Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. Última Parte

abril 6, 2009

La recolección de firmas en la Provincial.

A algún ingenioso miembro del Secretariado Provincial se le ocurrió un ‘método’ por demás degradante y vergonzoso, para maquillar la escandalosa farsa de las Primarias: Para que su carpeta fuese tomada en cuenta al realizar la selección final de pre-candidatos en la reunión ad-hoc, el cristiano que tenía interés en participar, debía arrastrarse por los pasillos del local de la Shyris, suplicando a los todopoderosos miembros de la Provincial, “que por amor a Dios regalen una firmita”.
Es verdad que muchos de los miembros estaban realmente escandalizados por tan absurda idea, y no se hacían de rogar en absoluto, procediendo a apoyar con su firma a quien lo solicitaba, eso sí, sólo en caso de conocerlo, para evitar a los avivatos. Pero hubo otros que disfrutaban de ese pequeño poder que se les confirió. Otras, como la compañera Ximena Ponce, argumentaban que no podían firmar “porque debían apoyar a miembros de su proyecto político” ¡Y cuál sería su proyecto político, me pregunto! Sobre todo tomando en cuenta que SE SUPONE, estábamos dentro de UN MISMO proyecto político.
Resulta, me enteré en mitad de los correteos, que Sara Nolasco estaba de candidata a Concejal, así como la compañera Verónica S., con quien tuve ya un entredicho, luego de mi propuesta de nombrar a un candidato a concejal de Conocoto.
Todo estuvo siempre ‘amarrado’, como suele decirse, y en lo referente al tema de las concejalías, Wilson Flores, Sara Nolasco y María José Carrión orquestaban tras los telones la función, manteniéndose siempre ocultos, tras la sombra. La última, tuvo que reconocerlo en una reunión (la última a la que asistí del Secretariado de Conocoto), en la que discutimos fuertemente por su actitud de princesa política en su feudo y sus mañas partidócratas. Reconoció que tuvieron que elegir “desde arriba”, porque querían evitar que los ‘infiltrados’, o aquellos que nunca hicieron nada por el movimiento, resulten favorecidos con un cargo. ¡Habrase visto afirmación tan absurda! ¡Pero si eso fue lo que pasó precisamente, con el agravante de que se eligió únicamente a los ‘panas’ y esbirros! Luego de que se anunciara enfáticamente que no se admitirían más candidatos para concejalías rurales, ¡cómo no iba a sorprenderme de encontrar finalmente a Dennecy Trujillo como candidata, elegida de la noche a la mañana!
Luego, para la publicación de resultados se dieron largas, hasta que el plazo ordenado por el Consejo Nacional Electoral estuviera demasiado cerca como para que pudiera cambiarse el tablero que habían armado a gusto y sabor.
Mucha gente tuvo intenciones de quejarse, apelar, reclamar sus derechos. Incluso alguna tarde, una turba enfurecida estuvo a punto de tirar abajo la verja que protege la entrada del local de la Shyris. Pero la mayoría prefirió evitar problemas y aguantar en silencio la farsa de las elecciones primarias, que en absoluto fueron democráticas porque PARA NADA se consultó a las “bases” sobre qué candidatos querían designar para cada una de las dignidades. Siempre se eligió a dedo y desde arriba, como en los peores días de Bucaram o Gutiérrez e incluso aún peor, porque todo se disfrazó tras la máscara de una “revolución ciudadana” cuyo ideal a la mayoría importaba un pepino. Sólo se buscó acomodar a las personas precisas en los lugares correctos, me pregunto con qué fines. Yo logré entender a tiempo que estaba convirtiéndome en un sinvergüenza igual o peor que aquellos a quienes criticaba, en busca de ganar por aplastar al contendor, perdiendo de vista el objetivo de cambiar un país que avanza indefectiblemente hacia el caos y en espera de que cualquier nación mejor organizada, la someta para siempre.
Hasta aquí el relato. Muchos se preguntarán por qué llamar a esta una Crónica de la Revolución Ciudadana, si en realidad es una crónica de un proceso particular dentro de un universo más grande (ni siquiera he hablado de los candidatos a Asambleístas, por ejemplo, y mucho menos de la enorme cantidad de estructuras filosóficas, económicas, culturales y otras que deberían analizarse para tener una visión de conjunto del gobierno y sus supuestos planes socialistas). ¿Por qué el “proceso de las primarias” (¡Vaya proceso!) bastaría para definir una revolución anunciada a todo bombo, sin considerar todo lo dicho?
Primero, el Presidente Correa pudo haber cambiado la historia del Ecuador, si lideraba e imponía entre sus “Secretariados” del Movimiento País un auténtico proceso de cambios, de abajo hacia arriba y hacia la izquierda, no hacia el centro-izquierda. Máxime con el enorme poder del estado dentro de una estructura política.
De hecho, la capacidad de llegar hasta los más alejados confines de la patria con un programa de capacitación política que ofreciera a quienes quisieran adherirse al Movimiento, además de participación DIRECTA en la selección de sus candidatos, soluciones de vida y proyectos que “les enseñen a pescar, no a recibir limosnas”, en una estrategia que coordine planes y proyectos gubernamentales con iniciativas locales, habría aportado auténticos “soldados de la revolución”. Pero se prefirió la populista dádiva porque, es evidente ahora, NUNCA fue la idea iniciar una revolución: se pretende mantener al pueblo inútil, indefenso e ignorante.
Segundo, la actitud permanente de un hombre que NO TUVO la madurez necesaria para asimilar con prudencia y sabiduría los incesantes halagos, lisonjas, requiebros y arrumacos de la canalla que golosamente rodea a los mandatarios, ha terminado por fastidiar a quienes no saben del grave escenario político en el que sus lugartenientes son caciques de sus respectivos feudos.
La gente común ignora los tejes y manejes políticos en su profundidad, pero entienden a simple vista su arrogancia y la contrastan con algo que no puede faltar en ningún hogar: trabajo remunerado, que simplemente no hay. Su actitud evidencia a ojos vista su “borrachera de poder” y eso cualquier persona con ojos puede notarlo.
Pero también están los simpatizantes del M. País, que al no poder desquitarse de tanta injusticia desde adentro y menos corregirla, lanzaron a cuatro vientos toda la corrupción y componendas que presenciaron, con el objetivo primario de la venganza, y el secundario (en algunos casos), de impedir que siga adelante una farsa tan escandalosa.
Esto último me consta, pues TODOS los descontentos, al preguntarles, me respondieron que habían comentado con su familia y amigos lo que pasó EN REALIDAD en el Movimiento País, lo que sin duda ha creado descontento y ante todo DESILUSIÓN entre la gente común.
El proceso de Primarias, por lo sucio, turbulento y demagógico, sepultó a la Revolución Ciudadana, y con ella al gobierno actual, que detrás de sí se llevó dolorosamente las esperanzas de millones de ecuatorianos que confiamos en ese proyecto político, del que se apropió injustamente Alianza País.
Sin duda no están todos los que son, pero para el caso puntual que quise mostrar a manera de ejemplo en la crónica anterior, del entorno que viví, es suficiente, porque se replicó en toda la geografía nacional de una u otra manera, siempre con idéntico resultado: mayor corrupción que la de antes, porque, como siempre, se apeló a aquello de “Hecha la ley, hecha la trampa”.

