convertido en una parodia de sí misma. No se diferencia en nada de sus homólogos de la derecha, porque una vez en el poder utiliza estos mecanismos de control social para garantizar su permanencia en el poder, para comprar adhesiones electorales y popularidad.

Ha convertido un mecanismo que pudo haber tenido su legitimidad al momento de disputar el poder en un leit motiv de su propio poder. Es una izquierda que tiene que destruir a las organizaciones sociales a través de la cooptación a las dinámicas del Estado, que tiene que controlar los discursos sociales para evitar las disidencias y disensos, que tiene que subyugar la energía política social utilizando los mecanismos electorales no como una opción de disputa de poder sino como un ejercicio permanente y cotidiano de ejercicio del poder. Se ha revelado la mejor alumna de manipulación de masas que harían palidecer de envidia a los expertos del Instituto Tavistock, a no ser que estos mismos tecnócratas formen parte de estos gobiernos de izquierda.

En otras palabras, la izquierda, o más bien aquellas formaciones políticas que para legitimarse se reclaman como parte de la izquierda, juegan a la ideología y consolidan el control biopolítico del poder, porque son una apuesta del poder, porque representan al poder. No han roto con esos mecanismos disciplinarios a las subjetividades y que relevan de la biopolítica y que se expresan en el espectáculo, sino que los consolidan y los llevan a un nivel de mayor extensión y complejidad. Ahora utilizan la parafernalia electoral que controla y vende una imagen de política en el entramado del espectáculo, como una condición de posibilidad de su propio poder. No es una izquierda deliberativa, emancipadora, crítica y abierta, sino una opción de poder que ha llevado los contenidos del control biopolítico como táctica recurrente de su propio poder. Esa izquierda se ha convertido a sí misma, y al proyecto histórico del socialismo, en un espectáculo. El socialismo de ahora es parte de la tramoya del poder en la que el simulacro de su discurso lo presenta como un decorado más del show de la política. Es un socialismo políticamente correcto y domesticado en las dimensiones del espectáculo.

Tetra: La democracia como dispositivo del poder

Los supuestos anteriores tienen un rol de premisas: el objetivo de las izquierdas en el poder es disciplinar las luchas, resistencias y propuestas alternativas al interior de la democracia liberal. No hay otro espacio posible a nivel histórico que aquel de la democracia liberal: el horizonte de posibles sociales se ha cerrado, Fukuyama tenía razón: la historia tiene su fin en la democracia liberal y la izquierda que está en el poder en varios países latinoamericanos lo demuestra. Ahora bien, esto no significa en absoluto que se desprecie a la democracia, sino que es necesario comprender que alrededor de esta categoría política de la democracia se ha creado un verdadero fetiche que tiene como objetivo impedir un debate que abra la democracia hacia nuevas posibilidades libertarias, críticas y emancipatorias.

La democracia existente está constreñida a las fronteras establecidas desde el liberalismo, y el liberalismo, dígase lo que se diga, siempre será un discurso de poder. En ese sentido, pienso que la democracia se convierte en una especie de dispositivo en los términos dados por Foucault[1]. Si nos atenemos a lo descrito por Michel Foucault (y ponemos provisionalmente entre paréntesis aquello desarrollado por Agamben y otros teóricos sobre el dispositivo, que implica al momento un profundo y denso debate), podemos pensar que la democracia cumple las funciones establecidas como dispositivo desde el poder, en primer lugar porque:

1) permite la construcción de discursos, instituciones y prácticas legitimantes del poder, que se constituyen en una red de sentido y significación que encuentran su racionalidad y su legalidad justamente en la democracia liberal;

2) porque es el vínculo que une prácticas de dominación, control, y vigilancia. La democracia liberal es el mecanismo sobre el cual pueden engranarse discursos, instituciones, prácticas, que pueden mutar y transformarse continuamente adoptando, como un Proteo incesante, los rostros del espejo de la realidad, a fin de enmascarar los recursos de poder; y,

3) permite la administración y control estratégico tanto de los disensos cuanto de los consensos.

La democracia liberal es, en consecuencia, uno de los dispositivos más eficaces del poder. La democracia liberal disciplina el comportamiento político de todos los sectores sociales bajo los formatos establecidos por la burguesía. Crea la ilusión de la disputa por el poder y de la alternabilidad y, en consecuencia, neutraliza cualquier opción alternativa. Domestica a las organizaciones sociales más recalcitrantes y a los intelectuales más críticos, y los hace aparecer como reaccionarios y antidemocráticos enajenándoles cualquier espacio político. Por ello, es conveniente asumir que la posición de la burguesía con respecto a la democracia sea sumamente estratégica y releva de esa pragmática del poder.

La burguesía no va a apostar los recursos ni las prerrogativas de su poder en la ruleta de la democracia liberal, todo lo contrario, los va a sujetar de tal manera que siempre consoliden su poder. La democracia liberal tiene los dados cargados. De ahí que la política cuando se sitúa en el contexto de la democracia liberal como un dispositivo, adquiere también la consistencia estratégica de ésta. La política, en definitiva, administra el poder pero desde un solo lado de la balanza. Por ello pienso que si los gobiernos de izquierda en la región hubiesen significado un mínimo peligro para el poder de la burguesía, quizá habríamos hablado de algo que pudo haber sido y no fue, como en el caso de Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular en Chile. Para la Unidad Popular chilena se trataba de abrir otra vía al socialismo, es decir, de abrir el espacio de posibles históricos. La burguesía no perdonaría jamás esta aventura que ponía en riesgo su poder. La experiencia de la Unidad Popular chilena demuestra en toda su extensión el carácter de dispositivo de poder que tiene la democracia liberal.

Ahora bien, lo que se ha expresado en realidad recoge y redunda en los términos de algo que hace algunas décadas lo dijo también Agustín Cueva a propósito de lo que él calificaba como las democracias restringidas de América Latina[2]. En ese debate de Cueva con Weffort, Laclau, Lechner, Aricó, entre otros, subyace la intención de criticar y cuestionar esa reificación a la democracia y que Cueva denuncia porque la democracia no es un cascarón vacío sino que replica los contenidos del poder. Se trata de un debate que ahora tiene plena vigencia y actualidad porque es necesario comprender los horizontes históricos que están delineando gobiernos de izquierda que, paradójicamente, se parecen mucho a los diseños del poder. Quisiera, en consecuencia, añadir a la desconfianza de Cueva con estos discursos legitimadores del poder, y desmovilizadores de las resistencias y que constan en la reificación del discurso de la democracia y su constitución en un dispositivo de poder, el hecho de que la democracia liberal, en realidad, se constituye en una experiencia disciplinaria de la política, de la praxis liberadora y de las subjetividades críticas y cuestionadoras al sistema.

Penta: “las blandas fibras del cerebro” o la biopolítica

La democracia liberal es un dispositivo del poder para disciplinar, ordenar y controlar. La democracia liberal es indisociable de la manipulación de los individuos que se convierten en electores de la misma manera que en el mercado se convierten en consumidores. La libertad de elección del consumidor y del votante es una falacia del poder, y eso lo saben bastante bien los expertos en publicidad, mercadeo y control de la subjetividad. Ellos saben que las subjetividades del consumidor o del votante son arcilla dócil en la cual se pueden inscribir las signaturas del poder sin las menores resistencias, críticas ni cuestionamientos[3].

Ellos saben que vender un candidato en momentos electorales es un asunto de marcas, y en el mundo de las marcas la publicidad impone sus condiciones, y la publicidad es otro de los nombres del control de las subjetividades, de esas fibras blandas del cerebro de las que hablaba Servan, vale decir, de la biopolítica.

Pasar el umbral de la democracia como frontera de disputa política con la burguesía, como fue la experiencia de la Unidad Popular en Chile, y en la que aún era posible cambiar al mundo, hacia la democracia disciplinaria[4], como mecanismo de control, sumisión y prerrogativa del poder, indica uno de los fenómenos políticos más importantes en la transición del neoliberalismo al pos-neoliberalismo. No hay que olvidar que toda la estrategia del ajuste macrofiscal del FMI y la privatización del Estado llevada adelante por el Banco Mundial, se sustentaron en sistemas políticos democráticos y representativos.

La democracia del ajuste y de la reforma estructural tenía un tempo que se sostenía en función del control de la lucha de clases. El discurso de la gobernabilidad de la Comisión Trilateral trataba de extender ese tempo dando vida artificial a los gobiernos que habían suscrito la terapia de shock del FMI y que se agotaban a semanas de haber ganado las elecciones, de ahí la necesidad de otorgar gobernabilidad al sistema político de tal manera que pueda resistir la presión social al ajuste del FMI. De ahí la preferencia por sistemas presidencialistas.

Luego de dos décadas de ajuste macrofiscal y de privatización del Estado, el sistema político que garantizó el cumplimiento de las tareas del Consenso de Washington finalmente se derrumbó como un castillo de naipes. La estrategia de la gobernabilidad no alcanzó para proteger a ese sistema político. Pero el sistema político que le ha tomado la posta y que se está consolidando en la región se ha revelado más funcional y eficiente con la acumulación del capital y la disciplinarización de la lucha de clases. Ese sistema político convierte a la democracia en un dispositivo de poder y asume los contenidos del control disciplinario. Luego de dos décadas de intervención sobre el Estado y la sociedad realizados por el Banco Mundial y por las ONG’s de la cooperación al desarrollo, el sistema político que emerge luego del fracaso de la gobernabilidad es más disciplinario y represivo.

La democracia disciplinaria

La democracia disciplinaria es el final del camino de la democracia de la gobernabilidad y de la privatización del Estado. Es una democracia que utiliza la representación y los sistemas electorales como dispositivos del poder. Una democracia que cierra los espacios deliberativos, consensuales y críticos. Que absorbe la energía social y la lleva al agujero negro de su propio poder. Que se sustenta en una ciudadanía dócil, sumisa, disciplinada, temerosa y frágil. Que fragmenta las solidaridades sociales y las estructuras organizativas para convertirlas en un momento de su propia dinámica. Que convierte a la práctica de gobierno en razón de Estado y al partido de gobierno en partido de Estado. La democracia disciplinaria es una democracia panóptica en el sentido de que necesita vigilar, ordenar, sujetar y controlar.

Aquello que vincula el poder disciplinario con la democracia como dispositivo del poder es la biopolítica entendida como la condición de posibilidad que el poder ha generado para intervenir de manera permanente sobre las subjetividades individuales y sociales. La democracia disciplinaria une el poder disciplinario que se ejerce sobre el control de las subjetividades y en la cual las personas se convierten en consumidores o votantes cuyas percepciones sobre la realidad son trabajadas por expertos en mercadeo y publicidad, con la noción de la democracia como dispositivo del poder que permite la legitimidad de los discursos, las instituciones y las prácticas represivas del poder. La democracia disciplinaria acude, casi por definición, a mecanismos panópticos de control y vigilancia, de ahí la consolidación y la extensión de las formas de criminalización, persecución y violencia social generadas desde el Estado y el partido de gobierno.

La democracia disciplinaria lleva la energía política al ámbito del espectáculo, y diseña una trama de control específico y exhaustivo a nivel territorial y de población. En la democracia disciplinaria, los tecnócratas de la biopolítica (como los publicistas, o los consultores políticos electorales), levantan información al nivel más preciso para conocer todos los aspectos relacionados con una población determinada a fin de influir sobre sus comportamientos. Para ello acuden a los mismos mecanismos (y a veces a las mismas organizaciones y empresas), de las corporaciones privadas que tienen un control panóptico sobre poblaciones enteras a nombre de los estudios de mercado y de la demanda de consumidor. La democracia disciplinaria convierte al votante en consumidor político en un contexto de monopolios políticos. La democracia disciplinaria crea ilusiones y simulacros, al tiempo que cierra el espacio de posibles históricos a las alternativas.

Quizá por ello, Chávez, Correa, Uribe, Lula, Kirchner, Calderón, inter alia, se hayan convertido en Marcas de publicidad y no en procesos históricos y sociales. Nombres con los que es relativamente fácil ganar una elección porque se han convertido en estrategias de control, monitoreo y mercadeo electoral. Mas, no son solamente nombres, en realidad son marcas del poder. Marcas hechas a la medida exacta del poder en tiempos pos-neoliberales. Marcas que permiten la reconstitución de la dominación y la entrada de toda América Latina hacia el pos-neoliberalismo. Marcas en las que incluso las retóricas se repiten (la “Pasión por México” de Calderón, se convierte en la “Pasión por la Patria ” de Correa). Detrás de estas marcas están pueblos arrasados por las nuevas lógicas del capital que presiona ahora por petróleo, biocombustibles, transgénicos, agua, biodiversidad, servicios ambientales, ejes multimodales. Detrás de esas marcas están líderes sociales criminalizados y perseguidos por “terroristas”, están pueblos empobrecidos, solidaridades devastadas, regiones enteras contaminadas, pueblos ancestrales extinguidos. Estas marcas publicitarias encubren una nueva dinámica de disciplinarización social y de control de subjetividades que relevan de la biopolítica.

La democracia disciplinaria hace que los gobiernos, sean de izquierda o de derecha, abran un espacio de elecciones permanentes y ponen al Estado en función de esos intereses electorales. Para los Presidentes-espectáculo de la democracia disciplinaria no es ningún problema ganar una elección o una re-elección, ni tampoco tienen problemas de credibilidad y aceptación, porque siempre están en elecciones, porque todos los días están comprando adhesiones y popularidad, porque todos sus actos están previamente medidos en el baremo de los votantes. Porque han puesto al Estado, a las instituciones públicas y a las políticas públicas en función de su propio nombre, de su propia marca.

La democracia disciplinaria realiza algo que fue una utopía en la década de los noventa y que el Banco Mundial no pudo conseguir: la gobernabilidad absoluta del sistema político. La democracia disciplinaria es la continuación de las preocupaciones por la gobernabilidad del sistema político de los años ochenta y noventa, y que tuvo en el Banco Mundial y en la USAID sus principales agencias. Es la consolidación de la gobernabilidad en un proceso que cierra el sistema político a toda oposición tanto de izquierda cuanto de derecha. La democracia disciplinaria y la gobernabilidad comparten la misma estrategia de provocar el temor social y utilizar estratégicamente el miedo como factor político que permite administrar los consensos y los disensos. La democracia disciplinaria es el final del camino de la gobernabilidad, en el sentido en el que la entendía tanto la Comisión Trilateral , cuanto la ideología del orden de Carl Schmitt.

La democracia disciplinaria es fundamental a la hora de privatizar los territorios y privatizar la soberanía del Estado. Los acuerdos de libre comercio que ceden la soberanía del Estado-nación, la gobernanza de los recursos naturales que abren el camino para su privatización, las estrategias de descentralización y autonomías que debilitan al Estado-nación y lo convierten en un cascarón vacío de soberanía contractual pero al mismo tiempo fortalecen el monopolio de la violencia legítima en contra de las poblaciones que resisten la privatización territorial, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM’s) del Banco Mundial y los procesos de participación ciudadana y “democracia directa”, todos estos fenómenos necesitan ser procesados políticamente por ciudadanías dóciles, obedientes y temerosas, y para ello se revela fundamental el poder disciplinario que genera la biopolítica, y la capacidad desmovilizadora que implica la democracia desprovista de todo contenido emancipatorio y liberador.

Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Uribe en Colombia, Lula en Brasil, Vásquez en Uruguay, Bachelet en Chile, entre otros, de una u otra manera, son Presidentes-espectáculo. Son el producto y el resultado de una dinámica de la acumulación del capital y de la lucha de clases, en las que las nuevas formas de control y disciplinamiento social pasan por las aduanas de una democracia hecha para que todo se mueva y nada cambie.

*Pablo Dávalos. Economista ecuatoriano, catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y miembro del Foro Social Mundial Alternativas – Capitulo Ecuador.


[1] “Aquello que he ensayado de ubicar bajo este nombre (el dispositivo, P.D.) es, en primer lugar, un conjunto resueltamente heterogéneo que implica discursos, instituciones, arreglos arquitectónicos, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas, en definitiva, tanto de lo que se dice cuanto de lo que se calla … El dispositivo es la red en la cual pueden establecerse todos estos elementos.” “En segundo lugar, aquello que quisiera identificar en el dispositivo es justamente la naturaleza del vínculo que puede existir entre todos estos elementos heterogéneos. De esta manera, tal discurso puede aparecer tanto como un programa de una institución, cuanto un elemento que permite justificar y ocultar una práctica … o funcionar como una segunda reinterpretación de esta práctica, darle acceso a un campo nuevo de racionalidad. Breve, entre estos elementos, discursivos o no, hay como un juego de cambios de posición, de modificación de funciones que pueden, ellos también, ser muy diferentes”. “En tercer lugar, por dispositivo, entiendo una suerte –puede decirse- de formación que en un momento histórico determinado ha tenido por función mayor de responder a una urgencia. El dispositivo, entonces, tiene una función estratégica dominante”.

Foucault, Michel, Dits et Ecrits (traducción propia).

“Ce que j’essaie de repérer sous ce nom (el dispositivo), c’est, premièrement, un ensemble résolument hétérogène, comportant des discours, des institutions, des aménagements architecturaux, des décisions réglamentaires, des lois, des mesures administratives, des énoncés scientifiques, des propositions philosophiques, morales, philantropiques, bref: du dit, aussi bien que du no-dit … Le dispositif lui-même, c’est le réseau qu’on peut établir entre ces éléments.”

“Deuxièment, ce que je voudrais repérer dans le dispositive, c’est justement la nature du lien qui peut exister entre ces elements hétérogènes. Ainsi, tel discours peut apparaître tantôt comme programme d’une institution, tantôt au contraire comme un élément qui permet de justifier et de masquer une pratique … ou fonctionner comme réinterpretation seconde de cette pratique, lui donner accés à un champ nouveau de rationalité. Bref, entre ces éléments, discursifs ou non, il y a comme un jeu des changements de position, des modifications de fonctions, qui peuvent, eux aussi, être très diférents.”

“Troisièment, par dispositif, j’entends une sorte –disons- de formation qui, à un momento historique donné, a eu pour fonction majeure de répondre à une urgence. Le dispositif a donc une fonction stratégique dominante.” Foucault, Michel, Dits et Écrits, Vol III, pp 299.