Finalmente me pregunto:

  • ¿Es culpa del gobierno todo lo ocurrido?
  • ¿Se puede acusar insensatamente a un solo gobierno de todos los males de la nación e intentar tumbarlo, pretendiendo con ello acabar con todos nuestros males?
  • ¿Es lícito pensar que debemos volver a “refundar” la nación a partir de cada nuevo gobierno?
  • Por un lado en nuestra región costanera, y en especial en Guayaquil, el egoísmo, los complejos de inferioridad y la codicia de poder de sus líderes han mantenido a la gente ignorante y relegada, enseñándole que luego del dinero está el origen étnico (hay que ser blanco y bigotón para ser jefe), y luego de ello, de mala gana, está el ser humano, entendido como integrante de una sociedad piramidal y llena de prejuicios. En consecuencia, los cholos van al último y un auto deportivo vale más que una manada de ellos. El ser humano no importa: ¡No sirve para nada! La pregunta es: ¿Hasta qué punto hemos llegado a entendernos como nación, si ni siquiera nos reconocemos (y menos valoramos) históricamente? Un ejemplo es el caso que menciona Juan Paz y Miño en su artículo “¿Cuál es la fecha nacional?”[1]
  • Por otro lado está la estrechez de visión de la serranía, que se circunscribe estrictamente a su entorno inmediato, mirando a lo sumo, como gran cosa, al país en su conjunto. Me refiero a que no existe una cosmovisión ni en los políticos, ¡ni en nadie! Los pocos que miran el conjunto universal de la humanidad desde la perspectiva económica (de negocios o como modo productivo), cultural o de cualquier otro tipo, son tildados de engreídos, igual que aquellos que tienen la suficiente autoestima para producir y lograr productos intelectuales de cualquier tipo. El viejo chiste de la olla de cangrejos: nadie puede salirse de este purgatorio, porque si lo intentan le jalan de vuelta hacia abajo. La pregunta es: ¿Hasta cuándo abrimos los ojos de la inteligencia y nos dejamos de prejuicios y envidias negras?