[2] Escribe Agustín Cueva a propósito de la democracia liberal: “Dudo, por ejemplo, que el poder se construya a través del voto, no solo por razones abstractas que hoy no me propongo exponer, sino por la buena razón empírica de jamás he visto ni he oído hablar de ningún lugar del planeta en donde asuntos tan decisivos como los que a continuación voy a señalar hayan sido sometidos a votación: a) la cuestión del sistema de propiedad; b) la estructura del aparato militar; c) la constitución de las relaciones que la CEPAL denomina “centro-periferia” (para no hablar directamente de imperialismo).” Cueva, Agustín: Las democracias restringidas de América latina. Elementos para una reflexión crítica. Planeta, Letraviva, 1988, Ecuador, pp. 19. cursivas en el original.

[3] “Sobre las blandas fibras del cerebro se asienta la base inquebrantable de los más firmes imperios”, decía Antoine Servan, en una cita de Foucault: “El poder psiquiátrico”, FCE, México, 2007, pp. 16

[4] Democracia disciplinaria porque utiliza un poder disciplinario, sobre esto último: “… el poder disciplinario es un poder discreto, repartido; es un poder que funciona en red y cuya visibilidad solo radica en la docilidad y la sumisión de aquellos sobre quienes se ejerce en silencio.” Foucault, Michel: El poder psiquiátrico, ob. cit., pp. 39


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. III

Marzo 4, 2009

II. La práctica política: Conocoto y la Provincial.

Fue así como me uní al Movimiento País. Sin padrinos ni ceremonias ostentosas con las que algunas personas suelen presentarse en sociedad (supongo que quieren reforzar la imagen de ganadores y líderes de alto nivel). Quizás (debo reconocerlo) siempre tuve metida en la cabeza la idea de recoger material para construir este relato, aunque siempre me atrajo, caray, el afán de luchar por una causa justa.

Con las expectativas con las que uno llega a su primer día de clases en la Universidad.

Empecé por hacer militancia dentro de mi parroquia y me puse en contacto con el Coordinador que alguien había designado para Conocoto. Previamente me había enviado por correo electrónico una invitación a participar. Mi “e-mail” lo obtuvo de la lista de un par de reuniones del Movimiento País a las que asistí durante la segunda jornada electoral, mientras terciaban para la presidencia de la república los entonces candidatos Correa y Noboa. Luego de algún episodio que aún no comprendo del todo ni viene al caso, el coordinador anterior fue sustituido. Me permito hacer una corta digresión al respecto.

Participaba entonces este servidor en la Asamblea de Conocoto, organización popular integrante de las Asambleas Territoriales. El contacto político con M. País lo establecí en ese espacio. Aunque hay muchos detalles interesantes sobre esta asamblea y los intereses creados, los omitiré, considerando que son irrelevantes respecto a esta crónica. Baste mencionar que estimo ese foro como mi verdadera escuela política, pues era un escenario pequeño, una suerte de laboratorio en el que participaban personajes venidos de diversos partidos políticos, unidos muchos de ellos por lazos de parentesco, amistad o vecindad de muchos años, con heterogéneo nivel de experiencia política, cada uno con su estilo particular y sus intereses concretos. Yo era sin duda un advenedizo para ellos, según su marco lógico, pero el grave problema era que los tiempos no estaban para vivir en el siglo dieciséis. Allí es donde conocí los métodos más usuales del político tradicional en un nivel de la sociedad donde DEBERÍA empezar la Revolución: el barrio y la parroquia, pero las relaciones sociales de la comunidad están muy alejadas de tal supuesto. Allí impera el cacicazgo como instrumento usual de asidero del poder; el caos y la búsqueda del interés personal son la regla por todos conocida y practicada. La única organización visible (y más o menos respetada, según la comunidad que se mire) es la deportiva, que mira con desprecio y desdén cualquier forma de organización política. Lo usual: Los vecinos se critican y hasta odian en secreto mutuamente. El desarrollo urbano sólo ha conseguido, en complicidad con la intolerancia (producto del negacionismo del origen racial que aún no asimila la sociedad Latinoamericana, especialmente en las esferas más humildes) y los medios de comunicación que apelan al miedo como otra herramienta de venta de información; todo esto, como decía, sólo ha conseguido erosionar, en general, toda relación social que no sea productiva, desde el punto de vista del capitalismo. Los colonizadores del actual Estados Unidos siempre tuvieron la ventaja de que al menos se consideraban colonos entre sí (con las sutiles diferencias del caso), pero ante todo, el tema de su origen no implicaba el más mínimo inconveniente, asunto que les permitió concentrarse en la prosperidad material, mientras que al sur las cosas eran dolorosamente distintas.

El caso es que un manojo de personas emprendimos varios proyectos para llevar a la práctica la Revolución Ciudadana, incorporando además programas de gobierno, como el de vivienda del MIDUVI. Propuse ejecutar uno de comercio justo, similar a otro que había creado yo entre los consumidores del barrio “El Calzado” y productores de varias comunidades de Cayambe, y aunque el proyecto se encontraba aún en estudio, el entusiasmo y la expectativa de la gente eran grandes, pues la finalidad es evitar la intermediación, reducir el costo de los productos y establecer nexos culturales con las comunidades.

Enlazamos entonces, para el caso específico de nuestra parroquia, a un colectivo de productores de Amaguaña, con consumidores de la zona urbana de Conocoto. Todo iba sobre rieles, vaya, con altibajos, debo reconocerlo (asuntos de convivencia política con antiguos camaradas de las Asambleas, que se unieron al Movimiento País al entender que debían posicionarse ante la proximidad de las elecciones seccionales y con los que no era fácil trabajar en equipo), hasta que llegó el momento de organizar las elecciones. La falta de tolerancia política (mía y de la gente de la Asamblea), causó que un proyecto tan ambicioso como el de Comercio Justo en la Parroquia, no pudiera alcanzar el éxito que merecía, y que requiere urgentemente el país, ante el incierto (y a veces siniestro) porvenir de la Economía Global de nuestros tiempos.

Yo siempre pensé que los relatos desagradables de gente que se “metía por la ventana” al llegar estas épocas, considerando el trabajo más o menos efectivo que veníamos realizando, eran cosa del pasado: taras de la partidocracia. En cada una de las reuniones podía verse el interés por sacar proyectos adelante, aunque con el recelo y el celo inmanentes, usuales entre las dos facciones que se crearon: el grupo de la Asamblea, y los que estuvimos al principio.

Sólo en cuanto la gente se metió literalmente por la ventana, pude comprender lo que realmente ocurría: La traición empezaba dentro de casa. Aquellos a quienes consideraba pares y con los que había luchado por una causa cierta, resulta que en realidad me miraban con el mismo recelo que nuestros antagonistas internos. Pero lo peor era que SIEMPRE tuvieron una bitácora secreta, que emergería en cuanto las elecciones seccionales llegaran a un punto determinado, y yo ignoraba este hecho en esos momentos.

En una ocasión pude asistir, en remplazo del coordinador, a un taller que organizaba el Secretariado Provincial con el fin de explicar la nueva estructura del Movimiento. El evento se realizó en el colegio Emilio Jaques-Dalcroze, ubicado en el Valle de los Chillos, no muy lejos de mi barrio. Fue allí donde en realidad me integré al MP (Movimiento País), porque lo anterior fueron acciones en un pequeño escenario, una partida de ajedrez por diversión. Un proyecto personal embrionario, podría decirse.

El ambiente era muy parecido al de las Asambleas Territoriales y se manejaban muchos códigos implícitos de allí, tanto en el discurso como en la metodología de trabajo: horizontalidad hasta cierto punto, aunque percibí por primera vez aquél deleznable tufillo fanático de la idolatría al líder, asunto que me pareció, pobre ingenuo de mí, algo que iría cambiando hasta desaparecer, porque la revolución y la sensatez se impondrían. Lo que no sabía entonces, era que tal actitud era permanente en todos los partidos políticos, y que aquello no era sino lo que podría llamar síndrome del populismo, es decir la irracional y adulona actitud de la gente llana por su inalcanzable, celestial líder, con la finalidad de merecer posteriores favores. Algo como la religión, pero con homínidos, y una posibilidad más cierta de hablar personalmente en algún momento, con el diosito de turno, o su santo delegado.

Luego de que se nos informó sobre los detalles de la nueva estructura, cuestioné los métodos de elección,asambleas-de-alianza-pais considerando que a nivel oficial se hablaba de cambios profundos, y que en la vida real se mantenían las viejas prácticas de la partidocracia. Se argumentó que la designación “a dedo”, se realizaba sólo por esta ocasión, considerando que apenas estábamos empezando. Yo pensaba para mi coleto, que la mejor oportunidad de empezar realmente bien un procedimiento de tanta envergadura, era precisamente organizar un proceso absolutamente claro, con elecciones democráticas al interior del movimiento, de tal manera que a la opinión pública llegaran noticias de que el cambio empezaba por casa, y lo mencioné. Aunque hubo mucha acogida a mis palabras, pude captar inmediatamente muchas suspicacias entre los asistentes (alrededor de 50 o 60 personas, todos líderes supuestamente) y si bien una cantidad importante de los asistentes apoyó mi posición, muchos líderes cuestionaron los argumentos expuestos, bajo la consideración de que el criterio de los líderes del Secretariado Nacional era inobjetable. Nunca supieron responder bajo qué argumento y muchos empezaron a enojarse. Sólo ahora puedo ver en todo ello una primera advertencia de lo que en realidad se venía cociendo para el proceso de primarias…


Juan Paz y Miño: Imaginación sociológica

Marzo 2, 2009

pazymino“La imaginación sociológica” de C. Wright Mills (1961) es un viejo libro para estudios políticos. Se refiere a las capacidades para analizar las informaciones, desarrollar razones, comprender el escenario histórico. En el Ecuador, la “imaginación sociológica” parece que funciona al revés. Porque sorprende lo que se escucha y lee de aquellos académicos que parecen dejar atrás precisamente las consideraciones históricas.

Desde la década de los sesenta del pasado siglo, la ciencia social comenzó a tomar un auge inusitado en América Latina, y durante los setenta, hasta bien entrados los ochenta, lo que se producía en la región pasó a ser un referente mundial. Esa enorme literatura trató temas como los que inquietan al presente.

Desde luego, los contextos han variado. Pero hay ciertas bases teóricas que perduran, enriquecidas con lo contemporáneo. No se puede etiquetar como “populismo” a cualquier política que refuerza el papel del Estado, promueve el gasto social, orienta la economía con sentido popular, etc. El “populismo” solo explica un tipo de discurso y una forma de hacer la política. Nada más. Asombra que el concepto sea utilizado para análisis descontextualizados. Es comprensible su uso indiscriminado entre ciertos opinadores de radio, articulistas o revistas de “vanguardia”. En igual línea entra toda esa cantaleta sobre el “caudillismo”, el “neo-velasquismo” o el “líder carismático”, etc. y últimamente ese “análisis” tan “imaginativo” sobre la existencia de una especie de encantamiento, de hipnotismo colectivo, de mágica adherencia popular a un proyecto que dizque hace aguas. En esas líneas se critica a una “izquierda” que se la supone en el pasado, sin más. ¿Dónde está el análisis sobre el poder y las fuerzas en torno a él? ¿Cómo puede omitirse lo de fondo por privilegiar simplemente los fenómenos políticos de la superficie?

Hay sensibles errores gubernamentales. Desencantan. Pero decir que hay un “proyecto autoritario” en marcha resulta más que imaginativo. Porque las comparaciones se hacen sobre realidades históricas y no sobre ideales o supuestos. Y en Ecuador, desde 1979, lo de “autoritario” solo calza al gobierno de León Febres Cordero (1984-1988) y no ha habido repetición. Decir que se “destruye” la institucionalidad del Estado es no comprender que ello ocurrió durante los últimos veinticinco años neoliberales. Acusar a una democracia “sin partidos”, con control de “todas” las funciones, etc. es construir un objeto ideal y retórico, bueno para la oposición política, pero que no explica la realidad histórica del Ecuador.

Si se examina lo que la derecha política decía sobre el proceso de retorno al orden constitucional, sobre la Nueva Constitución y sobre el binomio Roldós-Hurtado cuando se inició la democracia ecuatoriana en 1979, se verá que, con lenguaje más “académico”, lo mismo se vuelve a repetir hoy. Y lo peor es que se institucionaliza como una politología a-histórica de derecha. Mucho tiempo ha pasado desde que el célebre Agustín Cueva criticó esa sociología meramente “institucional”.


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. II

Febrero 20, 2009

I. Los Forajidos

A ver: En realidad todo empezó (para mí) en cuanto el gobierno del Presidente Correa tomó posesión del Gobierno Nacional. Mis esperanzas, debo reconocerlo, fueron muchas y encontré en él al individuo que tanto pedía la gente: un hombre resuelto, noble y talentoso, al que no le tiemble el pulso a la hora de tomar decisiones, por duras que sean, dentro del contexto de la Revolución Ciudadana.

quitomanifestacion050420Esta revolución, a mi parecer es algo más que un eslogan de campaña, porque venía yo de un proceso político urbano, conocido como las Asambleas Territoriales de Quito, célebres en el bajo mundo de coroneles “mejores amigos” de presidentes extranjeros y la prensa vendida de siempre. Los llamaban, como sabemos, Forajidos. Gente que los canales de televisión se obstinaron en mantener bajo tierra para evitar cambiar el statu quo, que finalmente cambió, para su despecho. Es allí donde empezó a gestarse la verdadera Revolución Ciudadana, de manera caótica e inmadura sin duda, ¡pero había que ver el fervor de esa gente!

Llenaban salones enteros toda clase de intelectuales, profesionales diversos, políticos de barrio, vecinas curiosas, gente de derecha… había de todo sin duda. Unos en sincera búsqueda de un cambio, y la mayoría por ver si se podía pescar algo a río revuelto.

¡Y vaya usté a ver esos discursos! Inflamados de patriotismo, de esperanzas de cambio. Incluso podía percibirse en el ambiente cierto consenso en la voluntad de cambiar la patria a como dé lugar, lo cual estremecía a algunos, que esperaban y esperan la revolución tomándose un cafecito, una lucha social que no les cree la más mínima incomodidad.

Poco a poco empezaron a juntarse viejos revolucionarios de 20 o más años de lucha, intuyendo que esta era la ocasión que tan largamente habían esperado… Por mi parte, acababa de estrenarme como revolucionario, así que ignoraba los famosos tejes y manejes políticos de siempre, tan repugnantes en casos como el de Mahauad (¿así se escribe?), Abdalá Bucaram y Fabián Alarcón, este último la bazofia más impoluta de este trío de… ex-presidentes.

Creo que el asco de todos los acontecimientos políticos pasados fue lo que me impulsó a perseverar en esa causa, sintiendo que si quería ver cambios reales en este país, tendría que hacerlos con mis propias manos. Las manifestaciones y la lucha en las calles fueron algo de otro mundo, inolvidable. Algo muy parecido a una verdadera revolución social. Me acordé de mis viejos días de revoltoso, por el alza de pasajes en el colegio.

Era evidente la carencia de soporte intelectual, aunque precisamente por eso se realizaban reuniones con frecuencia, para construir la plataforma ideológica que viabilice la revolución asamblearia, pero entre tanto discurso emocionado y sus respectivas réplicas y contrarréplicas el tiempo pasaba y no se aterrizaba en concreciones, aunque en general los aportes eran valiosos y aprendí muchísimo, especialmente de la naturaleza humana, con su impresionante nobleza, y su escatológica miseria. Allí conocí que también existe la envidia política, como una maligna variante de la envidia vulgar, de tal modo que llegué a pensar que de verdad existe el diablo, porque se las ingenia para meter sus pecados capitales en los sitios más inesperados. Era como verlo brincar de alma en alma, al calor de los discursos, atizando entre carcajadas burlonas los sentimientos de las gentes. Todo un infierno de Dante.

Por otro lado estaba la continua lucha contra las “ratas del congreso”, que a ratos nos emocionaba por la enorme simpatía que levantaba en el pueblo quiteño y en todo el país. Los plantones, las marchas, los intentos de meterse a la brava al Salón del Pleno para sacar a patadas a los “honorables”, hacían realmente entretenida la lucha en las calles. Pero no sólo de diversión vive el revolucionario.

Finalmente, el fervor cívico fue extinguiéndose, como suele ocurrir con las multitudes (ya lo anotaba Macchiavello en su Discurso sobre Tito Livio), y ante la falta de medios para mantener un impulso sostenido, además de la insistencia en alejarse de mecanismos tradicionales de acción de organigrama vertical (allí nadie mandaba oficialmente, pues se deploraba el sistema socio-económico en general y todo se hacía por consenso, es decir de manera horizontal, lo que implicaba graves problemas al momento de tomar decisiones profundas), el ritmo fue decayendo. Nadie quiso oír siquiera de lanzarse en pos del desarrollo de proyectos económicos, que dieran sustentabilidad al proyecto político y de manera especial dieran de comer (mi mujer ya no quiere dejarme entrar si no llego con el pan y la leche, dijo alguna vez algún compañero, en tono de broma pero con franca intencionalidad) a quienes quisieran mantenerse de manera constante en él, de modo que ante la falta de viabilidad, el entusiasmo fue menguando hasta que por último sólo un puñado de convencidos tuvo que reconocer que ese no fue el camino correcto y hasta allí la historia, a día de hoy. Y aunque se argumente lo contrario, la verdad es esa, porque los resultados están a la vista.

El caso es que cierto pesimismo inicial que había mantenido, previo a las elecciones presidenciales, se convirtió de este modo, no puedo negarlo, en franco entusiasmo, porque en definitiva cuenta, se había alcanzado el poder (decía yo) y fue así como decidí integrarme al Movimiento País, porque sentí que esta vez sí podía cambiar, como pensé al enrolarme en las Asambleas, con mis propias manos todo lo que estaba fallando. Sentía que la lucha de las asambleas urbanas era ni más ni menos que el preámbulo de la Revolución Ciudadana: que todo el tiempo empleado en reuniones, talleres, conversatorios, intentonas de meternos al Congreso y tal, fue bien empleado. Concluí que la Revolución Ciudadana se empezó a gestar con aquello que llaman pomposamente “la revolución de los forajidos”, que en realidad, hay que decirlo, fue una revuelta, una conmoción social, pero no una revolución. La verdadera revolución, me relamía pensando, acaba de empezar. Y aún lo creo. Pero al parecer los actores no serán los que imaginé en aquél tiempo.


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. I

Febrero 18, 2009

Introducción.-

Hay veces en que el respeto a la índole personal es intolerable y hasta peligroso, en especial cuando los intereses de un pequeño grupo afectan a una gran mayoría. Ha ocurrido siempre, y de seguro continuará ocurriendo mientras nuestra especie habite sobre la faz del planeta, porque la primitiva condición humana exige la satisfacción de necesidades personales sin importar las del resto, y hay casos en los que la condición de algunas personas es mucho más “humana” que la de los demás.