No depende de movimientos ni de partidos ni de revoluciones: somos nosotros. Es nuestra actitud. Cualquier revolución se irá al traste si no ponemos el alma en ella, y dejamos el egoísmo primitivo.

Todo lo anterior es elemento de juicio suficiente para diagnosticar una revolución que nunca lo fue. Pero sirve además para temblar ante el mediato futuro, considerando la desilusión, por enésima vez, de un pueblo que soñó con un cambio, que necesitaba de ejemplos para dejar la indiferencia, la tradicional apatía, para convertirse en un actor más de la revolución, por su patria, por su familia, por sus hijos e hijas, por su propia liberación. La lucha debe continuar.

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[1] ¿Cuál es la Fecha Nacional? de Juan Paz y Miño


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. VI

abril 5, 2009

El cinismo es viral, por así decirlo. Es una suerte de fiebre que se pilla con suma facilidad, como la gripe o el VIH.
Un sábado, mientras las aguas empezaron a calmarse en el Secretariado de Conocoto (del cual yo no era miembro porque no llevé ‘barra’ el día de la “asamblea” para hacerme nombrar) asistí en calidad de invitado. Era evidente la cara de satisfacción de casi todos, porque las carpetas para pre-candidaturas se habían ya entregado a la Provincial y se dio a conocer que las candidaturas para miembros de Juntas Parroquiales serían manejadas exclusivamente por los secretariados de cada parroquia. Con la sartén por el mango, la lucha se reducía a ponerse zancadilla entre ellos, en su lucha por apartar a los candidatos con mejores posibilidades, pero eso se haría a su momento y por lo pronto era políticamente correcto mostrarse modositos y razonables.
En esas circunstancias de aparente calma y armonía, mencioné que desde la Dirección Provincial se habían impuesto a nuestra Parroquia las candidatas para la Concejalía Rural, sin consultar a las “bases”, sin tomar en cuenta que Conocoto, con alrededor de 50 mil habitantes [1], tenía el derecho y el deber de elegir la persona que crea más conveniente, que represente un proyecto político, además de los planes y proyectos de los distintos barrios y por supuesto, de miembros y simpatizantes. Que por último, teníamos la suficiente población para nombrar nuestro candidato por derecho propio, sin vernos supeditados al capricho de quién sabe qué intereses, que querían imponernos como candidata a la compañera Verónica S., vecina de una de las parroquias más pequeñas del Valle de los Chillos, porque así ocurría efectivamente.
La estupefacción que causaron mis palabras fue sorprendente. Amílcar mencionó abiertamente que ignoraba que nosotros pudiéramos elegir “esa clase de candidatos/as” (refiriéndose a la candidatura a concejal), como evidente muestra de una actitud mental acomodada perfectamente al sistema político corrupto y partidócrata de siempre, propio de alguien que estuvo totalmente alejado de los procesos de reflexión y políticas horizontales, de decisiones meditadas en consenso, que habíamos mantenido hasta su llegada, con el resto de advenedizos.
La perplejidad de todos los asistentes por poco me arranca una sarcástica carcajada: Un mes de feroz lucha por meterse (por la ventana) como candidatos a la Junta y ahora resultaba que hubieran podido empezar por un cargo mucho más ‘jugoso’.
Debo reconocer que estuve esperando ese momento con auténtico deleite, pues estuve esperando a que acaben de pelear por la Junta para entrar en la lid.
El Presidente del Comité Pro Mejoras de uno de los barrios más populosos de Conocoto (y miembro del Secretariado) se puso en pie y mencionó mi nombre como candidato para la Concejalía Rural.
La rabia de uno de los candidatos a la Junta (de apellido Albán) no pudo esperar más y empezó a despotricar en mi contra, hasta que alguien le hizo callar y yo mencioné que sentía mucho que adoptara una actitud así, sobre todo porque sentía respeto y hasta cierta simpatía por él, pues ya habíamos compartido otros espacios políticos. Incluso sugerí que se postulara a la concejalía, que para mí sería un honor terciar con él. La desolación era general y nadie sabía qué hacer para sacarme de en medio y ponerse en mi lugar. Finalmente Amílcar anunció que había hablado con el Director Provincial y que este le había asegurado que esos candidatos ya habían sido designados (es decir los nombres vinieron “de arriba”, o sea de la Provincial), así que no entendía la razón de esta discusión, y mucho más viniendo de alguien que ni siquiera era “miembro” del Secretariado.
¡Podía haberse visto semejante descaro!
Pero la codicia despertó en los asistentes y exigieron que se aclare ese puntito, ante mis continuas arengas sobre los derechos que nos asistían, dentro del proceso de la Revolución Ciudadana, que debía empezar por casa. Varios asistentes apoyaron mi opinión y hasta aparecieron más pre-candidatos a la concejalía, como no podía ser de otra manera. Albán era lívido de rabia e indecisión, porque estaba frente a una encrucijada, entre la Junta Parroquial y la concejalía (esta última demasiado incierta sin duda).
Ante la duda, pedí que el Secretariado se reuniera a la tarde siguiente para resolver el tema y a regañadientes se aceptó la moción.
Al día siguiente, lección bien aprendida, fui acompañado de un buen número de representantes barriales, para encontrarme con la novedad de que la reunión NO HABÍA SIDO CONVOCADA, pese a que Pablo B. se comprometió y me dio su palabra de que lo haría y entiendo que constó en actas la resolución (aunque nunca se sabe con gente tan taimada), pues el tema se debatió por más de una hora. Ni siquiera mi amiga Martha P. asistió, al igual que Pablo, que afirmaron, la una estar trabajando en algún operativo policial y el otro un fuerte resfrío. Del resto, sólo los avivatos que se postularon la tarde anterior estuvieron presentes. La clave de todo esto y la razón que me hizo insistir en mis afirmaciones, fue la sugerencia de Germán Espinoza sobre los términos del Reglamente Interno del Movimiento, junto con el apoyo de varios dirigentes barriales, que no dudaron en respaldar mi candidatura.
Varios días más tarde se reunieron en secreto (se convocaron telefónicamente entre los advenedizos) para sacarme de en medio y procurar quedar bien con los jefazos de la Provincial. Ante eso opté por juntar firmas de apoyo de los miembros del secretariado de la parroquia para consolidar mi candidatura. Esa fue la hora de la verdad, el momento de saber con quién realmente podía contar.
El trabajo para la candidatura a miembro de la Junta Parroquial de Martha P. implicaba tiempo y esfuerzos, pero lo hacía de buena gana en consideración al afecto que sentía por ella. Por ello fue realmente doloroso acercarme a su oficina el lunes por la mañana y recibir su negativa de suscribir la lista de apoyo a mi candidatura, afirmando que le habían recomendado no “meterse en nada” para evitar arriesgar su empleo como funcionaria del Ministerio de Gobierno. Fue allí cuando entendí que tanto ella como Pablo B. SIEMPRE tuvieron mayor control que el que aparentaban, sobre el curso de los acontecimientos en el secretariado. No existe entre dos personas acto tan canalla como la traición y el disimulo, porque rompen de cuajo algo muy valioso y delicado como la amistad.