Todo empezó la noche del 15 de octubre de 2008, fecha en que se publicó el “Reglamento para las Elecciones Primarias” del Movimiento País. Tome nota, estimado lector o lectora, porque ese día, en mi opinión, marca un hito político que permitirá comprender la profundidad y jerarquía de hechos que parecieran tener nada más una importancia pasajera.

Pero para llegar hasta ese punto es necesario mirar en retrospectiva todo los hechos, en la secuencia en que ocurrieron, tal como los viví.

No se trata de impresionar a nadie. Simplemente quiero publicar una crónica, necesaria sin duda, de alguien que vivió el proceso hasta finalizar las Elecciones Primarias. ¿Por qué afirmo que miro la Revolución desde adentro? Porque en realidad la viví desde adentro. No quiero decir que haya estado en Carondelet como Pedro por su casa, enterándome de los pormenores del ejercicio del poder. Al contrario, lo que quiero mostrar es simplemente una breve bitácora de un revolucionario de a pie, que pretende cambiar a todo un país con nada más la fuerza de su convicción personal, además de mucho afán, tenacidad y persistencia, y que muchas veces se sintió tentado a claudicar. Esta memoria se cuenta mirando desde abajo de la tarima, desde atrás del escenario: el mejor lugar para conocer anónimamente los detalles gratos o escabrosos de cualquier espectáculo, porque a los espectadores siempre se les muestra el vestuario más vistoso, las modelos más despampanantes, evitando que el payaso ebrio se suba al proscenio, cubriendo pudorosamente la caída del corpiño de la actriz en ejercicio con oportunos desvanecimientos de luz…

¿Para qué esta crónica? ¿Odio destructivo? ¿Búsqueda irracional de venganza? ¿Furiosa impotencia? ¿Adolescencia política? Por supuesto que no.

De hecho, aún no he empezado y a muchos lectores no habrá sorprendido que cuente implícitamente el desenlace de la historia con los interrogantes previos, lo que no quita en lo absoluto interés al relato, por la razón de que es más fascinante conocer los entretelones, puesto que la mayoría sabe perfectamente que el proceso no sólo adoleció de humanos errores, sino que fue mucho más allá.

Simplemente quiero mostrar esta experiencia particular de mis primeros pasos en la política, que como se verá, afortunadamente no son muchos, si se la mira desde la lente pragmática de aquello que suelen llamar, apostrofando a Macchiavello1, maquiavelismo. Digo afortunadamente porque así me ha sido posible mirar sin prejuicios cada acontecimiento, en calidad de “compañerito de las bases”. Y la idea al publicar esta relación es mostrar a quien quiera saberlo, una panorámica general de lo que es la política actualmente en mi país, con la finalidad de NO volver a cometer los mismos errores, o al menos de desnudar algo que está innecesariamente semioculto.

Empezaré con el preámbulo de la Revolución de los Forajidos, porque en realidad es allí donde comienza esta historia.

forajidos1

1 Él, como se sabe, simplemente mostró sin hipocresías las prácticas políticas de su tiempo.


Mario Unda: ¿Giro a la derecha?

Enero 20, 2009

Entre la crisis y las elecciones

La derechización del gobierno y el peligro de derechización de la izquierda radical

En el éxtasis del triunfo, el presidente Correa hacía su balance de los resultados del referéndum aprobatorio de la nueva constitución. Fue a fines de septiembre del 2008. La derecha, dijo, está derrotada, y de inmediato fijó los nuevos adversarios: la “izquierda infantil”, los “ecologistas infantiles”, “el indigenismo infantil”; es decir, todo aquello que tiene la pretensión de moverse a su izquierda de modo más o menos organizado y más o menos autónomo. Como análisis resulta cuando menos apresurado –como no tardaría en verse–, pero como consigna y palabra de orden tiene la virtud de marcar de modo inequívoco el arranque de un nuevo rumbo político.

La derecha-derecha

Es cierto que las derechas han sufrido una serie de derrotas electorales. 4 consecutivas a partir de la segunda vuelta electoral del 2006. Las derechas han sido derrotadas, y esto fue así tanto para los dos bloques de sus partidos “tradicionales” (PSC+UDC+ID; PRIAN+PSP+PRE), como para sus nuevas formaciones políticas (Futuro Ya, Uno, Concertación Nacional, etc.). Incluso para aquellos que otrora se presentaban como el “poder moral”: las grandes empresas de comunicación y las jerarquías eclesiásticas. Quizás la derrota más dura fue la del referéndum aprobatorio de la nueva Constitución, porque allí, como nunca antes, se presentó abiertamente como bloque… y fue derrotada en bloque.

Sin embargo, vale hacer algunas puntualizaciones, precisamente para esas últimas elecciones. En primer lugar, la derecha mantuvo dos reductos electorales que no dejan de tener significación: Guayaquil, la ciudad más poblada del país; y la provincia del Napo, cuya importancia está ligada a la explotación petrolera (igual que Sucumbíos y Orellana).

En segundo lugar, que la votación que la derecha pudo movilizar en contra de la esperanza del cambio prácticamente se duplicó, si la comparamos con la votación obtenida unos pocos meses antes para conformar la Asamblea Constituyente. Si bien no le alcanzó para impedir la aprobación de la nueva Constitución, el significado de un incremento de ese nivel no puede ignorarse a la ligera: pues significa que hay una reserva de conciencia conservadora en la ciudadanía, aunque por ahora sea menor que la voluntad de cambiar.

Finalmente, hay un hecho que no puede olvidarse. La derrota de la derecha fue una derrota política. Quizás, con más precisión, una derrota a sus formas políticas visibles. Pero su poder no reside fundamentalmente allí, sino en control de la economía, que no ha sido tocado en lo sustancial. Y eso se vio de modo claro en la ofensiva de diciembre. La Asociación de Bancos Privados, el Comité Empresarial y la Federación de Cámaras enfilaron sus disparos contra el gobierno acusándole de ser el causante de la crisis y de la inflación, sobre todo del incremento de los precios de los alimentos, que han sido los más significativos, una campaña a la que se unió –cómo no– la prensa. La crisis fue el pretexto; hacer retroceder al régimen fue el objetivo: volver a plantear como única salida posible el recetario neoliberal y, en lo inmediato, modificar la ley de seguridad financiera. Tuvieron éxito porque Correa decidió recular en cuanto a la ley.

En fin: la derecha, como se preveía, prefiere ahora enfrentar las elecciones generales de abril bajo un ropaje “ciudadano”, de siglas y nombres nuevos, poniendo en segundo plano las formas políticas que se ganaron con justicia el desprecio de la gente.

El gobierno y sus desplazamientos a la derecha

La crisis es un punto de quiebre; pero los primeros pasos vienen de atrás. El desplazamiento tiene varios componentes, más antiguos, unos; recientes, otros. Entre los primeros, se encuentra el ataque y la deslegitimación de la protesta social y de los propios movimientos, el empeño en aprobar una ley minera que pone énfasis en la presencia de compañías transnacionales, o el marcado personalismo caudillista del régimen. Entre los segundos, la moderación de las reformas y de los intentos de redistribución social, o la utilización de la crisis para rearmar el mapa de relaciones y alianzas, especialmente con los grandes grupos económicos.

En efecto, el gobierno había iniciado relativamente temprano su distanciamiento y, en seguida, su enfrentamiento con los movimientos sociales. La elaboración de las listas para elegir asambleístas fue la ocasión de hacer patente el distanciamiento: el gobierno desechó las alianzas con los movimientos sociales más organizados y con mayor capacidad de convocatoria y de propuestas autónomas. Optó, en cambio, por atraer a organizaciones menores. Se decía que era una secuela de la falta de apoyo de los movimientos a la candidatura inicial de Correa. Pudo haber sido. Pero todo eso no fue más que el inicio de desencuentros más profundos. Detrás de las apariencias y por debajo de la superficie, no todo era cuestión del sectarismo y los malos cálculos de unos, o de las prevenciones y la personalidad de los otros.

Las discusiones (o falta de discusiones, según el caso) durante la Asamblea Constituyente, tanto para la aprobación de los mandatos como para la redacción de la nueva Constitución mostraron ciertos puntos (importantes) de coincidencia: en lo tocante a la eliminación de las aristas más brutales del neoliberalismo; en torno a la soberanía y la prohibición de bases extranjeras; en cuanto a la recuperación de las capacidades del Estado, sobre todo en lo atinente a planificación y políticas sociales.

Pero, al mismo tiempo, la Asamblea mostró que las distancias ya no eran sólo electorales: se trataba de distanciamientos programáticos: las limitaciones al derecho de sindicalización y de huelga, el tratamiento del agua y la minería, en fin: la democracia. Convergencias y divergencias de dos proyectos cercanos, pero distintos. Entre ellos, la brecha ha ido creciendo.

De este modo, las posibilidades iniciales de confluencia fueron dando paso a los desencuentros y a los enfrentamientos. Muy pronto Correa pasó a la ofensiva y comenzó a atacar a los movimientos y organizaciones: los indígenas, los ecologistas, los sindicatos. En todos los casos, su discurso se dirigió a deslegitimar a los movimientos frente al resto de la sociedad. Los sindicalistas defienden prebendas, los ecologistas son infantiles, al igual que los indígenas. Por último, las comunidades que salen a protestar contra la aprobación de la ley de minería son “canallas y criminales”, como habían sido “terroristas” los pobladores de Dayuma, en la Amazonía.