[1] Esa es la población registrada, según el último Censo Poblacional, en 2001, aunque se estima que a la fecha la población es mucho mayor, llegando a 70 mil a la fecha (2009).


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. V

marzo 22, 2009

IV. Una “torpe” decisión: La candidatura a concejal.

Pero, ¿por qué era tan importante pertenecer a la Dirección Provincial? Me preguntaba ingenuamente, lo juro. Sólo en cuanto los hechos se consumaron logré entender las razones. Lo que noté de inmediato es que aquello era un círculo cerrado, que nadie estaba dispuesto a dejar entrar a nadie más, y menos a abandonar su posición. Las caras eran hoscas y la mayoría de ellos mantenía una actitud poco comunicativa. Ni hablar de los aires de superioridad de algunos y algunas, gente con problemas de personalidad. Estos últimos eran personas que ya estaba trabajando para el gobierno en cualquier dependencia del Estado.

Lo que en realidad me indignó fue el notar en esta gente un egoísmo tan profundo, tan primitivo y deleznable, que ni siquiera miraban a su alrededor (o si lo hacían les tenía muy sin cuidado) para contemplar la desdichada situación de desempleo de determinados compañeros, para compadecerse de ellos y alegrarse de su propia fortuna, sino que se aprovechaban de su transitoria posición de emplead@s gubernamentales para asumir y mostrar a los demás en su actitud, que eran “mejores” que el resto, que tenían control sobre algo y que debían ser tratados con mucho miramiento. Y aún se llenan la boca con la palabra ‘compañerito’, siempre a flor de labios. ¡Vaya compañerismo! A esa fauna llamo los pavorreales del M. País: mucho ruido y poco duende. ¡Vaya miembros de una revolución!

***

bonil022209_620_493Estando indeciso sobre la verdadera situación en la que me encontraba en la comisión de Capacitación Política para Líderes Sociales, decidí hablar con el coordinador del área de Capacitación Política de la Dirección Provincial (no recuerdo su nombre) sobre nuestros planes, por conocer su actitud, sobre todo porque se me había metido en la cabeza que la idea de Germán Espinoza de crear esta nueva comisión, no era tan inocente que digamos, y sus propósitos eran múltiples. Ignoro cuáles hayan sido sus objetivos personales, pero en cuanto a las consecuencias políticas internas, podía percibirse el afán de construir una nueva tendencia digamos progresista al interior del Movimiento, que reordenara el tablero puertas adentro, agrupando a las bases en torno a un proyecto político incluyente, que luego presionara para que la revolución empiece por casa, como dije antes.

El coordinador se manifestó sorprendido, y al ofrecerle mi ayuda para trabajar conjuntamente, argumentó que este asunto debían tratarlo en la Dirección Provincial, que ya existía un plan establecido e incluso un manual de capacitación. Ante tal respuesta le pedí que me invite a la reunión en que traten el tema, para exponer nuestros puntos de vista y compartir nuestros planes. Ni siquiera respondió. Simplemente se alejó sin decir palabra. Con ese antecedente, estuve atento a la convocatoria de la siguiente reunión, a la que asistí por desentrañar de una vez por todas, la razón de la existencia de la Comisión que había conformado con nosotros Germán, además de adentrarme en los entresijos del famoso Secretariado Provincial.

Luego las cosas fueron de brinco en brinco hasta que finalmente renuncié a la dichosa comisión de capacitación política, al percatarme de que estaba en mitad de una guerra de facciones y de que nada creativo iba a desprenderse de esa situación, considerando además que sólo estaba creándome antipatías y rencores gratuitos.

Pocas semanas después me enteré de que Germán Espinoza había sido removido y en su lugar colocaron a Wilson Flores como nuevo Director Provincial. A Flores lo conocí durante una “asamblea” que se realizó en Conocoto, convocada por Pablo B., quien fungía como coordinador del Secretariado de Conocoto hasta entonces y con quien había trabajado durante más de un año, como expliqué en el capítulo anterior. Su nombre lo pongo específicamente por razones de fluidez del relato, porque su importancia en el contexto general es simplemente la de una persona que obedece órdenes que vienen de un nivel superior, pero que en el contexto pareciera tener un rol protagónico que en realidad nunca tuvo, aunque en esas circunstancias lo ignoraba por completo, pues pensé que actuaba por cuenta propia. La amiga que he referido (la que quería terciar para la Junta Parroquial), a la que llamaré Martha P., es el otro personaje del contexto de Conocoto. Finalmente, para completar el elenco, mencionaré a dos personas más, la última de ellas clave para que las cosas terminaran del modo en que terminaron: Verónica S. y Sara Nolasco. A todas las personas de importancia secundaria en el relato, las mencionaré en adelante únicamente por su nombre de pila y una inicial que podría o no corresponder a su apellido verdadero. El resto simplemente, o se metieron por la ventana o no viene al caso mencionarlos.

A Sara la conocí en la misma reunión informativa realizada en el Jaques-Dalcroze en la que conocí a Germán Espinoza. Me pareció una persona agradable y experimentada. Ella me invitó a un taller de liderazgo que finalmente no se realizó o se arrepintió de haberme invitado. Hasta allí el trato que tuve con ella. Pero volvamos al tema de la capacitación política previa a la campaña en Conocoto.

***

Allí, concretamente en la escuela Abelardo Flores, se efectuó algunas semanas más tarde el segundo taller de capacitación política, dentro de una serie de al menos 5 que planifiqué realizar con el objetivo, como quedó ya mencionado, de enrolar a nuevos miembros al proceso de la Revolución Ciudadana, además de articular una red de simpatizantes de la candidatura de Martha, la amiga que tenía interés en participar como precandidata a miembro de la Junta Parroquial.

En realidad el segundo taller tuvo mucha menos acogida que el primero, por lo que asumí que fallé en el temario o la exposición, y en consecuencia trabajé más en ambas cosas, motivando siempre la participación de los asistentes y trabajando en pro de su autoestima. El proceso se veía prometedor y empezó a despertar celos en algunos miembros del Secretariado de Conocoto, en especial, ¡cómo no!, en aquellos que se metieron por la ventana y que ahora estaban casi todos, de precandidatos a miembros de la Junta Parroquial. Uno de ellos, llamado Amílcar, al que se nombró coordinador en la ‘asamblea’ más que polémica en la que conocí a Wilson Flores, era el único que no entró al arena electoral, entiendo que por voluntad personal, aunque más bien daba la impresión del afán por crear en su persona a un interlocutor “imparcial” para las inevitables confrontaciones políticas que se vivían durante cada reunión en esas semanas, asunto que no logró del todo, por las circunstancias en que entraron las últimas personas, incluido él, a quien no conocía de antes ni lo había visto en alguna reunión previa.

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Marcha en homenaje al Día del Trabajo. Fuente: rafaelcorrea.com

Lo que molestaba a los que estuvimos desde el principio fue el ver que esas personas trajeron barras propias para hacerse nombrar miembros del secretariado, y a muchos ni siquiera tenía el gusto de conocer, ¡luego de más de dos años de iniciado el secretariado de Conocoto! Es por eso que me resisto a afirmar que aquello fue una verdadera Asamblea.