Unos y otros son presentados como objeto de manipulación política y como enemigos de la “revolución ciudadana”. A unos y a otros se los reprime violentamente, se los somete al escarnio público en cadenas de radio y televisión, se les inicia juicios por intento de asesinato. Deslegitimación, criminalización y judicialización de la protesta social.

La conclusión es que el gobierno pretende aislar a los movimientos más radicalizados; y no sólo eso: enfrentarlos a la gran masa desorganizada, que todavía se encuentra bajo el influjo de su discurso caudillista. Desde esta perspectiva hay que analizar el autoritarismo de Correa y su limitada comprensión de la democracia, reducida al padre severo que imparte justicia tras haber recibido de su pueblo el mandato de hacerlo. Con su enfrentamiento a los movimientos sociales, con el modo de hacerlo, y con los contenidos que conlleva, el presidente se basa y refuerza las tendencias antidemocráticas que existen en la conciencia social (aquellas que añoran mano fuerte, indistintamente de si es de derecha o de izquierda).

Pero, ¿hay una vuelta al pasado neoliberal? O, peor aún, ¿es que nunca salimos de él y fue todo un espejismo? Como poco, hay que decir que es demasiado pronto para extraer una conclusión así. El proyecto del gobierno fue siempre una reforma capitalista. No hay por lo tanto un abandono del proyecto inicial, sino simplemente un desplazamiento hacia la derecha dentro del mismo marco que se estableció desde enero del 2007. El gobierno continúa en un rumbo desarrollista, neokeynesiano. Continúa reforzando al Estado y sus funciones. Sigue utilizando la inversión pública como motor de la marcha económica. No avanza en la redistribución social, pero tampoco retrocede (y la utiliza como mecanismo de legitimación política), e incluso anuncia una nueva reforma agraria. No se han abandonado los programas sociales, aunque tampoco se los transforma radicalmente. Y se mantiene una política internacional que privilegia los bloques regionales y continúa alejada de los intereses de las grandes potencias, especialmente de Estados Unidos (incluyendo la tardía reacción frente a la criminal invasión israelita a la franja de Gaza). Todo esto, por cierto, dentro de determinados límites.

Ahora bien: se trata de un rumbo que se ha profundizado a partir de noviembre de 2008, a medida que el gobierno fue poniendo en marcha discursos y propuestas políticas para enfrentar la crisis mundial. Este nuevo desplazamiento aparece claro en su relación con la burguesía. De partida: tratándose de un gobierno que impulsa un proyecto de reforma burguesa, requiere armar un marco de alianzas relativamente significativo con grandes grupos empresariales. Desde el inicio de su gestión, había enfrentado esta tarea suya construyendo cercanías por fuera del ámbito de aquellos sectores que, representados en las cámaras empresariales y en los partidos del establishment, habían privatizado en su beneficio la política y el Estado en estos últimos 30 años.

Sin embargo, la crisis ha mostrado una modificación en la política del gobierno hacia los grupos empresariales. Primero fue la reunión en Guayaquil, intermediada por los buenos oficios del Banco de Guayaquil. Allí mismo y después, las medidas que protegen al capital frente a la crisis (insistiendo, hay que reconocerlo, en fortalecer al capital productivo y en controlar el movimiento de capitales por parte de la banca, sobre todo los envíos al exterior). Luego vinieron aquellas otras medidas que ponen un freno a las tendencias redistributivas del gobierno: están simbolizadas en un incremento salarial que cubre apenas los efectos de la inflación. Después fue “recular” ante la presión de los gremios de los grandes bancos (apenas unos días después de haberlos amenazado… con la cárcel), dejando de lado su propuesta de poder invertir los fondos de seguridad financiera en la región. Salarios y banca: en ambos casos hablando de “tranquilizar” los mercados y de “no perjudicar” a los empresarios. ¿La crisis sirve para lanzar guiños a los empresarios e intentar ampliar la base de sus alianzas con los grandes grupos empresariales, incluidos aquellos que se sitúan en la oposición radical?

En estas circunstancias, tiene mucho más sentido el esfuerzo de Correa por desembarazarse de sus aliados de la izquierda. La primera escaramuza fue dentro de Alianza País. El ataque a los “infiltrados” que tenían “agenda propia” fue poner en cuarentena a las izquierdas internas que no habían perdido la perspectiva de algún cambio más profundo. Al mismo tiempo, todo ello le permite aumentar su poder personal dentro del heterogéneo movimiento oficialista. Sus integrantes saben su propia debilidad, entienden que sus posibilidades políticas están en la sombra de Correa. No lo estorbarán con inútiles opiniones en contra. Si todo esto sigue así, pronto no quedará más izquierda en el oficialismo que la izquierda sumisa. Una sumisión que no proviene de características psicológicas, sino del cálculo político oportunista, habilidad de la que ya dieron muestra durante el gobierno de Gutiérrez.

Lo propio puede decirse de sus empeños por desembarcar al MPD. Aunque el MPD no participa directamente en el gobierno, ha permanecido a sus costados a partir de la segunda vuelta electoral. Correa realiza sus mejores empeños: lanza dardos contra la UNE, amenaza con despedir a los maestros y a todo empleado público que proteste, pone en marcha provocaciones simbólicas, lanzándose duramente contra la izquierda y contra los movimientos sociales en su acostumbrado programa radial sabatino, emitido en esa ocasión desde La Habana. Pero no ha logrado coronar aún sus empeños con el éxito, pues el MPD persiste en brindarle su apoyo (“apoyo crítico”, según su más reciente resolución). Pero todo será cuestión de tiempo.

El peligro de derechización de la izquierda radical

¿Y las izquierdas radicales? Los riesgos de derechización no son nuevos en este campo, sobre todo en aquellos que van al ritmo de sus propias ilusiones. Un discurso radical sustentado en análisis simplificadores, en el desconocimiento de los avances producidos, en la identificación fácil de la política gubernamental con el neoliberalismo.

El ultracriticismo frente a Correa desde el inicio del gobierno las ha alejado sensiblemente de la conciencia de las mayorías que todavía identifican el cambio (y su propio despertar político) con el gobierno, con el presidente en persona, quizás con la “revolución ciudadana”, acaso con el “socialismo del siglo 21”. Sus errores de apreciación política y las ambiciones personales y de grupo los pagó con la bochornosa participación en las elecciones para asambleístas. Y por la misma vía transitaron varios grupos de esta corriente en el referéndum aprobatorio.

Ese riesgo no era más que impedirse a sí misma contribuir en la construcción de un campo político de izquierda radical fuera de los marcos de la cooptación gubernamental. Pero ahora los riesgos de derechización efectiva pueden ser reales y concretos: están en el escenario electoral. La candidatura de Martha Roldós puede ser un elemento de reagrupación de la izquierda y de recuperación de espacios políticos. Pero para eso tiene que desmarcarse claramente de la derecha; que es más fácil decirlo que hacerlo. Si esa candidatura aparece como una “iniciativa de la RED y de Polo Democrático”, a la que se suman organizaciones sociales y otros grupos menores, es evidente que el riesgo está en el propio origen.

Aunque Martha Roldós sea una persona de izquierda, el partido en el que está no lo es, y en estos últimos dos años ha derivado francamente hacia la derecha. Y su jefe reconocido, León Roldós, es el nexo con grandes grupos empresariales, sobre todo de la costa. Martha Roldós comenzó su anuncio presentándose como parte de las luchas sociales contra el gobierno: Dayuma, las luchas contra la minería… y los estudiantes de la Universidad Católica de Guayaquil, avanzada de la renovación de las élites políticas oligárquicas en esa ciudad. ¿Es esa la alianza que va a asegurar mejores días para la izquierda?

Más aún: si la derecha no logra cuajar una candidatura presidencial con ciertas opciones, ¿sería descabellado pensar que apoye, así sea de modo silencioso y encubierto, una candidatura que se presenta como una opción izquierdista a un gobierno que presume de izquierdas?

Las posibles ganancias electorales resultan tentadoras. Y son buenas. Siempre y cuando no se hipoteque en el camino la posibilidad de construir una clara política de independencia política y programática de clase.

Mario Unda

Viernes 16 de enero de 2009


Eloy Alfaro Reyes: El deber ser de la política de izquierda, ÚLTIMA PARTE

Diciembre 18, 2008
  1. El Eje de acumulación y las estrategias para redistribuir a todo costo

Analizando las apuestas económicas del régimen, la principal gira en torno a la obtención de recursos a través de la venta de recursos naturales para producir energía que requiere el desarrollado primer mundo capitalista. Es decir que el eje de acumulación del estado ecuatoriano son los recursos naturales (petróleo, minería básicamente), que pretende usarlos para consolidar la revolución ciudadana. Recursos que serán re distribuidos a través de la educación, salud, generación de empleo. Esto si bien en lo inmediato representa un importante apoyo para conseguir los cambios sociales que el país necesita, a la larga representan un atentado para la vida de todos y todas, por los efectos ambientales que la extracción de estos recursos implican. Se requiere entonces encontrar fuentes alternativas no extractivistas que garanticen la obtención de recursos para generar beneficios sociales. Mantener el crudo en el subsuelo, en este sentido, no deja por fuera la lógica del mercado, es decir no deja de ser neoliberal, aunque a primer vista parezca ser alternativa. Lo cierto es que la venta del CO2 no elimina el mercado, lo profundiza, llevándola a lugares donde no estuvo antes, es decir pone precio incluso a la naturaleza. He ahí el desafío.

Esta apuesta a la extracción de energía que hace el gobierno -incluso de manera violenta frente a la población local afectada por la extracción energética – da cuenta que, con el objetivo de sostener el eje de acumulación, para el régimen, el fin justifica los medios. El caso Dayuma es un claro ejemplo de ello.

Hay que partir de un hecho importante, la redistribución no necesariamente es una acción socialista, pues esta – la re distribución – implica que hay un centro que distribuye algo que estuvo represado en pocos. Implica también que hay una centralidad (de cualquier tipo) que tiene el poder y define criterios de distribución propios. Las propuestas socialistas radicales, ven a la centralidad, en este caso el Estado, no como el fín para lograr las transformaciones, sino como la herramienta. De ahí que la redistribución no necesariamente sea socialista. Tampoco la re distribución es el “objetivo socialista” a lograr, pues esto implica reconocer niveles de propiedad que el socialismo excluye.

Sin embargo de ello el país ha visto y principalmente las poblaciones más vulnerables han sentido, como la plata del petróleo (que los mismos de siempre decían que no había y que servía para pagar deuda externa) o los recursos de los impuestos, o la plata producto de las exportaciones, o la plata de las empresas estatales, etc que antes se iban a alimentar los bolsillos privados, ahora son usados a favor de importantes sectores empobrecidos del país, a través de mecanismos de redistribución que se expresan en aulas escolares, más maestros, médicos en áreas rurales, bonos de vivienda, micro créditos, etc. etc. Si bien estas no son acciones socialistas, significan importantes logros.

Aun que la siguiente afirmación resulte contradictoria al argumento anterior, en un sistema capitalista y estando metidos en un modelo neoliberal, el revertir los recursos económicos hacia la población, y no hacia el mercado (léase empresarios) es ya una acción revolucionaria, que siendo bien manejada y sostenida podría avanzar a desarrollar escenarios de cambios más radicales que lleven a políticas socialistas.

A más de la extracción de recursos naturales, el gobierno le apuesta a la apertura comercial con países asiáticos como mecanismo de obtención de recursos para acciones sociales; la construcción del Eje Multi modal Manta Manaos, es una muestra de la importancia que para este gobierno tiene la política de comercio exterior. En el futuro las rutas turísticas chinas incluirán, bañarse en las playas de la mitad del mundo, comer sopa de aleta de tiburón para potenciar las capacidades (viagra oceánico) y llegar con vigor a las playas de Ipanema y Copacabana.

Tercera parte

Tres miradas, tres actores, tres perspectivas

Esta parte analiza los actores del momento que vive el país, sus límites, sus alcances y condiciones actuales y futuras para desarrollar propuesta y posicionarse. Dejamos fuera de este análisis a la iglesia, que con su rol cómplice de silencio interesado o de participación directa en gobiernos anteriores, ha tenido mucho que hacer o decir de manera pública, en el momento actual su participación requiere análisis más profundos. Al igual que la fuerza armada que a diferencia de fuerzas similares de países vecinos, la ecuatoriana participa en la vida política y desarrollo del país, en esta ocasión a través del encargo recibido por el presidente para que la Marina dirija la principal empresa de petróleos del país. es decir no pretendemos plantear en esta líneas escenarios de actuación de la fuerza armada del Ecuador, pues más allá del encargo del presidente, está se ha mostrado obediente, incluso cuando por primera vez civiles, y mujeres ocupan el cargo de ministras de la Defensa. Las miradas planteadas son las siguientes:

1. El Proceso constituyente.

El Ecuador, solamente con Correa, no viviría un momento como el que vive, un proceso constituyente. Este se caracteriza por la posibilidad que tenemos de soñar en el país que queremos y de alguna manera ser partícipes de ello. ¿Pero como se ha dado este proceso y en donde se encuentra ahora?. Hay varios momentos de este proceso constituyente:

§ el primero de ellos se dio antes de la candidatura de Correa, este fue bandera de lucha de las movilizaciones de Abril del 2005 y de movimientos barriales que sostuvieron esta postura como suya.

§ Un segundo momento, es con la candidatura de Correa a la presidencia y posterior victoria electoral.

§ Una vez en el poder, se convoca a la constituyente con un estatuto. La mayoría de organizaciones sociales de izquierda y la derecha discuten y hacen propuesta sobre los contenidos del estatuto, con más o menos éxito. Muchas propuestas ni siquiera llegan a ser oídas.

§ Aceptada la asamblea, viene el referéndum para elegir a los asambleístas. En este momento es que el gobierno encarga a las universidades la redacción de una propuesta de constitución. Otra vez las organizaciones participan en el proceso, de igual manera muchas propuestas ni siquiera llegan a la comisión.

§ El actual momento es la instalación de la Asamblea constituyente con plenos poderes y una mayoría del 80% de asambleístas, que son parte del movimiento de gobierno. La particularidad de este momento es que la asamblea tiene plenos poderes, incluso más que el presidente y a la vez tiene la posibilidad de encaminar al Ecuador en un nuevo modelo de desarrollo.

Sin embargo a la asamblea aún le falta demostrar al pueblo ecuatoriano que tienen plenos poderes. Debería por ejemplo tener posturas firmes frente a la banca (tasas de interés) y la oligarquía financiera, persecución a los evasores, prisión a los corruptos, etc. es decir afectar efectivamente al poder, haciendo que cumplan las leyes que nunca han cumplido. Ese sería un indicador de real poder que el pueblo esperaría.

En resumen de todo el proceso constituyente, me parece importante rescatar la participación de la población en todas las etapas. Que haya sido escuchada o no, es otra cosa. Y otra muy distinta es que habiendo sido escuchada, las propuestas sean recogidas e incorporadas. La propuesta encargada por el gobierno al CONESUP en ese sentido tiene una de cal y otra de arena, lo que hace de esta propuesta, una propuesta Light. Carente de radicalidad, moderna, integradora, reivindicadora pero nada radical. Por ejemplo en lo que se refiere al nuevo modelo de desarrollo la postura no difiere del modelo económico de ahora. Esperamos que los plenos poderes sean para sentar bases para los cambios radicales y definitivos.

La asamblea dejó pasar un momento importante en el cual podía mostrar un horizonte de cambio. Este momento fue la ley tributaria recién aprobada y específicamente el artículo de la herencia, en el cual se buscaba gravar con un 70% a las herencias mayores de 500 mil dólares, es decir a los herederos ricos. El fondo de este artículo es gravar lo más alto posible a la posibilidad capitalista de perpetuar la inequidad. Una persona que hereda, no sólo que recibe bienes (dinero, herramientas, casas, tierra o lo que sea), sino que además recibe cosas que fueron obtenidas dentro de un sistema capitalista, donde es legítima la explotación, donde es legítima la inequidad, etc. entonces la herencia es el reflejo de este sistema que aparentemente es eterno, se proyecta al infinito.

Esta era la oportunidad para demostrar que aquello – la propiedad/herencia – que para la oligarquía es sagrado y eterno, así como el capitalismo, no son más que mecanismos que perpetúan la inequidad. Sin embargo la asamblea cedió a las presiones y aprobó el artículo dejándolo en 35% dejando de lado el argumento político que era lo importante.

Es de esperar por tanto que esta no sea la tónica de la asamblea, que tiene en sus manos no solo la oportunidad de cambiar el modelo de desarrollo, sino de enrumbar al país hacia un horizonte socialista.

2. La organización Social y perspectivas revolucionarias.

Hay un problema de fondo que es la estructura de los sujetos sociales en lucha, en el Ecuador no se ha logrado un proceso unitario de lucha, si de confluencias por ciertos temas (caída de gobiernos, TLC, OXY, etc.) pero, no hay procesos de unidad por horizontes estratégicos. Ello ha llevado a que haya una dispersión del bloque popular que ha hecho imposible cuajar propuestas consensuadas, quizá por que se miraba a la unidad como fin y no como herramienta.

En estos últimos 10 años hemos visto como el pueblo con los sectores de izquierda (indígenas, estudiantes, obreros), no ha logrado consolidar una estrategia real para llegar y sostener el poder. Partiendo por que, el objetivo de la lucha – como fin último – ha sido la toma del poder. La caída de varios gobiernos (en 1997, 2000, 2005) por el auge de la protesta social, no significó que el pueblo y los sectores de izquierda lleguen al poder, significó la salida de presidentes y el re cambio de dirección del país de sectores oligárquicos. La lucha social por defenestrar al presidente de turno como fin último de la protesta consolidó a la derecha en el poder, pues – hemos aprendido de la peor manera que – el poder no está en la casa de gobierno.

La capacidad de lucha de los sectores de izquierda, también se evidencia en otros momentos de confluencia, como la lucha contra el TLC, la salida de la petrolera OXY o el voto en contra de Álvaro Noboa que llevó a Correa al Poder. Es decir que los sectores sociales organizados y el pueblo, han demostrado que a pesar de tener condiciones para confluir y luchar juntas en momento determinado y con ello conseguir los resultados de la lucha, no tienen ninguna capacidad de sostener el Poder o conseguir con ello mejoras en las condiciones de vida. No se ha logrado consolidar las propuestas “alternativas y anticapitalistas” de las organizaciones sociales; por ejemplo la lucha contra el TLC no implicó que el gobierno de turno asumiera las propuestas alternativas de integración planteadas, o que los réditos de la petrolera OXY fueran dirigidos para mejorar las condiciones de educación o jubilación o salud del pueblo.