Todo esto empezó a despertar en mí cierto cinismo que al principio asumí como respuesta a la manera descarada en que se metió en tropel la gente al secretariado de Conocoto, en cuanto se enteraron de que iniciaríamos el proceso de las primarias (alrededor de diez personas, y todos querían ser candidatos a la Junta, excepto el mencionado Amílcar).

Sentía asco y frustración al constatar que efectivamente, tal como en los tiempos de la partidocracia, que ilusamente creí cosa del pasado, volvía a ocurrir en mis propias narices la misma historia. Puse el grito en el cielo ante Pablo B. El tipo parecía no salir de la estupefacción y decía que iba a hacer todo lo posible por poner las cosas en orden, pero que la culpa fue de Wilson Flores, que facilitó el caos y que la gente hiciera lo que le vino en gana en la ‘asamblea’. Luego hablé con Martha P. y ella, echando lumbre por los ojos, culpaba a Pablo de haberse dejado mangonear como guagua por Flores, en lugar de ponerlo en su sitio y dirigir él la asamblea. Como testigo de cargo, debo manifestar que efectivamente ocurrió así, aunque ahora no estoy seguro si fue debilidad o acto premeditado. Pero de lo que sí estoy seguro es de que el cinismo, mi propio cinismo, empezó a convertirse sutilmente en un componente infaltable de mi diario trajinar.

La candidatura.

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Cesar Cabrera (presidente CONFEUNASSC) y Carmen Lozano (dirigenta ECUARUNARI). Fuente: Indymedia

En mitad de esa tolvanera, recibí invitación de un amigo, ejecutivo del Seguro Social Campesino, para reunirnos y conversar sobre política. Con Jorge nos conocimos por Rodrigo Collahuazo, dirigente de la Confederación Nacional del Seguro Social Campesino, CONFEUNASSC, organización social con la que tiempo atrás estuvimos trabajando en un proyecto de Comercio Justo. Precisamente, Jorge encajó como anillo al dedo en ese proyecto, pues era presidente de un barrio populoso del sur de Quito y mi propuesta era enlazar a un grupo de pequeños y medianos productores, con un colectivo de consumidores de Quito. Llevábamos algún trabajo realizado en ese sentido, incluido un estudio sobre hábitos y necesidades de consumo, gracias a su gestión y a la ayuda de un compañero de trabajo suyo. Por mi parte había conseguido adelantar que el Municipio de Quito ofreciera el Mercado del barrio para ejecutar allí el proyecto. En realidad la razón de que se detuviese un proyecto tan ambicioso estuvo en la distinta visión existente, sobre la comercialización, entre el cabildo y quienes formamos aún parte de ese proyecto, pues esencialmente consiste en que el propio barrio se convierte en accionista del mercado (supermercado), a través de cada uno de sus vecinos, mientras que el Municipio proponía algo más bien folklórico y sin una salida que ofreciera opciones de sustento para un barrio en el que viven 1500 familias.

En la reunión que sostuvimos, él me manifestó su sorpresa por el hecho de que no estuviera de candidato a concejal, pues tal posibilidad sería clave para la consecución de nuestro proyecto. Incluso mencionó que muchos de los vecinos del barrio apoyaban tal idea y que el resto lo haría sin duda. Fue así como acepté entrar en una contienda que me llevó a conocerme aún más, a conocer la naturaleza humana a calzón quitado, y a observar finalmente la historia del Ecuador profundo al que se refieren algunos políticos, pero esta vez no miré la pobreza material de nosotros, de nuestra gente. Pude ver la miseria interior: la mía y la de mis paisanos.


Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. III

marzo 4, 2009

II. La práctica política: Conocoto y la Provincial.

Fue así como me uní al Movimiento País. Sin padrinos ni ceremonias ostentosas con las que algunas personas suelen presentarse en sociedad (supongo que quieren reforzar la imagen de ganadores y líderes de alto nivel). Quizás (debo reconocerlo) siempre tuve metida en la cabeza la idea de recoger material para construir este relato, aunque siempre me atrajo, caray, el afán de luchar por una causa justa.

Con las expectativas con las que uno llega a su primer día de clases en la Universidad.

Empecé por hacer militancia dentro de mi parroquia y me puse en contacto con el Coordinador que alguien había designado para Conocoto. Previamente me había enviado por correo electrónico una invitación a participar. Mi “e-mail” lo obtuvo de la lista de un par de reuniones del Movimiento País a las que asistí durante la segunda jornada electoral, mientras terciaban para la presidencia de la república los entonces candidatos Correa y Noboa. Luego de algún episodio que aún no comprendo del todo ni viene al caso, el coordinador anterior fue sustituido. Me permito hacer una corta digresión al respecto.

Participaba entonces este servidor en la Asamblea de Conocoto, organización popular integrante de las Asambleas Territoriales. El contacto político con M. País lo establecí en ese espacio. Aunque hay muchos detalles interesantes sobre esta asamblea y los intereses creados, los omitiré, considerando que son irrelevantes respecto a esta crónica. Baste mencionar que estimo ese foro como mi verdadera escuela política, pues era un escenario pequeño, una suerte de laboratorio en el que participaban personajes venidos de diversos partidos políticos, unidos muchos de ellos por lazos de parentesco, amistad o vecindad de muchos años, con heterogéneo nivel de experiencia política, cada uno con su estilo particular y sus intereses concretos. Yo era sin duda un advenedizo para ellos, según su marco lógico, pero el grave problema era que los tiempos no estaban para vivir en el siglo dieciséis. Allí es donde conocí los métodos más usuales del político tradicional en un nivel de la sociedad donde DEBERÍA empezar la Revolución: el barrio y la parroquia, pero las relaciones sociales de la comunidad están muy alejadas de tal supuesto. Allí impera el cacicazgo como instrumento usual de asidero del poder; el caos y la búsqueda del interés personal son la regla por todos conocida y practicada. La única organización visible (y más o menos respetada, según la comunidad que se mire) es la deportiva, que mira con desprecio y desdén cualquier forma de organización política. Lo usual: Los vecinos se critican y hasta odian en secreto mutuamente. El desarrollo urbano sólo ha conseguido, en complicidad con la intolerancia (producto del negacionismo del origen racial que aún no asimila la sociedad Latinoamericana, especialmente en las esferas más humildes) y los medios de comunicación que apelan al miedo como otra herramienta de venta de información; todo esto, como decía, sólo ha conseguido erosionar, en general, toda relación social que no sea productiva, desde el punto de vista del capitalismo. Los colonizadores del actual Estados Unidos siempre tuvieron la ventaja de que al menos se consideraban colonos entre sí (con las sutiles diferencias del caso), pero ante todo, el tema de su origen no implicaba el más mínimo inconveniente, asunto que les permitió concentrarse en la prosperidad material, mientras que al sur las cosas eran dolorosamente distintas.

El caso es que un manojo de personas emprendimos varios proyectos para llevar a la práctica la Revolución Ciudadana, incorporando además programas de gobierno, como el de vivienda del MIDUVI. Propuse ejecutar uno de comercio justo, similar a otro que había creado yo entre los consumidores del barrio “El Calzado” y productores de varias comunidades de Cayambe, y aunque el proyecto se encontraba aún en estudio, el entusiasmo y la expectativa de la gente eran grandes, pues la finalidad es evitar la intermediación, reducir el costo de los productos y establecer nexos culturales con las comunidades.

Enlazamos entonces, para el caso específico de nuestra parroquia, a un colectivo de productores de Amaguaña, con consumidores de la zona urbana de Conocoto. Todo iba sobre rieles, vaya, con altibajos, debo reconocerlo (asuntos de convivencia política con antiguos camaradas de las Asambleas, que se unieron al Movimiento País al entender que debían posicionarse ante la proximidad de las elecciones seccionales y con los que no era fácil trabajar en equipo), hasta que llegó el momento de organizar las elecciones. La falta de tolerancia política (mía y de la gente de la Asamblea), causó que un proyecto tan ambicioso como el de Comercio Justo en la Parroquia, no pudiera alcanzar el éxito que merecía, y que requiere urgentemente el país, ante el incierto (y a veces siniestro) porvenir de la Economía Global de nuestros tiempos.

Yo siempre pensé que los relatos desagradables de gente que se “metía por la ventana” al llegar estas épocas, considerando el trabajo más o menos efectivo que veníamos realizando, eran cosa del pasado: taras de la partidocracia. En cada una de las reuniones podía verse el interés por sacar proyectos adelante, aunque con el recelo y el celo inmanentes, usuales entre las dos facciones que se crearon: el grupo de la Asamblea, y los que estuvimos al principio.

Sólo en cuanto la gente se metió literalmente por la ventana, pude comprender lo que realmente ocurría: La traición empezaba dentro de casa. Aquellos a quienes consideraba pares y con los que había luchado por una causa cierta, resulta que en realidad me miraban con el mismo recelo que nuestros antagonistas internos. Pero lo peor era que SIEMPRE tuvieron una bitácora secreta, que emergería en cuanto las elecciones seccionales llegaran a un punto determinado, y yo ignoraba este hecho en esos momentos.