En los actuales momentos las organizaciones sociales y el pueblo, entregan al Estado la potestad de hacer la transformación, cuando el estado (y sus instituciones) son el instrumento desarrollado por los pueblos para que los cambios y transformaciones se hagan. Es decir las organizaciones sociales y el pueblo al entregar “los plenos poderes” para el cambio a la institucionalidad, deja de ser protagonista –gestora- de las transformaciones. Así las organizaciones sociales ponen los muertos y ponen la lucha, pero no hacen el cambio. Esto imposibilita que se construya Poder Popular. El estado es el medio, no el fín para lograr la revolución.

3. La Derecha y sus respuestas.

El presidente y algunos ministros se han empeñado en una lucha frontal, pero por el lado más débil contra la derecha – su propuesta ideológica – de esta lucha hasta ahora está victorioso. En este sentido el golpe ha sido real y concreto, así:

  1. la reducción de una porción importante de territorio de la provincia del Guayas, principal bastión de la derecha, a través de la creación de la Provincia 23, le quita fuerza a sus propuestas autonómicas.
  2. Se ha puesto en jaque a las instituciones autonómicas del Guayas, cuestionando su legitimidad y representación, así como su nulo rol autogestor.
  3. y a través del debate sobre la circulación por el Puente de la unidad nacional se ha debelado una serie de inequidades.

La oligarquía en los actuales momentos está buscando un asidero ideológico concreto, actualmente no tiene una construcción ideológica fuerte. Muestra de ello es el discurso que pone la identidad por delante, dejando de lado el debate ideológico. El eslogan de “lo que es con Guayaquil es con migo” demuestra que la lucha no es ideológica sino por referentes subjetivos, construidos desde el poder oligárquico y por tanto funcionales a él. Es decir la derecha ha reducido la lucha política a niveles primarios, reacciona frente a impulsos. A pesar de esa aparente debilidad, la derecha también golpea con un arma importante que el gobierno no ha podido controlar, los medios de comunicación. Se estrenan medios estatales como un periódico (que casi no circula en Quito la capital), el canal estatal recién inaugurado, no tiene programación y la radio nacional del Ecuador, no ha modificado su programación en los últimos 20 años.

¿realmente está derrotada la derecha? Una ilusión que puede convertirse en espejismo es que, la perdida de las elecciones de la derecha significa destrucción del poder real. Nada más errado. La derecha perdió la iniciativa, algo que se evidencia en la asamblea constituyente. No hay nada que haga contra peso a las propuestas del bloque de gobierno, ni una propuesta de peso. Pero el Poder sigue intacto en las cámaras de comercio, de agricultura, en la banca, etc.

La debilidad ideológica de la derecha se refleja en:

El discurso de la Autonomía ha quedado tan disminuido que no hay asidero para sostenerlo y defenderlo, este discurso no mueve a la masa, si a las clases medias.

La defensa del mercado como regulador que es el principio del neoliberalismo, ya no es argumento para la defensa o construcción de una oposición coherente.

La derecha empieza a golpear con la subida de precios de productos básicos, generando desempleo, creando desinformación y victimizándose. No hay que olvidar que este tipo de acciones desestabilizaron el gobierno de Allende y casi le cuestan el puesto a Chávez. Solo falta ver hasta donde van a elevar los precios y la reacción del pueblo.

Históricamente hemos visto como la oligarquía, a diferencia de la izquierda actúa de acuerdo a los intereses de clase, como un cuerpo, y eso la hace fuerte y peligrosa. Una constatación de esa alianza de clase se está fortaleciendo, es la fusión realizada por la joven derecha ecuatoriana expresada en el movimiento UNO. No sólo eso, sino que además se junta la banca de la sierra con el Banco del Pichincha y uno de los clubes deportivos más importantes de la costa: el Barcelona de Guayaquil ligado a las cámaras de comercio y otras. Esto quiere decir que la clase como unión social está vigente y que sus representantes, se rearman para defender y actuar de acuerdo a sus intereses de clase.

Lo que viene es que la derecha a través de los medios continuará golpeando para desprestigiar al movimiento popular, la lucha social, las posibilidades de cambios y defendiendo el estatus quo y sobre todo, desprestigiando cualquier cosa que parezca socialismo o comunismo o reales posibilidades de cambio.

A pesar de esta debilidad ideológica la derecha (a través del alcalde de Guayaquil) se anota un punto importante, al jalar al gobierno a una confrontación donde los dos bandos o caudillos, buscan medir fuerzas, enfrentando pueblo contra pueblo. Hay que estar claro que el objetivo de la derecha en todo este embrollo, es mostrar al mundo un país dividido. Un país donde se discute y pelea (pueblo contra pueblo), dejando de lado el interés central, que es diseñar una nueva constitución. Constitución que la mayoría de la población quiere que sea radical y que refleje un nuevo modelo de desarrollo. Un cambio que demuestre cambios reales y no remedos.

En definitiva lo que quiere la derecha y el presidente cayó en ese juego perverso, es que el pueblo organizado obedezca al presidente y salga a respaldarlo – como el dice, “diez mil patriotas en al calle a defender el gobierno de la revolución ciudadana”- es decir se busca que el pueblo se despreocupe de lo que se discute, descuide su vigilancia de lo que se debate en la asamblea y se pase a un nivel torpe de defensa/ataque a la derecha.

Señor presidente, como ciudadanos de este país y como luchadores por la patria nueva, le pedimos que No nos convoque a salir a las calles para defender un discurso de gobierno. Este pueblo merece otro tratamiento. Ya lo dijimos en otra ocasión, — por combatir a los enemigos se hace lo mismo que el enemigo, consiguiendo con ello convertirse en él — me refiero que no podemos convocar al pueblo a confrontar a otra parte del pueblo, como fuerza de choque, esas fueron mañoserías del dictócrata y de la derecha febrescorderista.

El pueblo demanda otro tipo de respuesta del gobierno, a la altura de este pueblo que pacíficamente, pero masivamente le ha dicho a cuanto aprendiz de presidente quiso hacer lo que quería “que se vayan todos”, ese grito aún está vigente. Me parece que si la derecha grita y vocifera, es por que busca una respuesta, un eco, que le permita legitimarse y sobrevivir a la derrota política. Hacerle caso es darle aire para que sobreviva. Los abuelos decían: “a palabras necias, oídos sordos”

A la oligarquía se la derrota, en primer término políticamente como ya se hizo en las urnas, pero también cumpliendo las leyes que ella no cumple, por ejemplo cobrándoles impuestos que no pagan, enjuiciándoles por la serie de irregularidades cometidas. Es decir demostrando a la población que esta derecha, aristocrática y supuestamente “digna” está ahí en base a jugadas corruptas, en base a estrategias delincuenciales y explotadoras. En definitiva lo que se buscaría es demostrarles quienes son y con ello quitarles su respaldo popular. A la derecha hay que derrotarla como clase, de lo contrario se levantará y lo hará sin compasión.

Muchas de estas cosas el pueblo todavía no ha visto, por ejemplo no se ha cobrado a los evasores, los culpables del congelamiento bancario siguen libres, los responsables de violaciones a derechos humanos siguen impunes, etc. por ello es difícil pensar que a la derecha se la derrota enfrentándola pueblo contra pueblo.

Cuarta Parte

Conclusiones: Horizontes para la izquierda y el bloque popular.

En los próximos 4 años el Gobierno va a recuperar el Estado y hacerlo más eficiente, esa es una tarea en la que se ha empeñado y de lo que se puede ver en la propuesta de gobierno, así como en la propuesta de constitución presentada por el CONESUP, el estado al final del período presidencial será más fuerte, con mecanismos de participación más claros y dinámicos, que permitirán una inclusión de los sectores sociales importantes en el que hacer nacional.

Sin embargo este estado, al final del período de cuatro años, no ha dejado de ser capitalista. Y con ello las posibilidades de tener un estado y modelo de desarrollo socialista se alejan. Esto por que el estado tal como está diseñado y pensado se sustenta en principios capitalistas…. La libre empresa, el libre mercado, la propiedad privada, etc. Si siguen las cosas como están, es imposible pensar en un estado que cuestione las bases fundamentales del capitalismo y que con ello se plantee cambios estructurales. Queda aun por ver hasta donde puede empujar la asamblea y sobre que bases sostener aquello que empuja.

Por tanto el reto está en fortalecer y consolidar un movimiento popular que defienda las propuestas de un nuevo régimen de propiedad y un nuevo modelo de desarrollo que cuestione y cambie los fundamentos del capitalismo. Pero esto no se lo puede hacer desde un enfoque de organización solamente gremialista, la organización requiere estar efectivamente asentada en un territorio, en el cual se construya y defienda propuestas autonómicas, de carácter asambleario, poniendo en práctica el mandar obedeciendo, pero también diseñando estrategias de resistencia efectivas al capital. Se requiere también construir comunidades y territorios autogestores que sean la evidencia de que es posible el cambio, pues se concretiza en ellas.

En lo inmediato no queda otra posibilidad que no distraerse por las acciones de la derecha, sino más bien concentrarse en los mecanismos que los sectores subalternos desarrollen para radicalizar la asamblea y defender esos cambios a como de lugar.