En una ocasión pude asistir, en remplazo del coordinador, a un taller que organizaba el Secretariado Provincial con el fin de explicar la nueva estructura del Movimiento. El evento se realizó en el colegio Emilio Jaques-Dalcroze, ubicado en el Valle de los Chillos, no muy lejos de mi barrio. Fue allí donde en realidad me integré al MP (Movimiento País), porque lo anterior fueron acciones en un pequeño escenario, una partida de ajedrez por diversión. Un proyecto personal embrionario, podría decirse.

El ambiente era muy parecido al de las Asambleas Territoriales y se manejaban muchos códigos implícitos de allí, tanto en el discurso como en la metodología de trabajo: horizontalidad hasta cierto punto, aunque percibí por primera vez aquél deleznable tufillo fanático de la idolatría al líder, asunto que me pareció, pobre ingenuo de mí, algo que iría cambiando hasta desaparecer, porque la revolución y la sensatez se impondrían. Lo que no sabía entonces, era que tal actitud era permanente en todos los partidos políticos, y que aquello no era sino lo que podría llamar síndrome del populismo, es decir la irracional y adulona actitud de la gente llana por su inalcanzable, celestial líder, con la finalidad de merecer posteriores favores. Algo como la religión, pero con homínidos, y una posibilidad más cierta de hablar personalmente en algún momento, con el diosito de turno, o su santo delegado.

Luego de que se nos informó sobre los detalles de la nueva estructura, cuestioné los métodos de elección,asambleas-de-alianza-pais considerando que a nivel oficial se hablaba de cambios profundos, y que en la vida real se mantenían las viejas prácticas de la partidocracia. Se argumentó que la designación “a dedo”, se realizaba sólo por esta ocasión, considerando que apenas estábamos empezando. Yo pensaba para mi coleto, que la mejor oportunidad de empezar realmente bien un procedimiento de tanta envergadura, era precisamente organizar un proceso absolutamente claro, con elecciones democráticas al interior del movimiento, de tal manera que a la opinión pública llegaran noticias de que el cambio empezaba por casa, y lo mencioné. Aunque hubo mucha acogida a mis palabras, pude captar inmediatamente muchas suspicacias entre los asistentes (alrededor de 50 o 60 personas, todos líderes supuestamente) y si bien una cantidad importante de los asistentes apoyó mi posición, muchos líderes cuestionaron los argumentos expuestos, bajo la consideración de que el criterio de los líderes del Secretariado Nacional era inobjetable. Nunca supieron responder bajo qué argumento y muchos empezaron a enojarse. Sólo ahora puedo ver en todo ello una primera advertencia de lo que en realidad se venía cociendo para el proceso de primarias…


Tradiciones de mi país: Los “Tiesos” de Conocoto

enero 29, 2009

foto1En nuestro idioma vernáculo, se conoció desde antes de la conquista española un pequeño poblado llamado Kunun Kutuk (de acuerdo a la gramática kichwa actual), que significa algo parecido a “zona templada” o de carácter benigno (literalmente “sitio abrigado”). El lugar estaba ubicado en el valle sur oriental (conocido en la actualidad como “Valle de los Chillos”), aledaño a Kitu. Luego de la llegada de los españoles, en el año 1560, era ya un caserío de tamaño considerable, como lo demuestra un documento que lo menciona como un caserío adoctrinado. En 1725 (165 años más tarde) es declarado parroquia eclesiástica, con el nombre de San Pedro de Conocoto, y como puede notarse, conservó parcialmente su nombre original, ajustándolo, eso sí, al genio de la lengua castellana.

Aquello de “Tiesos” viene de la práctica deportiva en la parroquia y se relaciona con un partido de voleibol especialmente dramático en el que Conocoto llevaba la peor parte ante un rival de otra parroquia. En esas circunstancias, uno de los parroquianos, comediante y considerado en su comunidad como persona muy ingeniosa, exclama con voz estentórea y emocionada:

“¡Párate duro, Conocoto Tieso, el partido es tuyo,

Vamos tiesos, vamos a ganar!”

Aunque no se conoce el resultado final del partido, si se sabe que la frase caló hondo en el corazón de los nativos de Conocoto, que en adelante acompañaron el “tieso” a sus barras deportivas, y finalmente a toda persona, hijo o hija de su patria chica, que de una u otra manera demostrara valor y gallardía en su comportamiento. Es así como el 20 de abril de 2005, por ejemplo, el movimiento apodado “forajido” por el ex presidente Lucio Gutiérrez, tuvo su capítulo en la población, llamado el grupo de los “forajidos tiesos” de Conocoto.


hospjulioendara1953

Vista del Hospital Julio Endara, ubicado en la parroquia de Conocoto. La foto es del año 1953 y pertenece al archivo del hospital.

Ref. bibliográfica: http://www.conocototieso.com/web/hiscontex.html

Luis Alberto Mendieta


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